¿Cómo decir cuando una desea a uno que no aparece? ¿Que no contesta?
¿Cómo le hace una cuando está segura de que él está ahí, pero finge que no? Acabo de descubrir a la poeta peruana Rossella Di Paolo y, en especial, acabo de saborearme varias veces estos versos ansiosos y magistrales, de la amante que se compara a una ardilla buscadora, que no encuentra. Aquí los dejo, para un #MiércolesDePoesía en el que llueve.
La estaca
«Soy yo
la que corre y suena sus rótulas
la que pela sus dientes
la que trepa asustada por tu tronco
la que pregunta y vuelve a bajar
porque no hay nadie entre el follaje no hay nadie
soy yo la nerviosa ardilla que huye
a rondar otra estaca otro afán
otro imposible follaje que responda».
-Rossella Di Paolo, «La estaca», Tabillas de San Lázaro, en Gustavo Guerrero (editor), Cuerpo plural. Antología de la poesía hispanoamericana contemporánea (Instituto Cervantes/ Editorial Pre-Textos).
¿Amor que empieza? ¿Que devora? ¿Compartido? ¿No correspondido? ¿Fracasado? Aquí hay una lectura para cada caso. Estas novelas transitan por las inmediaciones del enamoramiento, la pasión, el amor, el desenamore. Y vuelta a empezar. Van de la más sutil a la más desgarrada pero, eso sí, esquivan la cursilería. Tienen humor, hondura. Son mi Top Ten en cada caso y estas citas demuestra por qué.
1. Atracción: El amor es una droga dura «No encuentro ninguna razón aparentemente objetiva para explicar por qué estoy seducido por Nora, excepto que su belleza me conmueve, me emociona, me hace delirar, me provoca erecciones múltiples, me estimula, me deprime, me subleva, me obnubila, me atosiga, me ahoga, me asfixia […]». Cristina Peri Rossi, El amor es una droga dura (Seix Barral)
2. Primer beso: El sabor de un hombre “Recuerdo ese primer beso, esa sensación de empequeñecimiento repentino: de golpe soy tan pequeña que me hundo en él, me sumerjo en su garganta húmeda. Toda yo estoy en su boca, como si fuera un bocado. Él me toma y me traga, y en esa cálida oscuridad en la que caigo, siento que desaparezco en su interior. Me diluyo y él me absorbe, como si ya no fuéramos a separarnos jamás”. Slavenka Drakulic, El sabor de un hombre (Anagrama)
3. Primer encuentro sexual: Canción de tumba «Mónica y yo nos conocimos hace cuatro años. Nos metimos a la cama durante horas sin apenas intercambiar nuestros nombres y mucho antes de haber tenido una conversación coherente. El sexo entre los dos fue una intuición de luminosidad. El sexo —el más perfecto y simple al que se puede aspirar, como beber agua pura sin pagar la botella de pet— nos reveló que habría entre nosotros un lazo visceral más sólido que cualquier otro compromiso que tuviéramos con el mundo. Un vínculo tan hondo que, en mis pesadillas, se parece al incesto». Julián Herbert, Canción de tumba (Mondadori)
4. Enamoramiento: Rayuela «Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. […] Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos». Julio Cortázar, Rayuela (Alfaguara)
5. Erotismo: La pasión turca «Nos desprendemos de las ropas con tal ferocidad que no me extrañaría que un día terminásemos arrancándonos la piel […] Cada uno desaparece o agoniza en los brazos del otro, escudriñando en el otro, trocando su vida por la de él, hasta llegar al estertor final, al paroxismo, que es una aleación, un extravío recíproco, tras del que cada uno va volviendo, volviendo poco a poco en sí, distinto ya del otro nuevamente. Qué pena volver; sería un buen momento para morir». Antonio Gala, La pasión turca (Planeta)
6. Amor no correspondido: Un amor «La posesión física a él le importaba relativamente poco. Si, por ejemplo, una enfermedad la hubiera obligado a no hacer nunca más el amor, en el fondo él se habría alegrado. Se imaginaba, por ejemplo, que ella hubiera sido atropellada por un tranvía y hubiese perdido una pierna. ¡Qué estupendo habría sido! Ella inválida, separada para siempre del mundo de la prostitución, del baile, de las aventuras, ya no asediada por nadie. Sólo él seguiría adorándola. Tal vez ésa fuera la única posibilidad de que ella, aunque sólo fuese por gratitud, empezara a quererlo». Dino Buzzati, Un amor (Gadir)
7. Posesión: La mujer justa «Una vez vino a mí una señora que amaba a un hombre, lo amaba tanto que lo mató. No lo mató con un cuchillo ni con veneno sino porque no le daba tregua, lo quería por entero para ella, ansiaba quitárselo al resto del mundo. Pelearon durante mucho tiempo, hasta que un día el hombre se cansó y murió». Sándor Márai, La mujer justa (Salamandra)
8. Amor compartido: Un acto de amor «Ningún hombre ha amado a una mujer sin imaginársela en los brazos de otro. Ningún marido es feliz —verdadera, genitalmente feliz, con una felicidad que le llega al alma en cuanto marido— hasta que no tiene pruebas positivas de que otro hombre se la está follando». Howard Jacobson, Un acto de amor (Miscelánea Editores)
9. Caducidad: El amor dura tres años «Un mosquito vive un día; una rosa, tres días. Un gato, trece años. El amor, tres. Así son las cosas. Primero hay un año de pasión, luego un año de ternura y, finalmente un año de aburrimiento. El primer año, uno dice: ‘Si me abandonas, me mato’. El segundo año, uno dice: ‘Si me abandonas, lo pasaré muy mal pero lo superaré’. El tercer año, uno dice: ‘Si me abandonas, invito el champán'». Frédéric Beigbeder, El amor dura tres años (Anagrama)
10. Amor que mira hacia atrás: Hablar solos «Cuando veo a dos besándose, creyendo que se aman, creyendo que durarán, hablándose al oído en nombre de un instinto al que dan nombres elevados, cuando los veo acariciarse con esa avidez molesta […] cuando veo a dos idiotas ejerciendo impunemente su deseo a plena luz, como si yo no los mirase, no sólo siento envidia. También los compadezco. Compadezco su futuro podrido […] y les sonrío de costado, como si hubiera vuelto de una guerra que ellos dos no imaginan que está a punto de empezar». Andrés Neuman, Hablar solos (Alfaguara)
Hay otro periodista asesinado. Y otras cuatro mujeres, también asesinadas. En México no son nuevas ni las muertes de comunicadores ni las de mujeres. En realidad, no son nuevas las muertes. Todos nos sabemos ciudadanos desechables en un estado (con minúscula) fallido, fallado, fracasado. Esta vez, el periodista había huido de Veracruz por amenazas del gobernador, se había refugiado en el Distrito Federal. Aquí la muerte lo encontró, porque lo estaba buscando y en este país la muerte encuentra con demasiada frecuencia cuando se trata de quienes denuncian, de quienes no se portan bien. Entonces se vuelven daños colaterales. Y las cuatro mujeres que fueron torturadas y asesinadas con él son un daño colateral de otro daño colateral.
Este #LunesDeMonos acudo al cartón de Helioflores, con la pregunta pertinente que hace eco en México, el muy jodido país de los daños colaterales.
Aquí, los temas de la Playlist colectiva, que nos hacen sentir más plantados que nunca en el hoy.
Yo tenía 12 años. Por primera vez probaba la libertad de estar fuera de casa durante el verano, lejos de mi país y mi familia, explorando el mundo desde el patio de una preciosa escuela inglesa. Me sentía más viva que nunca, el mundo me quedaba chico. Y una noche sonó una canción que me pareció prendida y divertida a morir: The Rock Lobster, de B52. La brinqué y bailé como loca, suelta, feliz, saboreando el instante como una menta. Ahora, cuando la oigo, vuelvo a ser esa chavita que sabía muy poco de todo pero se quemaba de ganas de vivir.
Así, el #SábadoDeMúsica se viste de las canciones que nos ubican más que nunca en el presente. Para oírlas, da click en cada enlace. Si quieres añadir la tuya, escríbela en los comentarios y la añado, pero por favor sé paciente, estoy de viaje y con poca señal de Internet =). Gracias por participar en esta Playlist que hacemos entre todos. #BuenSábado.
Cita tomada del libro de Ricard, En defensa de la felicidad (Urano)
Se cierra un capítulo laboral en mi vida y no puedo celebrarlo más. Me hace feliz saber que estoy dando pasos para disfrutar mi tiempo al máximo, siendo congruente con quien soy y con lo que quiero, con lo que me alimenta. En suma, sólo tengo la certeza de esta vida y la quiero exprimir lo más posible. Y me vienen a la mano estas palabras de mi gurú desde años. En eso estoy, querido señor Ricard.
Me pone locamente feliz que cada día seamos más quienes interactuamos en este blog. Me alimenta que entre todos compartamos experiencias y lecturas, nos contemos historias, regalemos poemas que ponen la piel a la intemperie. Gracias a ti por volver este espacio una casa viva. Como en toda mansión (y ésta lo es, #FaltabaMás), en los distintos cuartos hay conversaciones, fotos, platos sucios, libros, más de una nostalgia, fiesta, abrazos, a veces dolor, música. Dado que una casa no la hace una persona sino quienes viven sus rincones, muchas gracias, de verdad, por ser uno de los cinco mil habitantes de palabrasaflordepiel.
Como un mínimo gesto de agradecimiento voy a enviar de regalo (y sin costo de envío) mi libro Rabia de vida/ Rabia debida a los diez primeros seguidores del blog que lo pidan abajo, en los comentarios. Y que siga la fiesta.
Twitter es una plataforma más para estos autores que en 140 caracteres inventan, se divierten, crean, piensan. Y tienen miles de seguidores.
No sé si existe la tuiteratura. Es más, no me importa abonar a esa discusión. Lo que sé es que leo en Twitter historias, miniensayos, cuentos y aforismos como estos, de cinco escritores mexicanos que conviene seguir. Mauricio Montiel (Ehombredetweed), Daniel Saldaña París, Rafael Pérez Gay, Alma Delia Murillo y Margo Glantz son muy distintos entre sí por edad, intereses, género y voz. Sin embargo, esta mínima selección de tuits recientes dispara ideas, a veces en torno a un mismo tema, a veces sobre distintos. En eso, los tuits se parecen a la literatura.
@elhombredetweed 15,600 seguidores Autor del libro de cuentos Ciudad tomada (Almadía)
1. [En un día como hoy, pero de 1980, un ciclista fue arrollado por un conductor que se acababa de enterar del fallecimiento de su madre.]
2. [En un día como hoy, pero de 1798, un hombre advirtió en los ojos de su amante que pensaba en alguien más mientras él le hacía el amor.]
3. [En un día como hoy, pero de 1671, un campesino se detuvo al escuchar el eco de su nombre en el viento que sacudía el trigal que cruzaba.]
4. [En un día como hoy, pero de 1285, el vientre de una mujer embarazada fue acariciado por una mano que horas atrás había tocado otro vientre.]
5. [En un día como hoy, pero de 1169, un adolescente que seguía la trayectoria de un pájaro vio cómo este caía muerto sin mayor explicación.]
@ds_paris 7,927 seguidores Autor de la novela En medio de extrañas víctimas (Sexto Piso)
1. ¿Algún historiador freelance que reconstruya lo que me pasó anoche?
2. No sé lo que hice pero perdón por ayer. Fue el mezcal.
3. Estoy tan crudo que percibo la rotación del planeta como una afrenta.
4. Cruda nivel Profesor Xavier: siento en la cabeza a todos los mutantes del mundo.
5. Tengo una cruda tan cabrona que sale en las radiografías.
@RPerezGay 25,200 seguidores Autor del libro autobiográfico El cerebro de mi hermano (Seix Barral)
1. Gran juego de México. De Jamaica no sé mucho pues dormí profundo. De verdad, profundidades abisales. Gran torneo.
2. ¿Qué, no ha empezado? Va.
3. Me parece que han marcado un penal a favor de México. Somos inmorales.
4. Creo que el Piojo es un hombre muy elegante.
5. Les informo que el futbol mexicano se ha cubierto de gloria pues le ha empatado a Trinidad a 4 goles. Una opereta.
@almadeliamurillo 14,900 seguidores Autora de la novela Las noches habitadas (Planeta)
1. El problema con la gente cursi es que no se da cuenta de lo cursi que es.
2. Si quisiera ser feliz mi vida sería miserable pero, por fortuna, la felicidad cada vez me interesa menos.
3. No se puede vivir como si la poesía no existiera. No se puede.
4. Déjame, déjame mucho, como si fuera esta noche la última vez.
5. -Amo la libertad con la que escribes tus escenas sexuales fabulosas.
-Son ficción. Si fueran realidad estaría cogiendo, no escribiendo.
@margoglantz 19,400 seguidores Autora del libro de retazos de memoria Yo también me acuerdo (Sexto Piso)
1. Tuiteo y tuiteo y no digo nada que tuitvalga.
2. Este no es un tuit ni una pipa ni… ¿es un tuit? ¿qué es un tuit?
3. Me modernizo, tuiteo, retuiteo, Ipadeo, ¿texteo?
4. Tuiteo, retuiteo, leo tuits, escribo, sueño con tuits. Grave ¿no?
5. Titubeos y tuiteos. Tiroteos, añade el corrector.
(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo).
En cinco versos, Julio Trujillo aprehende el suicidio de la escritora estadounidense.
Era poeta. De las buenas. Estaba casada con Ted Hughes, poeta de los ídem, y tenían dos niños. Depresiva y deprimida por las infidelidades de Hughes y por el fin de su relación, una tarde del frío invierno de 1963 selló las puertas del cuarto donde estaban sus hijos pequeños, abrió el gas del horno, metió la cabeza y se suicidó. Tenía 30 años. Dejó los libros Colossus y The Bell Jar, y en 1965 se publicó póstumamente Ariel, un portento con sus últimos textos. En «Pursuit», ese poema impecable escrito cuando conoció a Hughes, premonitoriamente había dicho: «One day I’ll have my death of him».
El escritor mexicano Julio Trujillo pasa de visita en el #MiércolesDePoesía con este poema delicado, que en cinco versos perfila la historia de Plath.
Hace tiempo no comparto en este espacio mis #cuentuitos, narraciones en 140 caracteres máximo. Aquí van tres, recientes y sin mayor pretensión que la de mantenerme pescando historias al vuelo.
Doppelgänger
Buscó a su gemelo, que creía siniestro. Nunca pudo encontrarlo. Por fin entendió que el auténtico gemelo siniestro era él.
Cuestión de fe
Tanta era la piedad de doña Angelita, que sus cinco hijos hoy arden en el infierno.
Rival
Cuando él decía «te quiero», ella respondía «yo más», no porque así fuera, sino porque tampoco en eso se permitía perder.
Porque sí, para qué fingir: quiero las tres cosas. Y las quiero ya. Y no admito negociaciones. Y cualquier otra cosa es no deseada, se va a la Papelera y, de ahí, a la AnulaciónPerpetua.
Ahí dejo como declaración de principios el cartón del argentino Martín Favelis (sí, ooootro humorista gráfico que es ché; debería negociar un jugoso cheque con la agencia de promoción albiceleste). Buen lunes, mundo.
Llevo días pensando que, como en las películas, hay canciones que se vuelven el soundtrack preciso de un instante. De una experiencia. De una relación. Hasta de una vida. Desconozco el trabajo de los musicalizadores de cine, pero me gusta imaginar que se despiertan escuchando su música personal, como si se tratara de un Walkman integrado, reconociendo los tonos y colores que corresponden a cada momento. Por hoy me autonombro musicalizadora de las últimas 24 horas: me pregunté qué canción describe mejor cómo me siento y me respondí «It’s My Turn», de Diana Ross, con su letra que por poco suena a libro de autoayuda pero se salva (creo):
[…] Now it’s my turn.
If I don’t have all the answers
At least I know
I’ll take my share of chances.
Ain’t no use of holding on
When nothing stays the same
So I’ll let it rain
‘Cause the rain ain’t gonna hurt me.
And I’ll let you go
‘Though I know it won’t be easy […]
And now it’s my turn
To try and find my way
And if I should get lost
At least I’ll own today.
Abajo vienen las canciones que propuso la variopinta comunidad de este blog a través de mi Twitter @danioska y mi Facebook (Julia Santibáñez), junto con enlaces a cada tema. Si quieres participar escribe tu tema en los comentarios y lo añado. Buen sábado.
La historia de un fundador fascinante, al que todo el mundo quisiera haber conocido, ayuda a dar soporte a las marcas. Y eso genera ventas.
Coco Chanel es un personaje-imán. No sé si lo creo por mí misma o porque el inteligente marketing de la marca me ha convencido de ello. Lo cierto es que la Maison Chanel se apoya muy fuertemente en la historia de la huérfana talentosísima, irreverente y casi predestinada al éxito. Coco le da un sustento a la marca, la dota de contenido en el mejor estilo del Content Marketing. Y una parte no menor de lo que Chanel invierte cada año en mercadotecnia lo destina a comunicar la figura de Coco (y, ahora, también la de Karl Lagerfeld, diseñador que cobra visos de leyenda).
En menos de tres minutos, este video conjuga un guión sólido, un trabajo sorprendente de ilustración y una edición impecable para lograr justo eso: contar la-historia-de-Coco-detrás-de-la-marca. Historia que, a su vez, fue inventada. Es decir, puro y llano #Storytelling.
Otras marcas de lujo hacen exactamente lo mismo: acuden a su pasado (casi siempre al siglo XIX) en busca de algo qué contar. O de plano lo inventan, qué más da. Ahí está Louis Vuitton, conla narrativa del viejo fabricante de baúles. Y Tiffanyy Hermès. Al final, todo el mundo tiene muy claro que las historias dan prestigio, generan empatía, provocan deseo. Y esos elementos son clave para vender.
Andar una ciudad para narrarla. O narrarla primero y confirmarla con los pasos que se dan. O desandarla a golpe de ficción. O erigirla con palabras, aunque no exista, pero ya existe desde que el escritor le hizo un edificio verbal. Me encantan las muchas posibilidades narrativas de las ciudades. Y también amo la literatura de viajes, entendida como aquella que ocurre en un territorio fuera de casa, real o imaginario: un mar poblado de monstruos, los pueblos argentinos que Martín Caparrós recorrió para narrar “la entelequia que es un país” en su libro El interior, la llegada a México contada por la marquesa Calderón de la Barca o el asombro de una de las Ciudades invisibles de Italo Calvino. Me apasiona que ponga a dialogar el mundo interior con el exterior, lo refleje, lo cuestione.
Fabio Morábito también parece disfrutar tanto las ciudades como la literatura de viajes. Paciente contador de historias, está a gusto en la frontera porosa donde se tocan el recuerdo, la crónica, la ficción. De modo que construye ciudades/ viajes con palabras que son todo, menos inofensivas, porque también es poeta. Y además sabe de extranjerías. De desarraigos. Aprendió a hablar en italiano, pero cuando a los 15 años llegó a vivir al D.F. adoptó el español como lengua de escritura. Es decir que temprano tuvo la inquietud de encontrar el tono preciso entre todos los posibles, de saber quién es uno en un idioma y quién, en otro.
Con ese bagaje, cuando hace tiempo vivió un año en Berlín se puso a narrar no la ciudad, sino su ciudad. Con paciencia armó los 13 cuentos del libro También Berlín se olvida como si los inscribiera en el amplio registro de la literatura de viajes. A partir de la memoria y la ficción, comunican el clima mental de recorrer calles extrañas que se vuelven un poco propias, de «calentar la pluma» sin dejar de sentirse descolocado. Con frecuencia, sus personajes no saben qué decir o hacer. Llevan a cuestas una cierta vergüenza. Como el narrador que cada madrugada llega a comprar el pan y encuentra al mismo hombre que come un croissant mientras lee el periódico. El tipo no voltea a verlo y le hace cuestionarse como escritor: “¿Qué posibilidades tenía de que alguna vez mis palabras llegaran hasta él? Ninguna, prácticamente. Tenía ahí a un lector inalcanzable, que me daría la espalda toda la vida. Me pregunto si todo lo que escribí en Berlín lo escribí para él, para conmover a esa roca impasible, y si he seguido escribiendo desde entonces para ese hombre sin rostro, ajustando cada línea con la esperanza de distraerlo de su periódico”.
Ahí está, también, el turco que se dedica a ver traseros en el lago Krumme Lanke mientras otros toman el sol y se fascina con una nudista acostada en su toalla. Entonces el narrador se vuelve cómplice: «Supe que, de vivir permanentemente en Berlín, nunca sería de aquellos que se tuestan en el verano el Krumme Lanke. Sería más bien, como el turco, un solitario fauno que espía las nalgas de las mujeres. Su conducta me pareció la más digna de todo el lago. Para él la desnudez no era, como para los nudistas de fin de semana, un segundo traje más cómodo, sino todavía algo perturbador que reseca la boca y acelera los latidos. Acechaba a su presa y cuando de regreso lo vi dormido sentí piedad por él, la piedad que me inspiran los sátiros, peludos y acalorados en la espesura, siempre solos en alguna orilla y siempre burlados por las ninfas».
Al leer los cuentos de También Berlín se olvida me parece que algunos días el autor caminó descalzo las strasses alemanas sintiendo la vibración de cada una, y otros días las anduvo casi flotando, presintiendo. Sólo así me explico la variedad de registros. El libro fue publicado por Tusquets en 2004 y acaba de ser reeditado por Sexto Piso. En especial disfruto los cinco relatos agrupados bajo el nombre «El muro». Con elementos de ensayo pero sin sacrificar fuerza narrativa, teje pasajes así, de “Cómo el muro nunca existió”: «En toda edificación humana hay lugar para una grieta. El Muro de Berlín no sólo no escapó a esa lógica sino que la llevó más lejos que ninguna otra construcción. Puede decirse que empezó a caer no desde que fue construido sino desde que fue concebido. Se puede afirmar incluso que nunca existió. Lo que existió fue la grieta de Berlín. Y como una grieta no puede existir sola se hizo un muro que la contuviera. Se proyectó pues la grieta y no el muro. Se proyectó el vacío y no la presencia”.
Morábito, una de las plumas más pulidas de la literatura mexicana y quien tras 45 años de vivir aquí no pierde el suave acento italiano en la voz, es comentador asiduo de hoteles y destinos en el sitio web TripAdvisor. Quizá porque ese ejercicio conjunta algunas de sus obsesiones: las ciudades que se construyen con palabras, la extranjería, los viajes que ponen a resonar el mundo interior y el exterior.
Enamorarse de las palabras, hechas aparentemente de blanco y negro pero capaces de contener todas las cosas que hacen peligrosa y grande y soportable la vida. Esa fue la clave de vida de este poeta mayor.
En el verano de 1951, un estudiante se acercó al poeta Dylan Thomas (1914-1953) y le hizo cinco preguntas sobre el oficio de los versos. El maestro y escritor tomó en serio la petición y escribió lo que hoy se conoce como «Notas sobre el arte de la poesía». Robo un pequeño fragmento para este #MiércolesDePoesía, primero en el original en inglés (si tienes oportunidad, regálate esa lectura) y, abajo, con una decorosa traducción al español. Por esta declaración se sabe que las palabras se enamoraron perdidamente de Thomas.
«I should say I wanted to write poetry in the beginning because I had fallen in love with words. The first poems I knew were nursery rhymes, and before I could read them for myself I had come to love just the words of them, the words alone. What the words stood for, symbolised, or meant, was of very secondary importance; what mattered was the sound of them […] I fell in love —that is the only expression I can think of— at once, and am still at the mercy of words […] And, when I began to read the nursery rhymes for myself, and, later, to read other verses and ballads, I knew that I had discovered the most important things, to me, that could be ever. There they were, seemingly lifeless, made only of black and white, but out of them, out of their own being, came love and terror and pity and pain and wonder and all the other vague abstractions that make our ephemeral lives dangerous, great, and bearable […] I knew that I must live with them and in them, always […]».
«En un principio quise escribir poesía porque me había enamorado de las palabras. La poesía para niños fue la primera que conocí y aún antes de ser capaz de leer solo una línea me enamoré de las palabras, de las palabras en sí mismas. Lo que representan, su simbología o significado real, era secundario para mí. Lo que contaba era la música […] Me enamoré a primera vista. Y estoy todavía a merced de las palabras […] Cuando comencé a leer poesía infantil yo solo y, más adelante, todo tipo de versos, comprendí que había descubierto la cosa más importante del mundo para mí. Estaban ahí, aparentemente muertas, hechas sólo de negro y blanco; pero fuera de eso, fuera de su ser, mutaban en amores y temores y piedad y dolor y maravilla y todas las otras sensaciones que hacen peligrosa, grande y soportable nuestra efímera vida. […] comprendí que debía vivir con ellas y en ellas para siempre […]».
Es un fantasma demente que no me deja dormir. Y estoy feliz.
Una y media de la mañana. Estoy en mi cama (adentro, no encima: es pertinente la exacta preposición) y él está conmigo. No me puedo dormir. Otra vez cometí la estupidez de ponerme a leer, a las 11:30 p.m., «un par de páginas» antes de apagar la luz. Dos horas después, el par se ha convertido en 94 páginas saboreadas y sabroseadas. Y también en la urgencia de escribir algo, lo que sea.
Pocas cosas me emocionan tanto como toparme de frente con un escritor indispensable. Uno que sin ritual de por medio se inscribe en mi panteón personal (pan-teón en su sentido primero: templo dedicado a los dioses). En otro momento investigaré más sobre este autor raro, del que sólo había leído el espléndido cuento «Ragú de ternera», incluido en la antología Ciudad fantasma, preparada por Bernardo Esquinca y Vicente Quirarte (Almadía). De momento baste aportar sus generales: de seudónimo Francisco Tario, mexicano, 1911-1977, amigo de Paz pero huidizo de la fama literaria, oscuro por voluntad, hizo protagonistas de sus cuentos a los ataúdes, los fantasmas, los desquiciados, los malditos y las gallinas (en especial, las asesinas). Estoy leyendo Cuentos, volumen I de sus Obras completas (Fondo de Cultura Económica, 2015). Me lo regaló mi muy querido amigo José Luis Enciso, escritor, responsable de actividades culturales del FCE y lector ávido. No se imagina (o sí) cuánto le agradezco que me compartiera esto que deslumbra. Y no sólo por la narrativa impecable, con guiños a Allan Poe, Horacio Quiroga, el Conde de Maldoror, Max Aub y hasta Kafka y Borges, sino también por el lenguaje preciso, puntual y rico (de riqueza y de suculencia). Tario es maestro en crear imágenes poderosas, además de manejar los adjetivos y las esdrújulas como si nada.
El libro La noche (1943) reunió sus primeros cuentos, entre los que está «La noche del loco». Lo acabo de leer por segunda vez. Es redondito. Cabal. Genial. Arranca presentando a un tipo que más de cien veces en la última semana ha repetido: «Señorita, ¿quiere usted cenar conmigo?». Y las mismas cien, ellas se han negado. «Incluso se lo he propuesto a esas nodrizas robustas que van a flirtear con los soldados a los parques, tirando de un cochecito con toldo, en cuyo interior se vomita un bebé». Él no se explica el rechazo. Alto, un poco seco, elegante, siempre va vestido de negro y se muda de ropa interior «seis u ocho veces diarias». Tratando de entender la negativa femenina, de pronto se ilumina: «Todas las mujeres tienen su hombre. ¡Todas, todas! He nacido demasiado tarde y ya no hay un corazón disponible». Entonces, tras una breve plática con un desconocido, piensa: «¿Y si lo matara? ¡Su mujer quedaría libre entonces!». En vez de ello, visita el cementerio. «¡Ahora voy a tener mujercita y esto es espléndido! ¡No moverá mucho su cuerpecito porque está muerta, pero al menos podremos retratarnos! Si está demasiado rígida, la aceitaremos. Si su ropa se halla deteriorada, la vestiremos adecuadamente. Si está muy pálida, muy pálida, le untaremos de carmín las mejillas… Y yo me sentaré en sus rodillitas desnudas y le pasaré un brazo por su hombro, y ella me mirará con sus pobrecitos ojos quietos a mis ojos grises y sin gafas». Aunque se me antoja muchísimo contar el resto del cuento, por magistral, evitaré violar la sorpresa de este cuentazo. Aquí abajo lo puedes leer, sin costo.
Tario es un maldito loco. Un fantasma demente que se metió en mi cama, me cuenta historias y no me deja dormir. Estoy feliz.
La fuga de El Chapo Guzmán sigue, por supuesto, siendo combustible para el humor mexicano que por fuera se ríe, mientras por dentro se pudre de coraje y vergüenza. Este cartón de @patriciomonero, aparecido en el diario La Jornada de Jalisco @jornadajalisco, pone el acento en la pobreza que rodea al penal de donde se escapó el narcotraficante. Y, para acabar pronto, es la pobreza del país donde viven dos de los hombres más ricos del mundo, El Chapo y Carlos Slim, donde tener el dinero y el poder garantiza todos los privilegios.
Para tratar de encontrarle algo de sentido a lo que de por sí nació cojo, mi veta metafísica plagia aquello del Filósofo de Güémez: «Estamos como estamos porque somos como somos».
Como dice mi amigo Rafael: qué semana tuvimos en México. Entre la fuga del Chapo, los pectorales de Kahwagi y el lamentable desempeño de la Selección en la Copa Oro, de verdad que no levantamos cabeza. Por eso, el tema para la Playlist colectiva de esta semana llegó naturalito, sin mayor esfuerzo y con GPS nacional: la canción con la que le daría la bienvenida al fin del mundo. Pasé por varias pero al final me decidí por ésta: el Sensemayá, de Silvestre Revueltas (para que todo quede en la familia tricolor). Me gusta por ominosa pero no exenta de toques de humor, como supongo será el fin de este país de claroscuros y, después, el del resto del planeta, por qué no.
Abajo vienen las opciones propuestas por la comunidad a través de mi Twitter @danioska y, como siempre, hay para todos los gustos y disgustos. Participa escribiendo tu tema en los comentarios y de inmediato lo añado a la lista. Para oír cada canción sólo da click en el título.
El lunes pasado, la fuga del Chapo Guzmán me obligó a descargar la bilis en un texto que giró sobre ese tema (da click aquí para leerlo), de modo que esta semana quedó huérfana de #LunesDeMonos. Para reparar en algo el equívoco, celebro por esta vez un viernes de cuasi monos con esta cita impecable del argentino Fontanarrosa. Porque sí, una vez me incitaron e invitaron al asesinato y por poco lo celebro (el asesinato, no la incitación), así que hoy la sola palabra me genera taquicardia, angustias. Vámonos tratando mejor, sin tentaciones de crimen de por medio.
En esta nueva entrega, la narración la hace Christian, no Anastasia. Cambio de narrador, le llaman quienes saben de sutilezas.
En un derroche de ingenio y sobriedad, la nueva novela se titula Grey.
Ayer salió a la venta en España en formato digital e impreso.
La edición impresa tuvo un tiro de 500,000 ejemplares para igual número de lectores(as) que se empaparán las ganas con el sublime erotismo que los mezquinos acusan de quedarse con las ídem.
En la edición española, los libros salieron con la página 421 en blanco, «por un error informático en la imprenta». Ay, si hasta las rotativas se ponen conspiracionistas.
Para evitar suicidios en masa y un Apocalipsis adelantado, ya es posible leer la página de marras en el sitio que ofrece Grijalbo: http://www.megustaleer.com/Grey421.pdf (Noten nomás la musicalidad de la primera frase: «Por favor, no te cortes si te apetece utilizar mi cepillo de dientes —digo con ironía». Carajo, ESO es literatura).
Desde 2012, la trilogía ha vendido 125 millones de ejemplares en el mundo, de los cuales siete millones se han desplazado en España y América Latina. Para que digan los obtusos que no leemos.
Se ha traducido a 52 idiomas.
Hoy sale a la venta en México (#OhHados, compensen la fuga del Chapo: que la edición mexicana venga sin página en blanco, albur involuntario aparte).
Bonus track: Albricias, la creatividad de E. L. James aún da para rato, quizá incluso para una vigésimoséptima entrega (o sea, 27).
MIS PREGUNTAS EXISTENCIALES
Ante el hecho, mi alma regurgita cuestionamientos sesudos, a los que irresponsablemente doy paso:
¿Por qué E. L. James es ella y no es yo #FaltabaMás?
¿Por qué el destino chingaquedito se ensaña conmigo y no me pone en el camino de un Christian Grey potabilísimo y doblemente riquísimo?
¿Por qué en este mundo tan descreído, tan falto de misticismo, nadie ha propuesto canonizar a E. L. James, a quien debemos la esperanza de la sorpresa, la ilusión de lo por venir?
(Se va tarareando, con ritmo allegro: «Qué bonito que existan las 50 sombras. Si no, la vida sería harto aburrida).
(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, dentro del sitio web de la revista SoHo).
A las ocho de la noche se transmite en México, por Canal 22, el capítulo de Triángulo de Letras donde participé. Y verlo no cuesta (ni duele).
Nos reunimos en la librería Rosario Castellanos del Fondo de Cultura Económica para hablar de la poesía como un viaje, de lo que nos significa, lo ligera y huidiza que es, lo que implica escribirla. Y en una feliz coincidencia se transmite hoy, miércoles. #MiércolesDePoesía. El entrañabilísimo Eduardo Limón fue el perpetrador de la idea, para su programa semanal de literatura. Estuvimos Cristina Rascón, narradora y poeta mexicana que presentó su traducción al español de Dos mil millones de años luz de soledad (Molinos de viento), libro del japonés Shuntaro Tanikawa, y Saúl Ibargoyen, reconocido poeta uruguayo que habló de su más reciente libro: Maldita mía (Sediento Ediciones). Yo hablé, por supuesto, de mi Rabia de vida/ Rabia debida (Editorial Resistencia) y del nuevo libro que estoy cocinando. Fue un gusto en clave mayor. Espero que se goce tanto como yo disfruté grabándolo. Aquí, algunas imágenes del detrás de cámaras, obra de mi querido José Luis Enciso.
La clave fue contar una historia con la que la gente se quisiera relacionar, hacer suya. Y dejar la marca en segundo plano.
No sonaba fácil: hacer que las toallas femeninas estuvieran en el centro de la conversación. ¿Con un producto tan poco seductor? ¿Que además (por mucha tecnología añadida) es incómodo, nada glamoroso? La solución fue ponerle contenido, contar historias en torno a su público objetivo, apelar a un tema que conectara con las consumidoras. Storytelling, pues. El tema fue cuestionar los estereotipos que coartan a niñas y adolescentes, los «no puedes» y «no debes». Contrataron a la directora y documentalista Laura Greenfield, quien pidió ante la cámara a hombres y mujeres de distintos trasfondos que corrieran «como niñas», que golpearan «como niñas». El resultado fue previsible: cursilería, fragilidad, lugares comunes, todo ello cuestionado y convertido en un discurso poderoso de tres minutos, en el que hacer las cosas «como niña» no es un insulto, sino un elogio. El verano pasado la marca Always lanzó la campaña #LikeAGirl, con este primer video:
La propuesta funcionó muy bien, se viralizó, fue vista por más de 80 millones de personas. Y conste que la marca está en un obvio segundo plano. El protagonista es el empoderamiento, el valor de fondo. Luego, un anuncio desprendido de la campaña fue presentado durante el Super Bowl. La misma historia. Ahora se acaba de estrenar en México y otros ocho países esta nueva fase de la campaña. En español se titula #ComoNiña: Imparable.
En el evento de presentación se ofreció un dato duro impresionante: 90% de las niñas mexicanas entrevistadas a propósito del video sienten que la sociedad las presiona sobre cómo deben de actuar y sentir. Always dio en el clavo al tocar un tema sensible, al que nadie quiere dejar de sumarse. Y lleva las de ganar si el resultado es reforzar la autoestima, romper paradigmas estúpidos. En siete días, la versión en español lleva 895,000 vistas. Nada mal para una marca de toallas femeninas. Que aprende a contar historias.
No hay caso, señores. Los mexicanos, sospechosistas hasta el tuétano, no hacemos más que buscarles chichis a las culebras, quejarnos sin parar mientras armamos estrambóticas teorías de conspiración. En cualquier otro país, uno más expansivo y sociable, se celebra el hecho de que una socialité salga a divertirse el sábado en la noche, como cantaba Raphael. ¿No lo hacen los luminosos Donald Trump, Kim Kardashian y Caitlyn Jenner? ¿Por qué el Chapo no puede, ese agricultor que los gringos deslenguados llaman narco y que es de los hombres más ricos del mundo? ¿Por qué negarle ese derecho humano al jolgorio? La crispación que se percibe en redes sociales habla de que con nada nos complacen. Hasta lo que no comemos nos hace daño.
El gobierno de Peña Nieto, paladín de la no-discriminación, tiene el gesto de procurarle una salidita amena del Penal de Alta Seguridad del Estado de México, según la gallarda política del «Dando y dando, pajarito volando» (ay, las malas lenguas que en todo ven corrupción, de veras). Y, en un double play más que efectivo, también nos brinda pan y circo para animar nuestro bonito fin de semana. Pero no, ahí estamos con nuestra necedad, quéjese y quéjese, preguntándonos cómo es que el Chapito pudo huir por un túnel, qué componendas permitieron su fuga y si una noticia así («imperdonable», alguien dixit) no amerita que el presidente regrese de su gira histórica por Francia. No, señores, no se puede así. El Chapo sólo busca realizarse como cantante, tomar la estafeta raphaelesca, hacer gorgoritos y darle un sentido personal a aquello de:
Hoy para mí es un día especial
hoy saldré por la noche.
Podré vivir lo que el mundo nos da
cuando el sol ya se esconde.
Podré cantar una dulce canción
a la luz de la luna
y acariciar y besar a mi amor
como no lo hice nunca.
En el amor, los relojes suelen no sincronizarse. Uno ama todavía pero el otro ya no. O a la visconversa. O a la pluscuamperfecta.
Por supuesto, a lo largo de los años me ha tocado estar de ambos lados. La Playlist colectiva de esta semana se refiere a cuando uno se queda amando, aferrado a una esperanza seca. Quisiera no querer, dejar de amar de golpe pero de momento lo encuentra imposible. Lo más socorrido entonces es enojarse con el otro, resentirse con él/ella, jurar que se va a arrepentir. En idioma mexicano, a eso se le llama «estar ardido», como cuando te quemas groseramente, la piel te arde y crees que no vas a sanar de ese dolor (pero sí). Por supuesto, requiere un soundtrack particular. Aquí va mi opción: la ochenterísima Me vas a echar de menos, de José José. Es sublime aquello de que me vas a buscar y no voy a estar ahí, me vas a extrañar cada día más (desgraciado) pero no voy a volver. En resumen: Vas a sufrir por mí… por lo que yo sufro hoy por ti. Justicia poética, que le llaman.
Abajo vienen los temas propuestos por la comunidad a través de mi Twitter @danioska y mi Facebook: Julia Santibáñez. Si quieres sumar tu canción ponla en los comentarios y la añado. Si quieres oír los temas, da click en cada título para ir al video respectivo.
Por un designio de los hados que no alcanzo a comprender, algunos hombres se sienten en la obligación de decirte que eres la mujer de su vida… 10 minutos después de conocerte. Claro, y además esperan que una celebre gritando «¡Albricias, albricias!» y, acto seguido, abra las piernas. #PorDios.
Los viernes de cacería viene muy a la mano esta frase del genial Piolo, tomada de su libro #fugando conjuego (Lectorum/ Otras inquisiciones).
Modo de empleo:
Si eres mujer y te encuentras con uno de esos, déjalo que hable, que se exponga, mientras lo haces creer que estás comprando todo. Cuando quiera ponerte la mano en la entrepierna, dile al oído: «Me encanta que seas mi fan. Farrón». Luego, puedes reírte en voz fuerte.
Si eres hombre y te dan las tentaciones de bajarle la luna sin saber su nombre, acuérdate de que no, no solemos ser tan básicas. Buscamos hombres, no fans. Farrones.
PD Ok, asumo mi sesgo de género. El hecho de hablar de los Fan. Farrones no implica que no esté plenamente consciente de que hay igual número de Fan. Farronas. Advertidos quedan.
«La narrativa del cuento es tan antigua como la humanidad. Supongo que en las cavernas, las madres y los padres les contaban cuentos a los niños (cuentos de bisontes, probablemente)». Me encantaría quitar las comillas y jurar que la idea es mía, pero no. Lo dijo Cortázar, lo leo en Clases de literatura. Berkeley, 1980 (Alfaguara).
Igual que todos amo las historias, me enganchan los cuentos, sean de la vida-real o de la vida-de-ficción. Resueno con historias, conecto con ellas porque me disparan emociones, me hacen sentir. En cambio, los datos suelen dejarme fría. «En el terremoto murieron 500 personas de la zona más pobre de la ciudad» no pasa de ser una referencia que olvido en cinco minutos. En cambio, me conmueve leer: «En el terremoto murió Rosario, indigente de 60 años que estaba terminando la secundaria y quedó sepultada entre sus libros». Esa mujer me toca más que las otras 499 víctimas del sismo, que me son una cifra. Y no tiene que haber tragedia para impactar. También me tocan los contenidos de amor, descubrimiento, valentía y humor, detrás de los cuales hay personas. Ya lo dijo Terencio: «Soy humano y nada de lo que es humano puede parecerme ajeno». Los cuentacuentos lo saben desde siempre.
Recientemente las historias se ponen de moda para la mercadotecnia, en una rama del Content Marketing. Las marcas buscan contarlas porque saben que aumentan su impacto, que una narrativa certera que logre empatía puede conseguir lo que muchos anuncios no. Así se acuña desde el marketing el término Storytelling, así se revaloriza desde una trinchera extraliteraria el Arte de contar historias. Y como amante de los contenidos también me interesa ese ángulo. Todo esto viene a colación porque me encuentro este anuncio de Nike (ver abajo), que en tres minutos «relata» en primera persona lo que es ser jugador profesional de futbol y lo hace a partir de imágenes (hay un espléndido guión detrás), con lo que rompe las barreras del idioma. Me parece interesantísimo que el verdadero protagonista del anuncio sea el narrador y no la marca, que aparece de forma más bien discreta. Y Nike sabe lo que hace, no está tirando su dinero. Si hasta hace poco las marcas se entronizaban en sus anuncios, ahora ponen por delante personas que tienen una historia. Y las historias me apasionan, sean de bisontes o de futbolistas.
Aquí, el anuncio:
(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo).