Fue una noche de alcoholes, baile y disfrutes varios con quien más me quiere y con amigas que son mi familia elegida. Hoy, en la cama de domingo me visita Paul Auster. Entre cobijas, con un leve dolor de cabeza pero contenta, escucho con ojos bien abiertos su Invención de la soledad. Auster y yo nos reencontramos motivados por Borgeano y Javier, amigos mutuos. Nuestra relación va por buen camino, sobre todo gracias a pasajes que me regala, como éste sobre su padre:
«The rampant, totally mystifying force of contradiciton. I understand now that each fact is nullified by the next fact, that each thought engenders an equal and opposite thought. Impossible to say anything without reservation: he was good, or he was bad; he was this, or he was that. All of them are true. At times I have the feeling that I am writing about three or four different men, each one distinct, each one a contradiction of all the others. Fragments. Or the anecdote as a form of knowledge. Yes.»
[Traducción mía: «La fuerza desenfrenada y desconcertante de la contradicción. Ahora entiendo que cada hecho es anulado por el que sigue, que cada idea engendra una opuesta y equivalente. Es imposible opinar sin reservas: era bueno o era malo; era esto o era aquello. Todas ellas son verdad. A veces tengo la sensación de estar escribiendo sobre tres o cuatro hombres diferentes, cada uno distinto, cada uno en contradicción con los demás. Fragmentos. O la anécdota como una forma del conocimiento. Sí».]
Ahora mismo lo vivo: la luz me lastima los ojos y mi cuerpo resiente el ron, pero nadie me quita la sonrisa. La vida es una paradoja absoluta.









































