Escribir el mundo con luces y sombras

El fotógrafo brasileño Sebastião Salgado es captado por la cámara del cineasta alemán Wim Wenders y, al mismo tiempo, Salgado fotografía a Wenders. Ese ir y venir de miradas me parece uno de los momentos más simples pero poderosos de La sal de la tierra, documental sobre los 40 años de trabajo de Salgado, realizado por Wenders y por Juliano Ribeiro Salgado, hijo del artista. Premiado en Cannes, abarca desde su temprana juventud como economista y su primer proyecto fotográfico, Otras Américas (1977), hasta el más reciente: Génesis (2004-2014).
De una increíble belleza visual, la película se arma con fotos y más fotos, además de escenas testimoniales del trabajo de campo detrás de muchas, entre ellas las que ilustran esta entrada. El argumento es sencillo: el artista habla a la cámara mientras va narrando los distintos momentos de su obra y las emociones que lo han acompañado a través de años de viajar por todo el mundo. Por un lado revela lo contagioso que es el odio, el animal feroz que es el ser humano y la conclusión inescapable «Nadie merece vivir», mientras por otro es una celebración de la belleza del planeta, en cuyo fondo se oye la voz del artista que dice: «Soy tan parte de la naturaleza como el oso o el árbol caído». Así, en blanco y negro (tanto literal como metafóricamente hablando) La sal de la tierra toca mente y emociones sin dar concesión. Fui con mi adolescenta a ver el documental y me emocionó que saliera tan tocada por el poder de la imagen, tanto, que quiere empezar a tomar fotos «en serio». Y es que el hecho de que alguien sea capaz de escribir el mundo con luces y sombras, como Salgado define el trabajo del fotógrafo, me parece brutalmente hermoso.
Da click aquí para ver dos tráilers del documental:
#LunesDeMonos Humor para mamás trabajadoras

Día de confesiones: soy profesionista y mamá de una adolescenta, tengo un trabajo de bastante responsabilidad que me permite mantenernos y sí, también cargo una buena dosis de culpa. No sé si sea un chip integrado con el género, pero para este #LunesDeMonos propongo este retrato mío, hecho por la argentina Maitena. Lo traigo a cuento porque saldré de viaje y lo primero que metí a la maleta fue mi ración culpígena. Para leer el cartón como se debe, escoge el renglón que te corresponda:
Si eres mamá que trabaja y te flagelas con frecuencia: Bienvenida al club. Dicen que reírse de una misma hace bien. Todas aquí esperamos que sea cierto, porque de otro modo este echarle sal a la herida sería puritito masoquismo.
Si eres papá y no entiendes de qué trata el cartón: Déjalo pasar. Es una sutileza terrible que nos enseñan a muchas cuando recibimos nuestra primera muñeca: «Para amar a tus hijos debes sacrificarte o pagar con sangre. ¿Qué es eso de querer realizarte profesionalmente si eres mamá que mantiene a sus hijos? Eso se llama e-go-ís-mo».
Si eres el entrevistador: Procura hacer preguntas que nos nos evidencien tanto. Gracias de antemano.
#SábadoDeMúsica La canción que quiero en mi velorio

Hoy hay derroche de buenas noticias: es sábado y ayer fue día libre, así que nadie nos quita el fin de semana de tres días. Sin renunciar al tono festivo, la playlist colectiva de hoy gira en torno a la pregunta: ¿qué canción querrías que sonara en tu funeral? Mi opción es That’s Life, del señor Frank Sinatra, con eso de «he sido una marioneta, un mendigo, un pirata, un poeta, un peón y un rey» como resumen de vida y, sobre todo, con la intención de decidir en qué mes de julio me despido del show.
Aquí abajo, las propuestas de los miembros de la comunidad del blog, llegadas a través de Twitter (@danioska). Como es ya costumbre, hay de todo pero impera el buen humor. Qué mejor manera de cerrar el telón. Si no lo has hecho, añade la tuya.
Da click en el enlace para ver el video (subtítulos en español, por si ocupas):
- @valevilla Time Of Your Life, de Green Day
- @adrianodelucio Puño de tierra, de Antonio Aguilar (versión de Eugenia León)
- @rafacarballo Getting Better, de The Beatles
- @gerryyeah Jumpin Jack Flash, de Rolling Stones (ojo: ¡la presenta John Lennon en lenguaje de signos!)
- @antonioliho Mi playa, de Ely Guerra
- @cherrera313 Dios nunca muere, de Macedonio Alcalá, con la Orquesta Sinfónica de Minería
- @arr1910 Who Wants To Live Forever, de Queen
- @JORGE_ARMANDO89 Another Brick In The Wall, de Pink Floyd (con imágenes de la película)
- @Olga_laDescalza Dios nunca muere, de Susana Harp
- @luismdelint Still The Same, de Bob Seger
- @elpazuzu Down In A Hole, de Alice in Chains
- @_EduardoMoreno Tristán e Iseo, de Wagner
- @bartije No es serio este cementerio, de Mecano
- @daniacsant Nightingale, de Demi Lovato
- @teresitaradiol y @josdamet El andariego, de Álvaro Carrillo, con Chamín Correa y los Tres Caballeros
- @Ric1112 Monólogo, de Silvio Rodríguez
- @arantzaCO Heart Of Glass, de Blondie
- @sinsinsinuhe Sé lo que vendrá, de Fey
- @ulisesrodriguez Dead Man Walking, de David Bowie
- @Askander First Of The Gang To Die, de Morrisey
- @yosyoelsantino Yo soy el cantante, de Héctor Lavoe
- @hllerena Suite #3 para Cello, de Bach (Preludio)
- @jectorito Save Me, de Libera
- @daliaperk Shine on You, de Pink Floyd
- @danywino Segundo movimiento de la Séptima Sinfonía, de Beethoven
- Borgeano Feeling Good, de Nina Simone
- @SamOcampoB Gracias a la vida, de Violeta Parra
- @lurda55 Dance Me To The End Of Love, de Leonard Cohen
- @ceronne What A Wonderful World, de Louis Armstrong
- Allidu Where Is My Mind, de los Pixies
- JavierJimenez1986 Vinagrito, de Teresita Fernández
- Viramo Je Ne Regrette Rien, de Edith Piaf
- E. J. Castroviejo Love Buzz, de Nirvana
- Flavio Mi propio cielo, de Nach
- Javier Martínez Staines The End, de Pearl Jam
- Malena Crespo Dos arbolitos, interpretada por Linda Ronstadt
Leer = ser más improductivos
Aquí, un pasaje sustancioso de ese libro que yo quisiera leer en el bendito Día del Trabajo (uno de descanso por un año de productividad) y también en los otros 364. Y es que dice cosas necesarias en estos tiempos de exceso de chamba, de estrés y prisa perpetua, de urgencia de ocio y lectura pausada:
«Hay una angustia de la velocidad que consiste en la renuncia radical a la vida, el olvido del ser. Si bajo la estructura de la jornada de trabajo el tiempo ya no nos pertenece sino que le pertenecemos a él, cuánto peor si esa jornada se prolonga indefinidamente y nos sigue a todas partes con trabajo que se lleva a casa, balances que se resuelven durante el viaje en avión, llamadas que no cesan a la hora de la comida. La angustia de la velocidad es sacrificio del tiempo propio (el tiempo del sueño y la conversación, del amor y el cuerpo, de la contemplación y de todo lo que sirve al placer de la gente libre), por tiempo ganado (el tiempo de los negocios) […] La literatura puede ser ese vehículo silencioso y lento que recorre las avenidas de la noche a contracorriente, un vehículo excéntrico y remiso donde la gente se desplaza en dirección opuesta a los flujos financieros».
-Vivian Abenshusan, Escritos para desocupados (Sur+), pp. 61 y 69.
Ésa es otra de las razones porque las que amo los libros: porque son una manifestación deliciosa de mi tiempo propio, felizmente improductivo.
Historia de sex tape
Esta vez traigo a la mesa un texto mío que parece prosa pero que por mi deformación más bien concibo como un poema. En todo caso es una historia que me divierte y que espero disfrutes tú, lector de este blog. En fin, aquí está:
ven, Ana, ponte así, Ana, abre las piernas, Ana, mira a la cámara, Ana, tienes que verte caliente, Ana, como todas, Ana, déjate hacer, Ana, alza el culo, Ana, voltea para acá, Ana, qué rica, Ana, ponme las tetas, Ana, muy bien, Ana, cuidado con las uñas, Ana, qué puta me saliste, Ana, qué bárbara, Ana, ¿y si me chupas, Ana?, voltea para arriba, Ana, me encanta verte, Ana, haz como que te gusta, Ana, más suave, Ana, suave, ¿Ana?, cuidado, Ana, que me lastimas, Ana, qué haces, Ana, me duele, Ana, no, Ana, no, Ana, Ana, Ana
Seducción en tres versos
Juguetón y deseante, el poeta colombiano Darío Jaramillo (1947) se hace preguntas y en tres versos pone el dedo en la llaga o, al menos, deja clara su intención de hacerlo. Por eso es el invitado de honor de este #MiércolesDePoesía. Cómo no.
«¿Por qué no tu boca aquí,
por qué no sobre mi piel tu aliento,
por qué no adentro yo de tus abismos?»
-Darío Jaramillo Agudelo, «Cuatro preguntas», Libros de poemas
Un día con la reina del albur (crónica urbana)
Para dominar la esgrima mental y el chingaquedito del doble sentido me inscribí en el Diplomado de Albures Finos con Lourdes Ruiz Baltazar, una tepiteña que asegura que jugar con las palabras afina los reflejos propios para la vida. A ver si es cierto.
1.
Es una cabrona. “Y a mucha honra”, agrega Lourdes. En su puesto del mercado de Tepito, en el que vende ropa de bebé, alburea a los clientes mientras los invita a comprar. “¿Qué talla, mamacita, qué talla?”, grita con voz ronca. La destinataria del mensaje, delgada pero de caderas imposibles, no se da por enterada. “¿Un mameluco para su chiquito?”, pregunta a dos jóvenes espabilados, que se alejan riendo. Es el mediodía de un jueves y los pasillos del mercado son un hervidero. Algunos pasean como por un parque, otros avanzan con prisa eficiente, una pareja se besa sin pudor, tres niños manotean, una anciana arrastra un raquítico carro del mandado.
Los precios son inverosímiles: un trajecito de bebé cuesta 50 pesos, mientras alrededor se ofrecen CD de música a dos pesos y playeras del Barça a 100. Mientras platica conmigo, Lourdes no pierde de vista el negocio. Rápida para contestar, de ojos rasgados, inquietos, se ríe fuerte y fuma dando grandes jaladas al cigarro, como las grandes jaladas que le da al lenguaje. Porque alburear es sexualizar las palabras: estirarlas hasta dejarlas rojas, llevarlas al máximo disfrute, promiscuirlas, embarazarlas de nuevos sentidos. O, como dice ella, ponerles huevos.
2.
Estoy un poco nerviosa. En este salón improvisado de la Galería José María Velasco, en el mero Tepito, está por empezar el Diplomado de Albures Finos del que soy alumna, auspiciado por la Delegación Cuauhtémoc y con el aval del Instituto Nacional de Bellas Artes y Conaculta. No soy precisamente experta en el doble sentido, así que me siento en la tercera fila, para evitar exponerme.
El curso lo imparten Lourdes Ruiz Baltazar, Campeona Nacional de Albures, y Alfonso Hernández Hernández, cronista y director del Centro de Estudios Tepiteños. Son amigos y cómplices de años: en 1997, Alfonso inscribió a Lourdes en el torneo de albures “Trompos contra pirinolas”, en el Museo de la Ciudad de México. “Eran mujeres contra hombres. Se trataba de hablar en doble sentido y te descalificaban si decías groserías, te quedabas callado o te metías autogol”, explica ella.
“Primero, nosotras les ganamos a los hombres. Luego eliminé a las demás competidoras y algunos del público quisieron medirse conmigo. Les gané y competí contra los jueces. Al final quedé como vencedora. De ahí me viene el título de Campeona Nacional”, dice. Pícara, añade: “Yo compito duro. Hoy, si me retan ofrezco tres premios a quien me gane: al tercer lugar le disparo unos ostiones en el centro, al segundo le doy unos raspados de anís y al primero le toca la reata de oro”. Tardo en darme cuenta de que todo lo que me acaba de decir es un albur. No guardo grandes esperanzas sobre mi futuro alburero.
De rasgos fuertes, vestida con delantal con cuadros rosas, el pelo sujeto con ‘bolitas’, Lourdes arranca el diplomado como corresponde: en doble sentido. “Aquí les vamos a dar la introducción del encabezado. Van a salir sobresaltados, pero no sobrecogidos”, dice riendo. Vaya, por fin entiendo algo. Alfonso complementa: “El albur va contra el lenguaje político que no dice nada, contra la mojigatería. No solapa pendejos ni engrandece cabrones”. Lourdes dice tener el vicio de la lectura y luego abunda: “La tecnología nos ha atrasado. Si hace poco los niños debían leer para hacer su tarea, ahora se meten a Internet, copian un resumen y se acabó. Los adultos antes nos aprendíamos los teléfonos de los amigos, pero hoy todo está en el celular. Hemos dejado de usar la cabeza. En cambio, el albur hace trabajar los dos hemisferios del cerebro”. Luego recomiendan material de consulta: el libro Picardía mexicana, de Armando Jiménez, y la canción “La tienda de mi pueblo”, de Chava Flores, con líneas como: “Tuve una tienda en mi pueblo, precioso lugar./ Te vendía de un camote de Puebla a un milagro a San Buto,/ pitos, pistolas pa niños te hacía yo comprar”.
Entre los asistentes al curso, más mujeres que hombres, hay un estudiante de Sociología, gente del barrio, una señora mayor con su hija, una historiadora del arte y una chica harta de no entender el doble sentido de sus colegas: “Me trago todo”, se queja, y Lourdes revira “¡Qué rico!”. También está un chicano que aspira a no quedarse callado cuando sus hermanos, mecánicos, lo agarran de bajada, además de un ama de casa que admite: “Cuando me enfermo, mi marido dice que me va a dar mi té de ramo blanco. Hasta hace poco entendí: ‘Te_derramo_blanco’. ¡Qué cabrón!”. Alguien le pregunta a Lourdes cómo aprendió a alburear. Mientras cruza las manos, largas y delgadas, responde: “Sobre todo escuchando. En mi casa me enseñaron. Por ejemplo, mi abuela nunca se imaginó ver hijas tan grandes, y aunque mi papá ya es grande, todavía me da para el gasto”. En su español de acento gringo, el chicano brinca: “No entendí nada”. Lourdes explica que al cambiar los cortes de las palabras aparece el sentido oculto: “verijas grandes” (verija es el espacio entre los genitales y el muslo) y “mi papaya es grande” (papaya, alusión a la vagina). Es que el albur alude al sexo y a los órganos sexuales con la mayor variedad posible de metáforas y similitudes de sonido. Se trata de buscar semejanzas en todo. Así, el pene es reata, plátano, chile, salchicha, camote, chorizo, el sin–hueso o ‘lo que me sobra’, mientras la vagina es raya, papaya, mamey, sartén (donde se estrellan los huevos) y el ano se convierte en anillo, anís, coliseo, sacapuntas, el quinto o el chico. “Y al que no me crea le juego un volado de su raya contra lo que me sobra”, apunta Alfonso. Nadie se le pone al brinco.
Claro, el albur requiere imaginación y repertorio verbal. Al acabar la clase y mientras camino por Tepito pasa junto a mí un camión destartalado, desde el cual una voz monótona anuncia: “Se compran colchones, tambores, refrigeradores…”. Trato de imaginarme algún albur sobre ese pregón, pero nada se me ocurre.
No tengo remedio.
3.
Al terminar otra sesión del Diplomado entrevisto a Lourdes. Con uñas postizas y precisa al hablar, la Reina del doble y triple sentido de las palabras está acostumbrada a las entrevistas. Precavida, me preparo para lo que venga.
—¿Cómo estás?
—En lo que cabe estoy bien… y en lo que no cabe, cómo duele.
—¿Qué es el albur?
—Es un ajedrez mental donde hombres y mujeres nos ponemos al mismo nivel. Alburear no es de machos ni de nacos, sino el ejercicio de aprender a reutilizar las palabras, a sacarles el jugo, a ponerles genitales. Cualquiera puede decir una grosería, pero no cualquiera es capaz de hacer un albur.
—¿Qué te gusta de alburear?
—Es divertido, un juego. Además involucra agilidad mental, porque apenas terminas de decir algo y ya tienes que ver cómo contestar. Eso sí, entre más complejos tienes, menos reflejos para la vida.
—¿Te los aprendes de memoria o los improvisas?
—No me gustan los ya hechos, prefiero los que inventas en el momento. Por ejemplo, si me preguntas sobre mis lugares preferidos de la República, te digo que mi estado favorito es Puebla, famoso por su mole, su camote y sus mascadas. Ahora te venden el dulce en barras y hasta en cajones. De Zacatecas me gusta su leche, es riquísima. ¿Y de Oaxaca? Sus memelas.
—Según Sergio Corona, las tres reglas del oficio son no explicar nada, no decir groserías y no “cometer suicidio”. ¿Falta alguna?
—Corona es un maestro del albur fino. Estoy de acuerdo en evitar las groserías y el autogol, y también es básico no quedarte callado. En lo que no estoy de acuerdo es que no se expliquen los albures. Yo lo hago, porque sólo así se aprende.
—¿Qué puede uno hacer cuando no entendió?
—Reírse y disfrutarlo. Luego, preguntar: “¿qué me dijiste?”.
—Esto es como el lenguaje de los políticos porque ambos requieren explicación, como cuando el vocero de Vicente Fox traducía: “Lo que el presidente quiso decir es…”.
—Ninguna de las dos jergas se entiende fácil, pero el albur es divertido y el habla de los políticos no, y menos cuando pagas impuestos. Los políticos te cogen de verdad y ni un besito te dan.
—Dices que el albur es el sismógrafo de la experiencia sexual. ¿La tuya es amplia?
—Claro, ¿la tuya no? Aquí te la ampliamos…
Me acaba de coger y apenas me doy cuenta.
4.
Aunque nació y creció en Tepito, el barrio macabrón, siendo niña ya tenía ganas de mundo: de grande quería ir a Europa, tener un hijo y una casa con jardín. Actualmente, conoce Europa y tiene una casa sin jardín, “pero tengo un chingo de pasto allá afuera”. Además hace las veces de mamá de Valentina, una adolescente que en realidad es su sobrina, hija de su hermana que murió en un accidente. “En Tepito, las mujeres nos chingamos para sacar adelante a nuestros hijos. Si te va bien el papá da dinero, pero la que educa y forma a los hijos es la mamá. Se dice que detrás de un gran hombre hay una gran mujer y es verdad: atrás, adelante, arriba, donde se acomoden”.
Con su boca grande se ríe de todo y parece comerse el mundo, pero las cicatrices que carga no son poca cosa. De chica era traviesa: se resbalaba por el barandal de la escalera de la vecindad y una vez se golpeó muy fuerte en la ingle. Para evitar el regaño no dijo nada, sin saber que a lo largo de dos años se le desarrollaría un tumor canceroso. Al detectarlo la operaron y recibió radiaciones, pero los médicos dijeron que máximo viviría hasta los 15 años. Tratando de salvarle la vida, su mamá firmó una autorización médica para que le quitaran los ovarios y la matriz. Cuando Lourdes lo supo se llenó de coraje hacia ella, por cancelarle la posibilidad de tener hijos. “Sentí odio gacho, feo”.
Enojada y sin saber cuánto tiempo de vida le quedaba, se dedicó a emborracharse y a vivir de fiesta, hasta que su mamá la corrió de la casa. Vinieron años negros, de calle, de alcohol y drogas. “Vivía con doña Chole, doña Soledad. Muy de la chingada”. Por fin, una amiga la retó a ir a Alcohólicos Anónimos. Fue y aunque le parecía una pendejada, se quedó. Poco a poco entendió que estaba viviendo para el cáncer, alrededor de él. Quiso aprender a vivir con él.“Un día dije: ‘ya estuvo, pare de sufrir, cabrón’. Hoy veo las cosas distinto, disfruto la vida y si mi cuerpo necesita quimioterapia no hay pedo, la tomo, ya no la sufro. Chaplin decía que un día sin reír es perdido. Es cierto, hoy no dejo de reírme, incluso de mí misma. Por eso digo que soy cabrona, porque serlo no quiere decir pegar, robar o matar. Eso lo hace cualquier pendejo. Ser cabrona es caerte, levantarte y decir ‘no pasa nada’, porque la vida siempre tiene que seguir y hay que chingarle”, dice.
Sus ojos negros miran de frente.
5.
Estamos en su puesto en el mercado. Mientras veo pasar un travesti que cojea desde tacones altísimos, Lourdes me cuenta que desde la infancia empezó a atender este negocio de sus papás. “Y hace años pude comprar otro puesto, mío. Ahí empecé a vender piratería, hice lana y con eso viajé. Conozco el mundo completo. Es para lo único que trabajo. He estado en el Vaticano, en Austria, Francia, Italia. Lo que más me ha impactado es Egipto. La primera vez que estuve ahí, uta, fue increíble”. Además, dedica parte de su tiempo a difundir la riqueza cultural de Tepito, que más que su casa es “un orgasmo, porque todo el mundo quiere llegar a él y, cuando llega, no quiere irse”. Y, claro, también enseña sobre el albur, esa esgrima en la que “entre la guasa y la risa te clavan la longaniza”.
Siempre jugando, dice que se encomienda a San Alejo para que le ponga uno más pendejo y que su película favorita es Por tus pugidos nos cacharon.
Entonces, le pregunto: Dicen que en Tepito hay que jugarse el pellejo. ¿Tú te lo juegas? “Sí, hay que chambearle duro, echarle ganas”.
Estoy orgullosa: me la acabo de alburear y no se dio cuenta. No importa que estuviera distraída.
(Originalmente publicado en la revista SoHo de marzo 2015)
Humor de incesto
Las canciones que nos hicieron niños
Da click en el enlace para ver el video
En México, el Día del Niño se celebra el próximo jueves, 30 de abril. Así que para este #SábadoDeMúsica propongo armar un playlist colectivo con las canciones que a cada uno nos remiten de inmediato a la infancia. La mía es «El ratón vaquero», de ese genio mexicano de la imaginación que se hizo llamar Cri-Cri. Y aquí están también las añadidas por la comunidad desde Twitter y desde el blog. La propuesta es heterogénea y variadita, hay balada, rock, pop y hasta villancicos. Los temas llegan desde México, Colombia, Argentina y España y aunque muchas son canciones netamente infantiles, también están las que oíamos de abuelos, padres o hermanos. Porque así, cantando, nos hicimos niños.
- @AdrianoDeLucio Las brujas, de Cri-Cri
- @arr1910 Spiderman (OJO: son imperdibles los últimos segundos del video)
- @lufepever La abeja Maya (programa de TV)
- @gabyamoran En el bosque de la China, de Enrique y Ana
- @daniacSant El patio de mi casa, de Tatiana
- @_EduardoMoreno y @Olga_laDescalza El niño robot, de los Hermanos Rincón
- @ulisesrodriguez Dreamer, de Supertramp
- @miradadelaluna Gypsy, de Fleetwood Mac
- @antonioliho El gato viudo, de Chava Flores
- @feliciarios Duerme, negrito, recopilada por Atahualpa Yupanqui (versión de Mercedes Sosa)
- @grillopez Velo qué bonito, de Choquibtown
- @VBoletta Mano a mano, de Julio Sosa
- Héctor Emmanuel Doctor psiquiatra, de Gloria Trevi
- Luis Hrdz Medina Caminito de la escuela, de Cri-Cri
- Flavio Smooth Criminal, de Michael Jackson
- @JorgeLuisBorgia Confesiones de invierno, de Sui Generis
- Tuztax Rock n’roll All Nite, de Kiss
- luthierzebeth Sinfonía inconclusa de la mar, de Piero
- May Rovles Adiós, Superman, bye, bye, de Chabelo
- Heriberto Los changos, de Luis Pescetti
- Shira Shaman Granito de canela, de Liuba María Hevia
- Anónimo Los planetas, de Gabriela Rivero
- Allidu La maquinita, de Cri-Cri
- Rubén García El negrito bailarín, de Cri-Cri
- Viramo Il cuore é uno zíngaro, de Nada
- JavierJiménez1986 I Got You, de Jack Johnson
La frase del viernes
Recibo el arranque del fin de semana con esta certeza incuestionable del filósofo de Güémez (poco importa si existe o no, lo que cuenta son sus aforismos). Salud.
PD Mañana será #SábadoDeMúsica y, por tanto, de #PlaylistColectivo armado por los miembros de esta comunidad. Por ello te pido contestar la siguiente pregunta: ¿Con qué canción te acuerdas de inmediato de tu infancia? En el post de mañana Incluiré todas las respuestas.
Leer es navegar mundos sin moverme del sillón

http://www.porliniers.com
Hoy se celebra el Día Mundial del Libro y ésa es una buen excusa para invitar a Enriqueta, el entrañable personaje de Liniers. Protagoniza estos cartones que todo adicto a la lectura podrá suscribir y que son una manera de celebrar ese hundirse en mundos distintos sin moverse del sillón. Salud por los libros.
PD Si vives en la Ciudad de México, esto te interesa: hoy, a partir de las 8 de la noche ven al bar Bucardón, en Donato Guerra 1, colonia Juárez, a una celebración de letras y amigos. La idea es que traigas libros que ya no ocupes (servirán para nutrir bibliotecas del Valle del Mezquital, en Hidalgo) y convivas con autores y amantes de la lectura, todo aderezado con poesía y música. Nos convoca la genial Laura García y estaremos, entre otros, Eduardo Casar, Pablo Boullosa, Sandra Lorenzano, Mardonio Carballo, Mónica Maristáin, el Chá, Alonso Arreola y yo. La entrada es libre. ¡Anímate y ven!
El riesgo de escribir un poema (y hacerlo bien)
El lunes pasado participé en el Maratón de poesía en voz alta «Palabra de lector». Organizado por mi incansable amigo José Luis Enciso, director de Actividades culturales del Fondo de Cultura Económica, el evento fue en la librería Rosario Castellanos de la Ciudad de México, como parte de las celebraciones por el Día Internacional del Libro (jueves 23). El formato fue innovador: siete poetas invitados leímos textos propios, pero también de autores favoritos. En mi caso, intercalados con versos de mi Rabia de vida compartí poemas de Idea Vilariño, Óscar Hahn y Fabio Morábito. Los asistentes al evento participaban de igual forma: leyendo textos propios o ajenos. Qué genial manera de celebrar la poesía: en voz alta, colectivamente.
Ahí conocí el trabajo de Christian Peña, joven autor capitalino que ha ganado muchos reconocimientos, entre ellos el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2014 por el libro Me llamo Hokusai (FCE/ Instituto Cultural de Aguascalientes/ INBA/ Conaculta). Hoy, #MiércolesDePoesía, comparto un breve fragmento de ese libro que deslumbra por su experimentación formal y su exploración de los límites de lo poético. Da gusto el riesgo que corre y da más gusto que le salga bien. Hecho de cinco textos largos en los que se intercala prosa poética, verso, recuerdos narrados y hasta citas de otros autores, el libro es un juego afortunado con el lenguaje desde el título de cada texto. Este pasaje es parte del poema «El monte Fuji Rojo es un volcán que hace erupción en las pesadillas de un director de cine japonés y también el presagio del accidente nuclear de Fukushima en el 2011 y el mismo que despierta en las fibras de mi pulmón izquierdo y al que los médicos insisten en llamarle cordialmente adenocarcinoma». Aquí va:
«[…] Todos los médicos son traductores: el Doctor habla, interpreta las pruebas, las palabras que son signos imposibles; en realidad, él es el verdadero crítico del texto: ‘Crees saber de qué hablo porque escuchas lo que digo, sin embargo, desconoces mi lenguaje. Mi lengua no es mi palabra. Mi lengua es lo que oculto, lo que me callo: la fecha de tu muerte, las probabilidades de vida que te quedan. Hablar así no es cosa fácil, se necesitan años de práctica y aún más años de estudios, de especializarse en decir algo sin decirlo. Si digo ‘6’, quiero decir ‘nada’; si digo ‘probablemente’, quiero decir ‘estás frito’. Lo único que te resta interpretar es el silencio. Un volcán está haciendo erupción a miles de kilómetros de este consultorio, ¿lo escuchas?’ […]».
Salud por la voz poética de Christian Peña.
Muestrario de páginas en blanco

http://anacletapalmer.blogspot.mx
Tenía tiempo de no pasar por la espléndida revista de fotografía online mambomag.com. Siempre que lo hago encuentro algo hermoso que traer a casa, para abrazarlo y hacerlo mío. Esta vez es el trabajo de la española Anacleta Palmer, artista residente en Chile. Fotógrafa en la mano derecha y diseñadora en la izquierda, combina ambas para crear la serie De cuerpo ausente. Se trata de imágenes descontextualizadas en torno al tema de la ausencia, del no-cuerpo, trabajadas con luz natural y sí, manipuladas para proponer «[…] un tesoro de lagunas y ausencias,/ un muestrario completo de páginas en blanco» (versos que tomo prestados del poema «Cosas que no tendremos» de la española Josefa Parra). Me encanta.
«¿Por qué lees?»

Hace poco, mi querido amigo Alberto Diéguez (autor del espléndido blog www.desafectos.wordpress. com) me habló de Forges, humorista gráfico español que publica en el periódico El País. Lo busqué y me encontré este cartón suyo, que tomo prestado para este #LunesDeMonos de la semana en la que se celebra el Día Internacional del Libro. Y acudo al dibujo de Forges porque deja abierta la pregunta de por qué leer, misma que se me antoja contestar ahora y para ello me remito a tres citas que dan en el clavo de las razones por las que los libros son mi vicio:
Por los placeres que regala. «El mayor argumento a favor de la lectura es el placer. No se lee de verdad para instruirse o por deber cultural: eso es otra cosa que no es leer. Se lee y se ama leer porque en la lectura se encuentra una fuente de goces infinitos». -Pascal Bruckner
Por lo que me revela sobre mí misma. «Cada lector es, cuando lee, lector de sí mismo. La obra del escritor no es más que una especie de instrumento óptico ofrecido al lector para permitirle discernir lo que, sin ese libro, no hubiera podido ver en sí mismo». -Marcel Proust
Por la posibilidad de vivir otras vidas. «Al leer nos metemos por un instante en el incendio que ocurre dentro de la piel de otra persona». -José Gordon
(Del libro 101 aventuras en la lectura, Artes de México/ IBBY México/ Zimat).
Ahí está. Eso respondo.
#SábadoDeMúsica: «Por esa puta costumbre»

Da click aquí para oír la canción:
Para abrir el sábado como gente decente ahí va esta canción del argentino Cacho Castaña. La semana pasada platiqué que intentaría en este espacio los #SábadosDeMúsica colectivos, es decir, con la participación de quienes quieran sumar sus temas preferidos, que yo añadiré a la entrada. La idea es hacer una especie de playlist enriquecido por todos. Hoy propongo el tema: «la canción que más me ha pegado recientemente». Aquí, la mía: de voz y letra desgarradas, me encanta. Debo ser masoquista.
Por esa puta costumbre
de andar haciéndome el vivo,
el que se las sabe todas
y todas las ha vivido.
El que tuvo mil amores
llorando sobre su almohada.
¡Por esa puta costumbre
al final no tengo nada!
Por esa puta costumbre
de regalar carcajadas,
para mostrarle a la gente
que nunca lloro por nada.
Inventando mil historias
para deslumbrar amigos.
¡Por esa puta costumbre
cuántas cosas he perdido!
Soy Cacho de Buenos Aires
y no hay farol que me alumbre.
¡Mi gran amor lo perdí
por esa puta costumbre!
Soy cacho de Buenos Aires
y tengo un sueño escondido,
cantar igual que Gardel
«¡Mi Buenos Aires querido!».
Y aquí van las sugerencias de la comunidad:
- @adrianodelucio «Cuando estoy contigo», de Armando Manzanero
- @cherrera313 «Amiga», de Denise de Kalafe y María José
- @arr1910 «Lost Stars», de Adam Levine
- @cobixreyes «Sorry Seems To Be The Hardest Word, de Joe Cocker
- @JorgeLuisBorgia «Enjoy The Ride», de Morcheeba
- @vboletta «Milonga del pelo largo», de Adriana Varela
- Viramo Spiro «Las cosas que no se tocan», de Intoxicados
Video Un año: recordando a Gabo
Da click aquí para ver el video:
Hoy, 17 de abril, hace exactamente un año que Gabriel García Márquez decidió salir volando detrás de sus mariposas amarillas. Que se murió, pues. Y en SoHo México quisimos hacer algo especial en torno al colombiano casi mexicano: invitamos a 25 personas a leer un fragmento de ese portento que se llama Cien años de soledad. Está la señora del mercado, el cerrajero, una modelo y el policía, pero también escritores, rockeros, gente del medio cultural y los tres periodistas que conducen el programa de radio El Weso. Así, leyendo, rendimos un mínimo homenaje a Gabo. Porque no se nos olvida.
(Originalmente publicado en el sitio web de la revista SoHo).
La obra masturbatoria del mártir llamado Jis

Dice que le “puede” tener que hablar en público de escenas y fantasías sexuales que dibujó solo, en su cuarto, pero como acaba de publicar Sexo, a eso sabe la reina (Sexto Piso) no tiene opción. Aunque en sus monos hay pasajes lunares y espacios fantásticos, Jis dice ser lo menos aventurero que hay: “Soy un tipo rutinario, un licenciado que no sabe si es exhibicionista o un pudoroso total que dibuja sobre esa cosa rarísima que es el sexo”. Aquí, lo que platiqué con él.
¿Cómo nació la idea de este libro?
Llevo desde los 80 dibujando sobre el tema, tengo material como para unos cuatro volúmenes. Cuando hablé con la editorial sobre la idea de juntar todo, les mandé los cartones que encontré y al regresarme la primera versión diseñada del libro vi que faltaban muchos. Se les traspapelaron, no sé si fue intencional pero al final resultó bien porque no hubiera podido entrar todo. Y es que el sexo es un manantial de temas. Incluye emoción, miedo a defraudar y a que te defrauden, juegos de poder, rollos de género, placer, destrucción. Como tiene tanta carga emocional es fácil caer en clichés, en lugares comunes, pero intento ser consciente de esa dificultad, entender algo más del asunto.
¿Por qué un día dibujas algo y no otra cosa? ¿Cómo eliges los temas que vas a tocar?
En realidad mis monos son un diario, un tarot personal en el que me burlo de mí mismo. Cuando estoy dibujando trato de ser lo más libre posible con mi imaginería, mi trabajo es como una obra masturbatoria, por eso de pronto me da vergüenza pero acabo diciendo: “Éste me tocó ser, ahí disculpen”.
Tus monos son bien pachecos, siempre están en el viaje…
Sí, yo mismo tuve una época de desmadre, de fiestas y hongos, de éxtasis y tachas con música electrónica, pero está cabrón. Ahora me he hecho muy tranquilo, ya soy un señor. Llevo como ocho años de practicar yoga Iyengar, voy tres días a la semana y me cae poca madre porque tengo problemas de espalda, estoy operado. Aunque es un rollo casi militar, como en el fondo soy muy sistemático he podido hacer una disciplina bien padre.
Hablas de sexo pero nunca de política, Jis no hace cartones del escándalo político de moda. ¿Por qué?
La lucha de la que yo hablo es micropolítica, mis monos son de denuncia conyugal, no la política de los partidos o del Estado. En uno de mis cartones hay una pareja en la que uno dice: «Debí ser mártir de un movimiento social» y el otro contesta: «Los dos somos mártires del movimiento conyugal”. ¡Es que yo también lo soy! Llevo tres matrimonios, así que además de mártir soy héroe, apóstol, promotor. He estudiado el tema a fondo.
Más allá de los dibujos, ¿has llevado tu humor a otros espacios?
Claro, Trino y yo hemos hecho durante varios años el programa de radio La Chora Interminable, nos reímos mucho. Soy bien tímido, así nunca me hubiera podido imaginar que iba a estar como merolico en el radio, pero me gusta. Y luego también hicimos algo en tele para el Mundial y, claro, los Jams de moneros. Seguimos tratando de abrir posibilidades fructíferas en varios lados para seguir trabajando la imaginación y el humor.
Cuando empezabas tuviste apoyo de Monsiváis. ¿Cómo lo recuerdas?
Yo lo leía mucho, admiraba su ironía. Luego me prologó mi primer libro Los manuscritos del Fongus y hasta dedicó una sección de La cultura en México para dar la bienvenida a los de mi generación, a los que estábamos haciendo la revista Galimatías. Me quedó muy buena onda con respecto a él, tuvo la paciencia y la sensibilidad de darle entrada a unos mocosillos. Ahora, a mí no se me dificulta admirar el trabajo de otros, paso mucho tiempo en eso, pero como soy medio acomplejado, a veces lo uso como pretexto para latiguearme por la excelencia ajena.
(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo).
¡Este blog llega a 4 mil seguidores!
Rosario Castellanos, la poeta mexicana que habla con el mismo aliento fresco que cuando escribió sus textos, visita este #MiércolesDePoesía con un poema sobre lo indispensable que resultan los amigos. Aprovecho para agradecer con él a los cuatro mil seguidores que hoy alcanza este blog, es decir, a las cuatro mil personas que conforman conmigo esta comunidad en la que se conversa, se comparten lecturas, ideas y experiencias, abrazos que borran la distancia pero, sobre todo, palabras que vibran. Miles de gracias a todos. En serio.
«Es necesario, a veces, encontrar compañía.
Amigo, no es posible ni nacer ni morir
sino con otro. Es bueno
que la amistad le quite
al trabajo esa cara de castigo
y a la alegría ese aire ilícito de robo.
¿Cómo podrías estar solo a la hora
completa, en que las cosas y tú hablan y hablan
hasta el amanecer?»
-Rosario Castellanos, «Apelación al solitario»
«Comes tanto porque no disfrutas la comida»: Shriver
Entre los motivos por los que alguien escribe está la catarsis. Lionel Shriver, autora de la desgarradora We Need to Talk About Kevin, lo sabe muy bien (da click aquí para leer mi reseña de esa novela). En 2013 publicó su nuevo libro, Big Brother (Harper Perennial y, en español, publicado por Anagrama): se trata de un grito catártico de culpa. Me lo regaló mi querida amiga Arantza y recién lo terminé. En él vuelve a abordar las familias disfuncionales, pero esta vez el tema de fondo es tanto la obsesión social por el peso como la condena hacia la obesidad mórbida pero, más todavía, la insatisfacción profunda de muchos, que no se sacia comiendo. Y digo que el libro es producto de la culpa porque está basado en la propia historia de la autora: su hermano murió en 2009, por complicaciones derivadas de la obesidad. Así, en la novela Shriver imagina qué hubiera pasado si ella lo hubiera ayudado a reducir sus dimensiones.
La historia aborda la vida de Pandora y Fletcher, un matrimonio estadounidense convencional que recibe de visita a Edison, hermano de Pandora. Él es un jazzista fracasado y gordo descomunal que pone sobre la mesa (además de donas, mantequilla y una torre de hotcakes como desayuno) el tema del rechazo visceral hacia los obesos, nuevos criminales contemporáneos. Edison lo apunta:»Dices ‘gordo’ no como una descripción sino como un veredicto, como si fuera una abominación, la fuente de todo el mal y la corrupción del universo. Como mucho, pero no he matado a nadie. No soy pedófilo. Ni siquiera te robé la cartera» (traducción mía, p. 129). Si bien la novela se cae estrepitosamente al final, me deja una idea interesante entre las manos: como sociedad hemos dejado de lado el interés por el sexo como tabú porque ya resulta demasiado accesible, pero a cambio hemos vuelto la vista hacia la comida. El asunto es que estar satisfechos no nos satisface, lo que realmente queremos es el deseo. Estamos hechos para tener hambre, para buscar la satisfacción: «Comes sin medida no porque disfrutes tanto la comida que no puedes parar, sino porque no la disfrutas. Y ya que comes para saciar un apetito que no puedes satisfacer, la cantidad de comida que ingieres es potencialmente infinita» (traducción mía, p. 200). Vaya, revelador y crudo concepto sociológico que una vez más lleva a pensar que no comemos con la boca sino con las expectativas sociales, con las frustraciones, con los miedos, con las historias personales.
En cualquier caso, no puedo criticar la novela sin caer en un spoiler, así que me limito a desear que Big Brother haya cumplido con la catarsis que Shriver buscaba, pero como lectora me quedó a deber.
Muere Eduardo Galeano, voz indispensable de la literatura

Son las 8:00 am del lunes y me entero de la muerte del escritor uruguayo Eduardo Galeano, a los 74 años, además de la del Nobel alemán, Günter Grass. Carajo, qué manera de arrancar un lunes, como si al mundo le sobraran buenas plumas. En especial me duele la de Galeano, pluma deliciosa y humana que describía la vida como un viaje entre dos aleteos que buscan un abrazo, que dejó Las venas abiertas de América Latina (fundamental para entender nuestro continente) y también El libro de los abrazos, capaz de lograr esta joya en pocas líneas:
“La Iglesia dice: El cuerpo es una culpa.
La ciencia dice: El cuerpo es una máquina.
La publicidad dice: El cuerpo es un negocio.
El cuerpo dice: Yo soy una fiesta”.
Que descanse en paz pero que sus letras necesarias nos sigan incendiando.
Da click aquí para ir a la nota de su muerte en el periódico El Universal
Da click aquí para ir a la entrada sobre Galeano «El viaje entre dos aleteos»
Da click aquí para ir a entrada «Sólo puedo escribir si veo una imagen dentro de mí»
Da click aquí para ir a la entrada «Una mujer atravesada entre los párpados»
Humor para el lunes de regreso de vacaciones (por Jis)
Llega el lunes y el ánimo se siente herido, apaleado, en especial si uno disfrutó de vacaciones y ahora debe reincorporarse a la vida productiva (ese invento jodido). Por eso el #LunesDeMonos es la opción necesaria para aligerar lo que de otra manera sólo puede verse negro. Aquí va un cartón del mexicano Jis, que describe de manera puntual mi estado de ánimo en esta mañana.
Nota para quienes leen este blog fuera de México: «hueva», en perfecto idioma azteca, significa pereza, falta de ánimo, flojera, fiaca, pesadez.
La canción que me pone de buen humor

Da click aquí para oírla
Ayer, por razones de urgencia narrativa, usurpé el #ViernesDeMúsica. Ya varios miembros de esta comunidad me hicieron notar que extrañaron la recomendación semanal, así que por esta vez va un #SábadoDeMusiquita, así, en diminutivo, muy a la mexicana para demostrar cariño. Y como ando muy de buenas porque mi madre está bien, aquí conmigo y sintiéndose mejor, me parece natural poner una canción de esas que levantan el ánimo. De modo que aquí va «Yo no sé mañana», del nicaragüense Luis Enrique, una salsa que en automático me pone a bailar y despreocuparme, y que además tiene una letra con sustancia, originalmente planteada para dos que recién se conocen, pero que también aplica para esa trivialidad que se llama seguir vivos y que es incierta por más que uno quiera garantizarla. Aquí un fragmento de la letra:
«Yo no se si tú, no sé si yo
seguiremos siendo como hoy.
No sé si después de amanecer
vamos a sentir la misma sed.
Para qué pensar y suponer,
no preguntes cosas que no sé.
Yo no sé.
No sé dónde vamos a parar,
eso ya la piel nos lo dirá,
para qué jurar y prometer
algo que no está en nuestro poder.
Yo no sé lo que es eterno
no me pidas algo que es del tiempo.
Yo no sé mañana
yo no sé mañana
si estaremos juntos
si se acaba el mundo […]
Esta vida es igual a un libro,
cada página es un día vivido.
No tratemos de correr antes de andar.
Esta noche estamos vivos
sólo este momento es realidad».
Y un regalo adicional: ayer pregunté en Twitter «¿qué canción te pone de buen humor?» y tuve varias respuestas, eclécticas como corresponde. Aquí las comparto con todo y enlaces a YouTube, por quien quiera curiosear. Gracias a todos:
@arr1910 El corrido de la toma de Zacatecas (en versión de Antonio Aguilar)
@doolcevita «Red Eyes», de The War on Drugs
@Beath71 «Treasure», de Bruno Mars
@ArturoMarquezMu Cualquiera de Paolo Nutini (elegí «These Streets»)
@miradadelaluna «Something I Need», de Ben Haenow
@cobixreyes Cualquiera de Barry White (elegí «My First, My Last, My Everything»)
@aliasRMiranda «Carol Brown», de The Flight of The Concords
@aliascane «Kooks», de David Bowie
@jorgeluisborgia Book of Angels, de John Zorn
@EJCastroviejo «Bring the Light», de Beady Eye
MayRovles «Love», de Zoé
Gabo «La reina del keroseno», de Miguel Ríos
Allidu «Le Moulin», de Yann Tiersen
Mi primera vez en una ambulancia
Nunca me había subido a una. Esta vez acompaño a mi mamá al hospital, junto con sus 84 orgullosos años. Creemos que puede ser un infarto porque tiene muy fuerte dolor de pecho y abdomen, debilidad extrema. Voy sentada a su lado, le acaricio la mano mientras le toman signos vitales. No habla. Ella tiene dolor y yo tengo mucho miedo, pero trato de controlarme. También mi hermana, que viene al lado y mi hermano, que nos sigue en el auto. Cuando todo parece normal me relajo un poco cruzando palabras con Iván, el doctor en turno. Éste es su trabajo pero los fines de semana es voluntario de la Cruz Roja. «Me encanta, es como un vicio». Yo estoy a años luz del disfrute adrenalínico.
Llegamos al hospital, la revisan, estudios y más estudios. El olor de un hospital enferma a cualquiera, pero qué bueno que existan. Por fin, de madrugada la dan de alta. El diagnóstico es una úlcera severa. Por Fortuna no voy a recordar este primer viaje en ambulancia como espantoso. Lo que es un hecho es que espero que sea el último.
No hacemos el amor igual (ni leemos igual)

«Sabemos que en un rincón secreto de la biblioteca nos espera el libro verdadero, escrito sólo para cada uno de nosotros», dice Alberto Manguel en Para cada tiempo hay un libro, el espléndido título que recientemente publicó Sexto Piso. Subrayé el pasaje porque como adicta a la lectura tengo más de un libro que es MÍO, no sólo en el sentido de que lleva mi nombre sino que fue escrito para mí nada más. Así de necio es el sentido de pertenencia que generan algunas líneas. Supongo que quien no es lector desaforado pensará que es una estupidez, me da igual.
Nacido en Buenos Aires, Manguel ha escrito varios volúmenes sobre el placer de leer, lo emocionante de meterse en otra piel, lo único de sentirse uno mismo personaje de ficción. Este título va en la misma línea: es una compilación de 12 textos breves sobre la lectura. Incluye experiencias, reflexiones, anécdotas de escritores y lectores, como ésta: «En el siglo V a.C., el joven Alcibíades, visitando un lejano pueblo durante sus periplos en las colonias griegas, dio un puñetazo en la nariz a un maestro en cuya escuela no encontró ni un solo ejemplar de Homero, porque juzgó que el hombre había faltado a su deber intelectual». Qué joya. Y luego están las preciosas fotografías del mexicano Álvaro Alejandro, que dialogan con los textos. En ellas, el libro es cerradura por la cual asomarse, la casa que el caracol lleva a cuestas, el cebo de una ratonera, la sopa que se lleva uno a la boca. Las fotos son creativas pero no sólo: también dicen cosas, construyen realidades en torno a la experiencia lectora.
Total, que Para cada tiempo hay un libro se saborea. Ahí va otro subrayado: «Quienes descubrimos que somos lectores, descubrimos que lo somos cada uno de manera individual y distinta. No hay una unánime historia de la lectura, sino tantas historias como lectores. Compartimos ciertos rasgos, ciertas costumbres y formalidades, pero la lectura es un acto singular. No soñamos todos de la misma manera, no hacemos el amor de la misma manera, tampoco leemos de la misma manera». Y sí, pocos actos tan netamente individuales y con tan clara huella digital como hacer el amor y leer.
(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo).





































