#MiércolesDePoesía Feroz declaración de amor por las palabras

El poeta galés Dylan Thomas
El poeta galés Dylan Thomas

Enamorarse de las palabras, hechas aparentemente de blanco y negro pero capaces de contener todas las cosas que hacen peligrosa y grande y soportable la vida. Esa fue la clave de vida de este poeta mayor.

En el verano de 1951, un estudiante se acercó al poeta Dylan Thomas (1914-1953) y le hizo cinco preguntas sobre el oficio de los versos. El maestro y escritor tomó en serio la petición y escribió lo que hoy se conoce como «Notas sobre el arte de la poesía». Robo un pequeño fragmento para este #MiércolesDePoesía, primero en el original en inglés (si tienes oportunidad, regálate esa lectura) y, abajo, con una decorosa traducción al español. Por esta declaración se sabe que las palabras se enamoraron perdidamente de Thomas.

«I should say I wanted to write poetry in the beginning because I had fallen in love with words. The first poems I knew were nursery rhymes, and before I could read them for myself I had come to love just the words of them, the words alone. What the words stood for, symbolised, or meant, was of very secondary importance; what mattered was the sound of them […] I fell in love —that is the only expression I can think of— at once, and am still at the mercy of words […] And, when I began to read the nursery rhymes for myself, and, later, to read other verses and ballads, I knew that I had discovered the most important things, to me, that could be ever. There they were, seemingly lifeless, made only of black and white, but out of them, out of their own being, came love and terror and pity and pain and wonder and all the other vague abstractions that make our ephemeral lives dangerous, great, and bearable […] I knew that I must live with them and in them, always […]».

Da click aquí para leer el texto completo en inglés

«En un principio quise escribir poesía porque me había enamorado de las palabras. La poesía para niños fue la primera que conocí y aún antes de ser capaz de leer solo una línea me enamoré de las palabras, de las palabras en sí mismas. Lo que representan, su simbología o significado real, era secundario para mí. Lo que contaba era la música […] Me enamoré a primera vista. Y estoy todavía a merced de las palabras […] Cuando comencé a leer poesía infantil yo solo y, más adelante, todo tipo de versos, comprendí que había descubierto la cosa más importante del mundo para mí. Estaban ahí, aparentemente muertas, hechas sólo de negro y blanco; pero fuera de eso, fuera de su ser, mutaban en amores y temores y piedad y dolor y maravilla y todas las otras sensaciones que hacen peligrosa, grande y soportable nuestra efímera vida. […] comprendí que debía vivir con ellas y en ellas para siempre […]».

Da click aquí para leer el texto completo en español, traducido por Pedro J. Albertelli, publicado en la Revista Sur 283

 

Éste es el loco que se metió en mi cama

El loco: Francisco Tario
El loco: Francisco Tario

Es un fantasma demente que no me deja dormir. Y estoy feliz.

Una y media de la mañana. Estoy en mi cama (adentro, no encima: es pertinente la exacta preposición) y él está conmigo. No me puedo dormir. Otra vez cometí la estupidez de ponerme a leer, a las 11:30 p.m., «un par de páginas» antes de apagar la luz. Dos horas después, el par se ha convertido en 94 páginas saboreadas y sabroseadas. Y también en la urgencia de escribir algo, lo que sea.

Pocas cosas me emocionan tanto como toparme de frente con un escritor indispensable. Uno que sin ritual de por medio se inscribe en mi panteón personal (pan-teón en su sentido primero: templo dedicado a los dioses). En otro momento investigaré más sobre este autor raro, del que sólo había leído el espléndido cuento «Ragú de ternera», incluido en la antología Ciudad fantasma, preparada por Bernardo Esquinca y Vicente Quirarte (Almadía). De momento baste aportar sus generales: de seudónimo Francisco Tario, mexicano, 1911-1977, amigo de Paz pero huidizo de la fama literaria, oscuro por voluntad, hizo protagonistas de sus cuentos a los ataúdes, los fantasmas, los desquiciados, los malditos y las gallinas (en especial, las asesinas). Estoy leyendo Cuentos, volumen I de sus Obras completas (Fondo de Cultura Económica, 2015). Me lo regaló mi muy querido amigo José Luis Enciso, escritor, responsable de actividades culturales del FCE y lector ávido. No se imagina (o sí) cuánto le agradezco que me compartiera esto que deslumbra. Y no sólo por la narrativa impecable, con guiños a Allan Poe, Horacio Quiroga, el Conde de Maldoror, Max Aub y hasta Kafka y Borges, sino también por el lenguaje preciso, puntual y rico (de riqueza y de suculencia). Tario es maestro en crear imágenes poderosas, además de manejar los adjetivos y las esdrújulas como si nada.

El libro La noche (1943) reunió sus primeros cuentos, entre los que está «La noche del loco». Lo acabo de leer por segunda vez. Es redondito. Cabal. Genial. Arranca presentando a un tipo que más de cien veces en la última semana ha repetido: «Señorita, ¿quiere usted cenar conmigo?». Y las mismas cien, ellas se han negado. «Incluso se lo he propuesto a esas nodrizas robustas que van a flirtear con los soldados a los parques, tirando de un cochecito con toldo, en cuyo interior se vomita un bebé». Él no se explica el rechazo. Alto, un poco seco, elegante, siempre va vestido de negro y se muda de ropa interior «seis u ocho veces diarias». Tratando de entender la negativa femenina, de pronto se ilumina: «Todas las mujeres tienen su hombre. ¡Todas, todas! He nacido demasiado tarde y ya no hay un corazón disponible». Entonces, tras una breve plática con un desconocido, piensa: «¿Y si lo matara? ¡Su mujer quedaría libre entonces!». En vez de ello, visita el cementerio. «¡Ahora voy a tener mujercita y esto es espléndido! ¡No moverá mucho su cuerpecito porque está muerta, pero al menos podremos retratarnos! Si está demasiado rígida, la aceitaremos. Si su ropa se halla deteriorada, la vestiremos adecuadamente. Si está muy pálida, muy pálida, le untaremos de carmín las mejillas… Y yo me sentaré en sus rodillitas desnudas y le pasaré un brazo por su hombro, y ella me mirará con sus pobrecitos ojos quietos a mis ojos grises y sin gafas». Aunque se me antoja muchísimo contar el resto del cuento, por magistral, evitaré violar la sorpresa de este cuentazo. Aquí abajo lo puedes leer, sin costo.

Tario es un maldito loco. Un fantasma demente que se metió en mi cama, me cuenta historias y no me deja dormir. Estoy feliz.

Da click aquí para leer gratis «La noche del loco».

Da click aquí para oír dos cuentos de Tario: «La noche del féretro» y «La noche del traje gris».

Da click aquí para leer tres cuentos de Tario, entre ellos «Ragú de ternera».

Francisco Tario, Obras Completas. I. Cuentos, Fondo de Cultura Económica
Francisco Tario, Obras Completas. I. Cuentos, Fondo de Cultura Económica

#LunesDeMonos El Chapo y la filosofía

Cartón: @patriciomonero
Cartón: @patriciomonero

La fuga de El Chapo Guzmán sigue, por supuesto, siendo combustible para el humor mexicano que por fuera se ríe, mientras por dentro se pudre de coraje y vergüenza. Este cartón de @patriciomonero, aparecido en el diario La Jornada de Jalisco @jornadajalisco, pone el acento en la pobreza que rodea al penal de donde se escapó el narcotraficante. Y, para acabar pronto, es la pobreza del país donde viven dos de los hombres más ricos del mundo, El Chapo y Carlos Slim, donde tener el dinero y el poder garantiza todos los privilegios.

Para tratar de encontrarle algo de sentido a lo que de por sí nació cojo, mi veta metafísica plagia aquello del Filósofo de Güémez: «Estamos como estamos porque somos como somos».

#SábadoDeMúsica Mi canción para el Apocalipsis

Captura de pantalla 2015-07-17 a las 22.37.38

Como dice mi amigo Rafael: qué semana tuvimos en México. Entre la fuga del Chapo, los pectorales de Kahwagi y el lamentable desempeño de la Selección en la Copa Oro, de verdad que no levantamos cabeza. Por eso, el tema para la Playlist colectiva de esta semana llegó naturalito, sin mayor esfuerzo y con GPS nacional: la canción con la que le daría la bienvenida al fin del mundo. Pasé por varias pero al final me decidí por ésta: el Sensemayá, de Silvestre Revueltas (para que todo quede en la familia tricolor). Me gusta por ominosa pero no exenta de toques de humor, como supongo será el fin de este país de claroscuros y, después, el del resto del planeta, por qué no.

Abajo vienen las opciones propuestas por la comunidad a través de mi Twitter @danioska y, como siempre, hay para todos los gustos y disgustos. Participa escribiendo tu tema en los comentarios y de inmediato lo añado a la lista. Para oír cada canción sólo da click en el título.

Ahora sí: que Dios nos agarre confesados.

  1. @leoagusto Rock And Roll, de Gary Glitter
  2. @mangelangeles The Passenger, de Iggy Pop
  3. @AberahKeDabar Gortoz A Ran, de Denez Prigent
  4. @gmblawyer Paschendale, de Iron Maiden
  5. @AdrianoDeLucio Gimme Shelter, de The Rolling Stones
  6. @grillopez The Unforgiven, de Apocalyptica Plays Metallica By Four Cellos
  7. @yimau A Tale That Wasn’t Right, de Helloween
  8. @daniacsant Save Me, de Remy Zero
  9. @elzeable Rage Against The Machine, de Guerrilla Radio
  10. @_EduardoMoreno Preludio de Tristán e Iseo, de Wagner
  11. @AliasCane Shattering Sea, de Tori Amos
  12. @mardeneptuno Macarena, de Los Del Río
  13. @bernal_loureiro Bolero, de Maurice Ravel, interpretado por la Filarmónica de Viena
  14. @Charfornication Slow Train Coming, de Bob Dylan
  15. @JorgeLuisBorgia Orties Cuisantes, de John Zorn
  16. @Josdamet Suite #3 BWV 1068, de J. S. Bach
  17. @danywino La Grosse Fuge, de Beethoven
  18. @carlosbravoreg y Marcela Sánchez Greene It’s The End Of The World, de R.E.M.
  19. @perio_gdl Heaven And Hell, de Vangelis
  20. Ana Victoria Taché Sweet Dreams, de Eurythmics
  21. @JJMontoyaP Réquiem, de Mozart (Ofertorio)
  22. @yasser_mv Apocalypse Please, de Muse 
  23. Ramrock Aqualung, de Jethro Tull
  24. Ailidu Las cuatro estaciones, de Vivaldi (Primavera)
  25. Mariana Pineda El mundo se va a acabar, de Mono Blanco 
  26. Leticia Saldaña Me vale, de Maná

De cuando dos palabras incitan a asesinar

Captura de pantalla 2015-06-29 a las 7.46.35

El lunes pasado, la fuga del Chapo Guzmán me obligó a descargar la bilis en un texto que giró sobre ese tema (da click aquí para leerlo), de modo que esta semana quedó huérfana de #LunesDeMonos. Para reparar en algo el equívoco, celebro por esta vez un viernes de cuasi monos con esta cita impecable del argentino Fontanarrosa. Porque sí, una vez me incitaron e invitaron al asesinato y por poco lo celebro (el asesinato, no la incitación), así que hoy la sola palabra me genera taquicardia, angustias. Vámonos tratando mejor, sin tentaciones de crimen de por medio.

Cuarta parte de las 50 sombras de Grey: la página faltante y mis preguntas existenciales

Captura de pantalla 2015-07-16 a las 7.42.54 LA PÁGINA FALTANTE

Aquí, los hechos puntuales:

  1. El 18 de junio se publicó en inglés la cuarta parte de la saga 50 sombras de Grey, de la que he hablado gozosamente antes. Da click aquí para leer «10 novelas eróticas que valen la pena y NO se llaman 50 sombras».
  2. En esta nueva entrega, la narración la hace Christian, no Anastasia. Cambio de narrador, le llaman quienes saben de sutilezas.
  3. En un derroche de ingenio y sobriedad, la nueva novela se titula Grey.
  4. Ayer salió a la venta en España en formato digital e impreso.
  5. La edición impresa tuvo un tiro de 500,000 ejemplares para igual número de lectores(as) que se empaparán las ganas con el sublime erotismo que los mezquinos acusan de quedarse con las ídem.
  6. En la edición española, los libros salieron con la página 421 en blanco, «por un error informático en la imprenta». Ay, si hasta las rotativas se ponen conspiracionistas.
  7. Para evitar suicidios en masa y un Apocalipsis adelantado, ya es posible leer la página de marras en el sitio que ofrece Grijalbo: http://www.megustaleer.com/Grey421.pdf (Noten nomás la musicalidad de la primera frase: «Por favor, no te cortes si te apetece utilizar mi cepillo de dientes —digo con ironía». Carajo, ESO es literatura).
  8. Desde 2012, la trilogía ha vendido 125 millones de ejemplares en el mundo, de los cuales siete millones se han desplazado en España y América Latina. Para que digan los obtusos que no leemos.
  9. Se ha traducido a 52 idiomas.
  10. Hoy sale a la venta en México (#OhHados, compensen la fuga del Chapo: que la edición mexicana venga sin página en blanco, albur involuntario aparte).

Bonus track: Albricias, la creatividad de E. L. James aún da para rato, quizá incluso para una vigésimoséptima entrega (o sea, 27).

MIS PREGUNTAS EXISTENCIALES

Ante el hecho, mi alma regurgita cuestionamientos sesudos, a los que irresponsablemente doy paso:

¿Por qué E. L. James es ella y no es yo #FaltabaMás?

¿Por qué el destino chingaquedito se ensaña conmigo y no me pone en el camino de un Christian Grey potabilísimo y doblemente riquísimo?

¿Por qué en este mundo tan descreído, tan falto de misticismo, nadie ha propuesto canonizar a E. L. James, a quien debemos la esperanza de la sorpresa, la ilusión de lo por venir?

(Se va tarareando, con ritmo allegro: «Qué bonito que existan las 50 sombras. Si no, la vida sería harto aburrida).

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, dentro del sitio web de la revista SoHo).

#MiércolesDePoesía Hoy, mis poemas en televisión

 

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A las ocho de la noche se transmite en México, por Canal 22, el capítulo de Triángulo de Letras donde participé. Y verlo no cuesta (ni duele).

Nos reunimos en la librería Rosario Castellanos del Fondo de Cultura Económica para hablar de la poesía como un viaje, de lo que nos significa, lo ligera y huidiza que es, lo que implica escribirla. Y en una feliz coincidencia se transmite hoy, miércoles. #MiércolesDePoesía. El entrañabilísimo Eduardo Limón fue el perpetrador de la idea, para su programa semanal de literatura. Estuvimos Cristina Rascón, narradora y poeta mexicana que presentó su traducción al español de Dos mil millones de años luz de soledad (Molinos de viento), libro del japonés Shuntaro Tanikawa, y Saúl Ibargoyen, reconocido poeta uruguayo que habló de su más reciente libro: Maldita mía (Sediento Ediciones). Yo hablé, por supuesto, de mi Rabia de vida/ Rabia debida (Editorial Resistencia) y del nuevo libro que estoy cocinando. Fue un gusto en clave mayor. Espero que se goce tanto como yo disfruté grabándolo. Aquí, algunas imágenes del detrás de cámaras, obra de mi querido José Luis Enciso.

Para ver el programa: si vives en México sintoniza el Canal 22 a las ocho de la noche.
Si vives en el extranjero: me dicen que en esta liga se puede ver la transmisión http://www.canal22.org.mx/p/internacional/index.php?s=int&t=c&h=08:36:13

Y para no perder la sana costumbre de compartir unos versos los #MiércolesDePoesía, dejo aquí un texto de los incluidos en mi libro:

Me inunda el miedo de hallarte una tarde
pechos en cabestrillo
vientre lleno de agua
Julia rota.
Miedo de encontrarte en mi piel
anciana helada.

(Hoy escupo en tu nombre
y te odio en mi vello.)

Miedo de la aridez de tu féretro
de la lujuria marchita
de la saliva inútil.

(Hoy no te conozco y te consagro mucha tinta.
Un día, tu entrepierna desolada ya no merecerá
ni una línea.)

Miedo,
Julia.

Captura de pantalla 2015-07-15 a las 9.00.27

Volver las toallas femeninas un tema de conversación (sí, un caso de éxito

Captura de pantalla 2015-07-14 a las 5.06.01La clave fue contar una historia con la que la gente se quisiera relacionar, hacer suya. Y dejar la marca en segundo plano.

No sonaba fácil: hacer que las toallas femeninas estuvieran en el centro de la conversación. ¿Con un producto tan poco seductor? ¿Que además (por mucha tecnología añadida) es incómodo, nada glamoroso? La solución fue ponerle contenido, contar historias en torno a su público objetivo, apelar a un tema que conectara con las consumidoras. Storytelling, pues. El tema fue cuestionar los estereotipos que coartan a niñas y adolescentes, los «no puedes» y «no debes». Contrataron a la directora y documentalista Laura Greenfield, quien pidió ante la cámara a hombres y mujeres de distintos trasfondos que corrieran «como niñas», que golpearan «como niñas». El resultado fue previsible: cursilería, fragilidad, lugares comunes, todo ello cuestionado y convertido en un discurso poderoso de tres minutos, en el que hacer las cosas «como niña» no es un insulto, sino un elogio. El verano pasado la marca Always lanzó la campaña #LikeAGirl, con este primer video:

La propuesta funcionó muy bien, se viralizó, fue vista por más de 80 millones de personas. Y conste que la marca está en un obvio segundo plano. El protagonista es el empoderamiento, el valor de fondo. Luego, un anuncio desprendido de la campaña fue presentado durante el Super Bowl. La misma historia. Ahora se acaba de estrenar en México y otros ocho países esta nueva fase de la campaña. En español se titula #ComoNiña: Imparable.

En el evento de presentación se ofreció un dato duro impresionante: 90% de las niñas mexicanas entrevistadas a propósito del video sienten que la sociedad las presiona sobre cómo deben de actuar y sentir. Always dio en el clavo al tocar un tema sensible, al que nadie quiere dejar de sumarse. Y lleva las de ganar si el resultado es reforzar la autoestima, romper paradigmas estúpidos. En siete días, la versión en español lleva 895,000 vistas. Nada mal para una marca de toallas femeninas. Que aprende a contar historias.

El Chapo se lanza como cantante

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No hay caso, señores. Los mexicanos, sospechosistas hasta el tuétano, no hacemos más que buscarles chichis a las culebras, quejarnos sin parar mientras armamos estrambóticas teorías de conspiración. En cualquier otro país, uno más expansivo y sociable, se celebra el hecho de que una socialité salga a divertirse el sábado en la noche, como cantaba Raphael. ¿No lo hacen los luminosos Donald Trump, Kim Kardashian y Caitlyn Jenner? ¿Por qué el Chapo no puede, ese agricultor que los gringos deslenguados llaman narco y que es de los hombres más ricos del mundo? ¿Por qué negarle ese derecho humano al jolgorio? La crispación que se percibe en redes sociales habla de que con nada nos complacen. Hasta lo que no comemos nos hace daño.

El gobierno de Peña Nieto, paladín de la no-discriminación, tiene el gesto de procurarle una salidita amena del Penal de Alta Seguridad del Estado de México, según la gallarda política del «Dando y dando, pajarito volando» (ay, las malas lenguas que en todo ven corrupción, de veras). Y, en un double play más que efectivo, también nos brinda pan y circo para animar nuestro bonito fin de semana. Pero no, ahí estamos con nuestra necedad, quéjese y quéjese, preguntándonos cómo es que el Chapito pudo huir por un túnel, qué componendas permitieron su fuga y si una noticia así («imperdonable», alguien dixit) no amerita que el presidente regrese de su gira histórica por Francia. No, señores, no se puede así. El Chapo sólo busca realizarse como cantante, tomar la estafeta raphaelesca, hacer gorgoritos y darle un sentido personal a aquello de:
Hoy para mí es un día especial
hoy saldré por la noche.
Podré vivir lo que el mundo nos da
cuando el sol ya se esconde.
Podré cantar una dulce canción
a la luz de la luna
y acariciar y besar a mi amor
como no lo hice nunca.

#SábadoDeMúsica Mi canción «ardida» favorita

 

Captura de pantalla 2015-07-11 a las 9.27.00

En el amor, los relojes suelen no sincronizarse. Uno ama todavía pero el otro ya no. O a la visconversa. O a la pluscuamperfecta.

Por supuesto, a lo largo de los años me ha tocado estar de ambos lados. La Playlist colectiva de esta semana se refiere a cuando uno se queda amando, aferrado a una esperanza seca. Quisiera no querer, dejar de amar de golpe pero de momento lo encuentra imposible. Lo más socorrido entonces es enojarse con el otro, resentirse con él/ella, jurar que se va a arrepentir. En idioma mexicano, a eso se le llama «estar ardido», como cuando te quemas groseramente, la piel te arde y crees que no vas a sanar de ese dolor (pero sí). Por supuesto, requiere un soundtrack particular. Aquí va mi opción: la ochenterísima Me vas a echar de menos, de José José. Es sublime aquello de que me vas a buscar y no voy a estar ahí, me vas a extrañar cada día más (desgraciado) pero no voy a volver. En resumen: Vas a sufrir por mí… por lo que yo sufro hoy por ti. Justicia poética, que le llaman.

Abajo vienen los temas propuestos por la comunidad a través de mi Twitter @danioska y mi Facebook: Julia Santibáñez. Si quieres sumar tu canción ponla en los comentarios y la añado. Si quieres oír los temas, da click en cada título para ir al video respectivo.

  1. Benjamín Recacha Whole Lotta Love, de Led Zeppelin
  2. @antonioliho y @JR_UKMX La planta, de Caos
  3. @Clau_diaHs y Dulce Villaseñor Paloma negra, interpretada por Chavela Vargas
  4. @gerryyeah Te solté la rienda, de José Alfredo Jiménez, interpretada por Maná
  5. @perio_gdl Fuck You/ Gonna Get Over You, de Sara Bareilles
  6. @AbraQuedabra La bruja, de Paty Ivison
  7. @cccorporativo Fallaste, corazón, de Pedro Infante
  8. @Salo_Emmanuel El amor apesta, de Charlie Montana
  9. @danywino Mysery, de Soul Asylum
  10. @AdrianoDeLucio y @el_messire La chancla, de Antonio Aguilar
  11. Gabriel González La estaca, de Los Aterciopelados
  12. Paulina Santibáñez You Oughta Know, de Alanis Morissette
  13. Roxana Roldán Mi peor error, de Alejandra Guzmán
  14. Leonardo Tarifeño Por ti no moriré, de Joe Arroyo
  15. Kim Burlingham Profecía (poema), de Rafael de León
  16. Alex Fink Lonely School, de Tommy Shaw
  17. Mariana Pineda Rata de dos patas, de Paquita, la del Barrio
  18. Elizabeth Vargas Paredes Un mundo raro, de José Alfredo Jiménez
  19. María Rosas A Groovy Kind Of Love, de Phil Collins
  20. Daniel Zavala En carne viva, de Raphael
  21. Arántza Carvallo Bootylicious, de Destiny’s Child
  22. Amor Lajud Ojalá que te mueras, de Grupo Pesado
  23. Lux Lancheros Back Off, Bitch, de Guns N’Roses
  24. @PolaThrace Drop Dead, Gorgeous, de Republica
  25. @El_Esagui Que se me acabe la vida, de José Alfredo Jiménez
  26. Javier Martínez Staines Se secó el arroyito, de Los compadres
  27. Ana Victoria Taché ¡Qué grosero!, de Las ultrasónicas
  28. @oscarjimo Ya te olvidé, de Juan Gabriel e interpretada por Rocío Dúrcal
  29. @gmblawyer Love Bites, de Def Leppard
  30. @fcomasse Just Like a Woman, de Bob Dylan
  31. @F4U_4 El rey, de José Alfredo Jiménez interpretada por Vicente Fernández
  32. @AdanSerret Bad Cover, de Pulp
  33. Viramo Spiro Io si, de Luigi Tenco
  34. @yasser_mv This Forgotten Love, de Human Drama
  35. @arr1910 y Lurda55 Te lloré un río, de Maná
  36. @DaniaCSant Puke, de Eminem
  37. Ailidu Insensible, de Juan Gabriel
  38. Borgeano A Good Man is Hard To Find, de Tom Waits
  39. Franklin Farell Qué manera de perder, de Cuco Sánchez
  40. Shira Shaman Debí llorar, de Silvia Pérez Cruz

Da click aquí para ir a las Playlists más recientes:

  1. La canción que pongo cuando estoy triste
  2. Mi canción favorita de los 80
  3. Mi canción preferida para decir «te quiero»

Dedicado a los galanes de viernes

 

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Por un designio de los hados que no alcanzo a comprender, algunos hombres se sienten en la obligación de decirte que eres la mujer de su vida… 10 minutos después de conocerte. Claro, y además esperan que una celebre gritando «¡Albricias, albricias!» y, acto seguido, abra las piernas. #PorDios.

Los viernes de cacería viene muy a la mano esta frase del genial Piolo, tomada de su libro #fugando conjuego (Lectorum/ Otras inquisiciones).

Modo de empleo:

Si eres mujer y te encuentras con uno de esos, déjalo que hable, que se exponga, mientras lo haces creer que estás comprando todo. Cuando quiera ponerte la mano en la entrepierna, dile al oído: «Me encanta que seas mi fan. Farrón». Luego, puedes reírte en voz fuerte.

Si eres hombre y te dan las tentaciones de bajarle la luna sin saber su nombre, acuérdate de que no, no solemos ser tan básicas. Buscamos hombres, no fans. Farrones.

PD Ok, asumo mi sesgo de género. El hecho de hablar de los Fan. Farrones no implica que no esté plenamente consciente de que hay igual número de Fan. Farronas. Advertidos quedan.

Storytelling o el nuevo-viejo arte de contar historias

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«La narrativa del cuento es tan antigua como la humanidad. Supongo que en las cavernas, las madres y los padres les contaban cuentos a los niños (cuentos de bisontes, probablemente)». Me encantaría quitar las comillas y jurar que la idea es mía, pero no. Lo dijo Cortázar, lo leo en Clases de literatura. Berkeley, 1980 (Alfaguara).

Igual que todos amo las historias, me enganchan los cuentos, sean de la vida-real o de la vida-de-ficción. Resueno con historias, conecto con ellas porque me disparan emociones, me hacen sentir. En cambio, los datos suelen dejarme fría. «En el terremoto murieron 500 personas de la zona más pobre de la ciudad» no pasa de ser una referencia que olvido en cinco minutos. En cambio, me conmueve leer: «En el terremoto murió Rosario, indigente de 60 años que estaba terminando la secundaria y quedó sepultada entre sus libros». Esa mujer me toca más que las otras 499 víctimas del sismo, que me son una cifra. Y no tiene que haber tragedia para impactar. También me tocan los contenidos de amor, descubrimiento, valentía y humor, detrás de los cuales hay personas. Ya lo dijo Terencio: «Soy humano y nada de lo que es humano puede parecerme ajeno». Los cuentacuentos lo saben desde siempre.

Recientemente las historias se ponen de moda para la mercadotecnia, en una rama del Content Marketing. Las marcas buscan contarlas porque saben que aumentan su impacto, que una narrativa certera que logre empatía puede conseguir lo que muchos anuncios no. Así se acuña desde el marketing el término Storytelling, así se revaloriza desde una trinchera extraliteraria el Arte de contar historias. Y como amante de los contenidos también me interesa ese ángulo. Todo esto viene a colación porque me encuentro este anuncio de Nike (ver abajo), que en tres minutos «relata» en primera persona lo que es ser jugador profesional de futbol y lo hace a partir de imágenes (hay un espléndido guión detrás), con lo que rompe las barreras del idioma. Me parece interesantísimo que el verdadero protagonista del anuncio sea el narrador y no la marca, que aparece de forma más bien discreta. Y Nike sabe lo que hace, no está tirando su dinero. Si hasta hace poco las marcas se entronizaban en sus anuncios, ahora ponen por delante personas que tienen una historia. Y las historias me apasionan, sean de bisontes o de futbolistas.

Aquí, el anuncio:

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo).

#MiércolesDePoesía Alabar su manera de hacerlo

Pintura: Tamara de Lempicka
Pintura: Tamara de Lempicka

Hoy vienen de visita Tamara de Lempicka, con esta joya de pintura, y un bicho raro dentro del mundillo literario mexicano. Se llama Gabriel Zaid, nació en 1934 y es hombre de libros, poeta, ensayista, crítico y editor, todo de primer nivel. En especial disfruto sus textos sobre el oficio de leer, la situación de las bibliotecas en el país, la lectura en México. Y otra cosa me gusta de él: lejos de los escritores-dados-al-relumbrón, desde hace mucho Zaid evita las entrevistas, las fotos. Es una especie de caballero discreto, más interesado en que lo conozcan por sus letras que por sus declaraciones.

Le pido acompañar este #MiércolesDePoesía con un poema breve cargado de humor y sugerencia, donde el amante reconoce que no le conviene hacerle propaganda a su espléndida amada. Me encanta.

«¡Qué bien se hace contigo, vida mía!

Muchas mujeres lo hacen bien
pero ninguna como tú.

La Sulamita, en la gloria,
se asoma a verte hacerlo.

Y yo le digo que no,
que nos deje, que ya lo escribiré.
Pero si lo escribiese
te volverías legendaria.

Y ni creo en la poesía autobiográfica
ni me conviene hacerte propaganda».

-Gabriel Zaid, «Alabando su manera de hacerlo», en Antología general de la poesía mexicana (Océano)

 

 

 

«El plagio bien hecho es una obra de arte»

Uno de los hermanos Posin
Uno de los hermanos Posin

Son tres hermanos, de apellido Posin. Reproducen cuadros icónicos de la historia del arte, desde la Gioconda hasta El nacimiento de Venus de Botticelli y varios de Rembrandt, entre muchos otros. El verbo parece exacto: desde su taller en Berlín no intentan hacerlos pasar por originales, no cometen fraude, no los copian sino los re-producen, desde buscar lienzos envejecidos y crear pigmentos que logren el tono exacto del original, hasta hundirse paso a paso en el proceso psicológico del creador y darle su alma. Y aunque venden sus obras por precios que alcanzan los 10,000 euros, afirman que lo que les interesa es el arte, no el negocio, porque el plagio bien hecho es una obra de arte. Por eso, cuando algún museo despistado ha querido dar por original un cuadro suyo, ellos han afirmado: «es nuestro». Los Posin ya cuentan con un museo en Brandemburgo que expone solamente sus trabajos y recibe unos 5,000 visitantes por año, felices de ver de cerca piezas cuyos originales nunca podrán admirar en Nueva York o París. Pero lo que más me alucina es que dan un paso más: llegan a reproducir obras que no existieron, a partir de imaginar que equis artista hubiera pintado tal escena exactamente así. De algún modo se vuelven la conciencia viva del creador que murió hace siglos (o ayer). ¿Así o más fascinante su historia?

Quienes rondan los pasillos de este blog saben que el tema de la originalidad me interesa mucho, sobre todo por lo que toca a mi propio proceso de escritura. He subido varias entradas sobre el asunto (abajo están los enlaces), porque me apasiona hilar en torno a preguntas como: ¿Puedo ser totalmente original cuando a diario recibo estímulos de todo tipo, la mayor parte de los cuales no escojo ni filtro conscientemente y, por tanto, mañana quizá incorpore en un poema alguno de ellos sin saberlo? ¿Considero un valor sacrosanto la originalidad vista como crear-de-cero o más bien la entiendo como la reformulación de influencias? Me encanta lo que dice Jonathan Lethem en ese texto central que es Contra la originalidad (Tumbona Ediciones): «[…] es evidente que la apropiación, la imitación, la cita, la alusión y la colaboración sublimada forman una especie de sine qua non del acto creativo y atraviesan todas las formas y géneros en el ámbito de la producción cultural». Por supuesto, estoy convencida de que no se crea desde la nada y en cambio prefiero entender la originalidad como la revigorización de influencias y lecturas a partir de nuevas combinatorias.

El tema cobra fuerza especial en estos días, cuando el escritor argentino Pablo Katchadjian fue demandado por María Kodama, voraz viuda de Borges, por la publicación de El Aleph engordado, intervención que dejó intocado el cuento original, pero al cual añadió 5,600 palabras. Me parece que hay mucho que pensar y discutir sobre el asunto, como centrarnos en la calidad literaria de la nueva obra y dejar de rasgarnos las vestiduras por las parodias o revisiones hechas a una obra canónica. Pero, hablando de Borges, los Posin vienen a ser algo así como la encarnación de unos Pierre Menards de la pintura. Tres veces fascinantes.

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#LunesDeMonos ¿Hay mayor don que unas buenas tetas?

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Por principio, dispensen que use este dibujo rojillo para ilustrar en sentido contrario, porque no, estoy convencida de que no hay mayor encanto que un par de toronjas talla 36Z.

Cada vez más mujeres progres, profesionistas y profesionales independientes, llevan puesta la quincena. Ropa, zapatos y accesorios, maquillaje, joyas, cremas, tratamientos y, claro, las necesarias cirugías estéticas. Me regocija, es el mejor esteitment de que realmente hemos aprendido, de que ya nos liberamos del yugo servil «agradarás a tu prójimo sobre todas las cosas», propio de nuestro sexo durante siglos. ¿Qué es aquella aspiración de la anticuada Sor Juana de «poner bellezas en mi entendimiento/ y no mi entendimiento en las bellezas»? No, señoras mías. Desde la monja jerónima hasta la ilustradora española Sara Herranz (quien perpetró esta ilustración malévola del #LunesDeMonos), esa caterva de machorras, insatisfechas y feministas que quieren ser atractivas por su conversación y sus lecturas, no por sus implantes, ha hecho daño (no mucho, es cierto). Así que, lo dicho: nosotras a seguir con el mandato de los Padres de cerrar la boca y abrir las piernas. Nada más, pero nada menos.

#SábadoDeMúsica La canción que pongo cuando estoy triste

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Llegó el día de la originalísima y vitoreadísima Playlist colectiva, que entre todos armamos para los imperdibilísimos #SábadosDeMúsica (notar mi entusiasmo subrayado). El tema de hoy, La canción para cuando estoy triste, se prestó para distintas interpretaciones, desde la de los azotados como yo, que ponemos música para lamernos a gusto las heridas, hasta la de los escapistas, que luego luego quieren huir a parajes más amables. En fin, ahí está la Playlist, ecléctica como debe ser. Mi opción es River, de Angus Stone, con ese «Oh, I wish I had a river/
I could skate away on». Más abajo vienen los temas propuestos por la comunidad. Da click en el título de cada canción para ir al video respectivo y si quieres sumar tu canción ponla en los comentarios.

Jolie #SábadoDeMúsica.

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  1. Gerardo Trying Not To Love You, de Nickelback
  2. @grillopez y Manoloprofe Sounds of Silence, de Simon and Garfunkel
  3. @fercampo You And Your Sister, de This Mortal Coil
  4. @alecs_vive Circle, de Eddie Brickell And The New Bohemians
  5. @elzealable What It Takes, de Aerosmith
  6. @amadonegro Both Sides Now, de Joni Mitchell
  7. @Mr_AP Time Will Tell, de Blood Orange
  8. @HRestrepo Don’t explain, de Nina Simone
  9. @almadeliaMC Save Me, de Aimee Mann
  10. AlbertoDiéguez Aunque tú no lo sepas, de Enrique Urquijo
  11. @valevilla Eso, de Alejandro Sanz
  12. @AdrianoDeLucio Holding Back The Years, de Simply Red
  13. @Rafacarballo Wish You Were Here, de Pink Floyd
  14. @DaniaCSant Carry On, de Fun
  15. @Chafornication Lost Cause, de Beck
  16. @romanmatthews83 Through The Barricades, de Spandau Ballet
  17. @Josdamet El equilibrista, de Eros Ramazzotti
  18. @perio_gdl Need You Now, de Lady Antebellum
  19. @lion_stage Everybody Hurts, de REM
  20. @UnDinossaurio Gusano, de Natalia Lafourcade
  21. @valassi1 El triste, de José José
  22. @arr1910 The Long and Winding Road, de The Beatles
  23. Borgeano Shine, de Rollins Band
  24. @Eduardo_Ballina Celebra la vida, de Axel
  25. Verónica Boletta Los pájaros perdidos, de Astor Piazzolla en voz de Roxana Falasca
  26. @yimau Angel, de Judas Priest
  27. @emehachea Palabras a Julia, poema de Goytisolo en voz de Paco Ibáñez
  28. José De Jesús Montoya ¿No podríamos ser amigos?, de la Orquesta Biddú
  29. @danywino The One, de Elton John (preferentemente si está vestido con diseños de Versace)
  30. @yogibar71 Played A Live, de Safri Duo
  31. Ailidu Stop Crying Your Heart Out, de Oasis
  32. RamRock Pale Blue Eyes, de Velvet Underground 
  33. Viramo Spiro Good Morning Headache, de Billie Holiday con la orquesta de Billy Stegmeyer
  34. JimenaAcebesSevilla Baby, Can I Hold You Tonight, de Tracy Chapman

Da click aquí para ir a las últimas Playlists del #SábadoDeMúsica:

Lo que hago de puro insatisfecha que soy

Ilustración: Marcelo Escobar
Ilustración: Marcelo Escobar

«Es evidente que sólo viajamos los insatisfechos. Los satisfechos se quedan en su casa gozando de la satisfacción de lo que tienen. Los que viajamos somos los que pensamos que nos falta algo. Alguna vez, si me sale, escribiré el elogio del insatisfecho injustamente denostado y su muy justa queja», dice Martín Caparrós en El Interior, que Malpaso Ediciones acaba de publicar en México.

Recién lo terminé. Ya intentaré escribir algo («si me sale») sobre este necesario libro de viaje, sobre su estructura desestructurante, sobre sus muchos hilos que tejen un mismo tapete con las texturas de crónica, ensayo, diario, cuento, poema, anuncio publicitario, chisme y chiste. De momento dejo esta perlita que me explica porqué me gusta tanto viajar: por puritita insatisfacción. Y añado: supongo que escribo por lo mismo. ¿Alguien no?

PD Para la Playlist colectiva, la pregunta es: ¿qué canción oyes cuando estás triste? Si quieres participar, sólo añade tu propuesta en los comentarios.

Tardé cuatro años en saber cómo acabar un cuento: Paola Tinoco

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Había una vez un escritor alcohólico, que llevaba escritorzuelas a su casa y las manoseaba en el baño de visitas. Su mujer aguantaba todo y de paso, cuando él se curaba los excesos, corregía vicariamente sus textos y los embellecía. Un día, harta de borracheras e infidelidades, decidió dejarlo e irse de viaje. Cuando estaba en el aeropuerto, él la llamó: «Te necesito, siento que me muero». Y en este cuento mejor-que-la-vida-real, el giro final fue todo lo inesperado que podía ser.  En el departamento de al lado, un hombre empezó a robar libros porque un amigo de un amigo suyo quería una edición especial de Lolita. Sin querer (o sí) terminó con una adicción a la lectura mucho más quemante que a cualquier droga, mientras en el piso de abajo, un escritor preocupado por reflejar la cotidianidad se enfrentaba a focos fundidos, un horno de microondas que echaba humo y la sala inundada, al tiempo que se preguntaba: «¿Qué haría Kant en una situación como ésta?».

Es parte de la fauna que habita Oficios ejemplares, primer libro de cuentos de la mexicana Paola Tinoco, publicado en 2010 por Páginas de Espuma. En este edificio, en el que los habitantes buscan cómo ganarse la vida sin perderla, cada cuento comprende dos historias: una está en la superficie, digamos que en la sala, y otra se teje calladamente, así como en el clóset. Hace tiempo, haciendo teoría del cuento, Ricardo Piglia escribió: «¿Cómo contar una historia mientras se está contando otra? Esa pregunta sintetiza los problemas técnicos del cuento». El mismo Piglia se entusiasmó con la narrativa de Tinoco y con su manera de resolver el asunto, tanto como para aparecer en la contraportada diciendo de ella: «Se trata de una joven escritora dedicada a su trabajo y con gran futuro».

Y es que la autora de Oficios ejemplares tiene una pluma ágil. En cada cuento saca los muebles de su sitio, les sacude la comodidad y los coloca en un lugar insospechado, donde muestran la pátina del desconcierto, de la ironía. Y eso no sucede por azar, implica oficio, ese que Paola conoce tan bien porque se mueve entre escritores como en casa. Trabaja en México como promotora cultural y publirrelacionista del grupo editorial Colofón, entre cuyos sellos principales están nada menos que Anagrama y Siruela. Hablando de oficio, en la pasada Feria del Libro de Guadalajara recuerdo oírla decir que el cuento «Cenicienta humillada» era más inteligente que ella misma, de modo que tuvo que esperar cuatro años «para saber cómo terminar» la historia de una chica y un hombre que se excita más al insultarla, que al hacerle el amor.

Vale la pena pasar y pasear por los 14 departamentos de este edificio, donde tras cada puerta espera una historia. No, dos historias. Ambas, espléndidas.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo).

 

 

 

Poeta muerto por salvar sus libros

Captura de pantalla 2015-06-30 a las 8.27.15

Tenía 63 años, varios poemas y una biblioteca de nueve mil libros, donde por la noche empezó el fuego. Quiso salvarlos armado de su extintor, solo, caballero jurado al pie de los volúmenes. El humo le hizo perder el conocimiento y murió buscándolo entre los libros chamuscados, como imitando el Scriptorium ardiente de El nombre de la rosa. Se llamaba Rafael de Cózar, vivía en Sevilla y recién ahora me entero de su historia, ocurrida hace unos meses. Y me entero también de que éste era el poema del que se sentía más orgulloso:

«Si alguna vez te sobra

algún pequeño hueco

en tu ternura,

ocúpalo conmigo.

Prometo estar en él callado y quieto

como una sombra».

Delicado, creo percibirle algún eco de Ne Me Quitte Pas. Me llevo el poemita entre la ropa y pienso que De Cózar, escritor, profesor y poeta, tuvo la Fortuna de elegir su muerte. Entre amigos.

Da click aquí abajo para ir a la noticia:

http://www.elmundo.es/andalucia/2014/12/14/548d80aa268e3e5d558b4574.html

#LunesDeMonos Ay, el sexo antisocial

Cartón: Bonil www.humorbonil.blogspot.mx
Cartón: Bonil
http://www.humorbonil.blogspot.mx
Por siglos existió el sexo carnal, el frontal, el inmoral, el excepcional, oral, irracional, criminal. Incluso el profesional. Lo de moda hoy es el sexo virtual. Si complementara los otros sería genial, pero para muchos este sexo antisocial, virginal, sexo vertical, de postal y ligeramente artificial se ha vuelto el primordial. Ay, para mi gusto demasiado impersonal.

Con este genial cartón de Bonil aspiro a hacer más llevadero el #LunesDeMonos ritual.

#SábadoDeMúsica Mi canción favorita de los 90

Captura de pantalla 2015-06-27 a las 9.53.30

Prácticamente se estrenaba la década de 1990 y el grupo REM lanzaba Losing My Religion, canción que me sedujo no sólo por sí misma (letra y música soberbias), sino también porque hablaba de mi propio momento, de mis dudas corrosivas sobre la fe en la que llevaba varios años sumida. Al final, fue himno premonitorio del rompimiento que habría de redefinirme ante mí misma:

That’s me in the corner
That’s me in the spotlight
Losing my religion
Trying to keep up with you
And I don’t know if I can do it.
Oh no, I’ve said too much
I haven’t said enough.

Además, me encantaba (encanta) el video, con ese baile descuadrado, nervioso, de un muy joven Michael Stipe. De modo que bien puedo nombrarla «Mi canción favorita de los 90». Con ella inauguro la Playlist colectiva y abajo van las sugeridas por la comunidad del blog a través de mi Twitter @danioska. Si quieres participar, escribe tu opción en los comentarios y la añado. Gracias a todos por armar en conjunto este listado.

Da click en el nombre de cada canción para ir al video respectivo.

  1. @Mr_AP Wonderwall, de Oasis
  2. @PolaThrace All That She Wants, de Ace of Base
  3. @AdrianoDeLucio Fast Love, de George Michael
  4. @otsenresiul Fastball, de The Way
  5. @mangelangeles New York City Boy, de Pet Shop Boys
  6. @CeciliaMuTo Wicked Game, de Chris Isaak
  7. @carloscarranzap Sexy Boy, de Air
  8. @arr1910 I’Do Anything For Love, de MeatLoaf (el video es una bellezita)
  9. @gabymoran Corazón partío, de Alejandro Sanz
  10. @danywino All Apologies, de Nirvana (Unplugged)
  11. @galanazodebarrio Unicornio azul, de Silvio Rodríguez (sí, es anterior a los 90, pero si a @galanazodebarrio le recuerda mucho esa década porque la cantaban a voz en cuello en Filosofía y Letras, se vale una licencia poético-musical)
  12. @daniacsant Iris, de Goo Goo Dolls
  13. @gemis46 Smells Like Teen Spirit, de Nirvana
  14. @gmblawyer Don’t Cry, de Guns N’Roses 
  15. Héctor Emmanuel The Sign, de Ace of Base 
  16. lurda55 En el muelle de San Blas, de Maná 
  17. Viramo Summer Kisses, Winter Tears, de Julee Cruise 
  18. @rafacarballo Las flores, de Café Tacuba 
  19. Franklin Farell Sin un amor, de Los Panchos
  20. Ramrock Sideshow, de Alice Cooper
  21. Borgeano You Learn, de Alanis Morissette
  22. JavierJimenez1986 SkiBaBopBaDopBop, de John Scatman
  23. Héctor Esclusa De música ligera, de Soda Stereo

No sé qué se me rompe por dentro

Captura de pantalla 2015-06-26 a las 8.15.35

Mi mamá, 84 flagrantes años, se va a vivir a una residencia de personas mayores (eufemismo para asilo de ancianos). Y yo no sé qué se me rompe por dentro.

Tomó la decisión porque las rodillas le tiemblan de más y las escaleras de su casa tienen mirada traidora. Porque recientemente se ha caído varias veces. Porque hace poco, cuando se sintió muy mal y pensó que era un infarto, se sintió más sola que nunca. Y se asustó. Tomó la decisión porque la edad se le vino encima sin carnaval ni comparsa. Así decía aquella canción que estaba de moda cuando ella era fuerte, cuando yo no me imaginaba que la boca se curvaba por la edad. Hoy, guapa y valiente pero cada vez más chiquita, decide que lo mejor es renunciar a vivir sola. Y los hijos y los nietos nos sentimos más tranquilos, pero yo no sé qué se me rompe por dentro.

Hace días fui a visitarla con mi adolescenta-que-se-desborda-de-vida.  Al despedirse, se dieron un abrazo muy largo. Me pareció que cambiaban estafeta. Y no sé qué se me rompió por dentro.

Heredar el gen de la lujuria y dejar todo para ser escritora: Alma Delia Murillo

Alma Delia Murillo
Alma Delia Murillo

En una de sus columnas sabatinas en SinEmbargo.mx, llamada «Manifiesto de la risa», apunta: «Reírse es todo en la vida, carajo […] A enseñar la mazorca, que aquello de calladito me veo más bonito es una tremenda falacia. La cosa, como yo me la sé, es así: a carcajadas se invoca la belleza». Qué chulada. Para qué digo que no: cada semana la leo o, lo que es lo mismo, me declaro devota de su pluma afilada, con la que cotidianamente retrata asombros, disecciona humores y propone nuevos caminos a la emoción. Pues dado que con esa misma pluma Alma Delia Murillo escribió Las noches habitadas, su primera novela, me era obligado leerla.

Recientemente publicada por Editorial Planeta, combina por igual profundidad y frescura para presentar a cuatro mujeres que luchan cada noche para dormir de corridito. Pero eso es lo de menos. Lo de más es que batallan cada día para ser quienes son, quitarse caretas y empezar a vivirse de adentro hacia afuera. Platiqué con Alma Delia sobre el proceso de escritura de la novela, los fragmentos de piel que dejó en ella y lo que les diría a Dalia, Claudia, Magdalena y Carlota, las cuatro protagonistas, si se sentara a platicar con ellas. Aquí, lo que dijo. (Si quieres leer la primera parte de la entrevista, da click aquí).

Moda Estuve 20 años trabajando en la industria de la moda, llevaba el área de mercadotecnia digital de Nine West y Camper. Mis jefes eran extraordinarios, pero ahí viví rodeada de muchas mujeres ambiciosas a morir y con un rollo fuertísimo de competencia por el poder. En ellas me inspiré para moldear a una de las mujeres de la novela, Magdalena, cuyo vicio de carácter se vuelve su tragedia.

El gen de la lujuria Mi abuela, doña Paz, era partera. Conviví mucho con ella. Ella me trajo al mundo y me cortó el ombligo. Era un tremendo personaje. Se escapó del convento como a los 14 años y se casó con mi abuelo. Cuando él murió tuvo otro marido y luego otro más. Era muy burlona, ácida, dura. Si le decías: «Vamos a la calle», te contestaba: «¿A qué van? ¿A que les vean lo pendejo?». Además era lujuriosa. Por un error mío no se incluyó en la novela mi hoja de agradecimientos, que decía: «Gracias a mi abuela, doña Paz, por el gen de la lujuria».

Una historia más honesta Perdí una primera versión de la novela. Fue en 2013, justo el día en que murió doña Paz. Yo estaba en Tepoztlán, así que mi pareja y yo nos regresamos al DF al velorio, pero antes de llegar nos paramos a comer. Le dieron un cristalazo a la camioneta y se robaron mi computadora. Llevaba más de la mitad de la historia y, aunque suene increíble, no la tenía respaldada ni tenía versión impresa. Perdí todo. En el fondo no creía que fuera un buen texto. Esa primera versión tenía los mismos cuatro personajes, pero era más pudorosa. Cuando me senté a escribir por segunda vez decidí que no me iba a poner ningún bozal. Creo que quedó algo más honesto.

Ser escritora Yo moví todas las piezas de mi vida para dedicarme a escribir, incluso terminé una relación maravillosa, de ocho años, porque él se fue a vivir a la selva. Yo no quise irme, quería intentar ser escritora. Esta novela es mi propia migración de identidad.

Lector ideal Con toda la ambición asquerosa digo que me encantaría que Karl Ove Knausgard leyera mi novela. Y también Francisco Goldman.

Fan de poetas Siempre tengo algún libro de poesía junto a mi cama, cada mañana leo algo. Es el género que cura más que ningún otro, exorciza el alma. Soy muy fan de Gonzalo Rojas. También leo a Tomás Segovia, Ginsberg, Lorca, Villaurrutia y Sor Juana.

Conversar con los personajes 

Carlota, de 16 años, dice en un momento de la novela: «Sí me gusta la vida. Sólo tengo que entender un poco mejor de qué se trata». ¿Qué le diría si la tuviera enfrente? Algo como: ¡Chiquita! Espérate, sigue, ya te vas a enterar. Lo que es horrible seguirá horrible, pero te falta descubrir lo maravilloso.

En otro fragmento, Carlota se queja: «Mi cuerpo es el peor lugar del universo y no me queda más que habitarlo». Le contestaría: Hay que aprender a convivir con eso. No creo que nadie tenga una maestría en Acepto y amo mi cuerpo, o a lo mejor sí, a lo mejor lo vamos a aprender con lo que nos falta por vivir. Por cierto que hace poco, en una comida, coincidí con varias mujeres de alrededor de 80 años. Les pregunté de qué se arrepentían y una de ellas, italo-mexicana, bellísima, me dijo: ‘Debí de haber comido más, bebido más, angustiarme menos por cómo me veía». A mis 37 años no puedo responderte a ti, de 16, pero una mujer de 60 u 80 quizá sí tiene la respuesta.

Dalia, hundida en un amor transgresor, confiesa en la novela: «El amor y la familia, eso que la gente llama refugio, para mí son cianuro». Lo que le diría es: No eres la única. La familia es el origen de los demonios de todos. Es más, las peores guerras del mundo nacieron en el corazón de un hijo odiando a su padre.

Obsesionada por los celos, Claudia se pregunta: «¿Por qué las familias se relacionan tan por encima y no se cuentan las cosas verdaderamente importantes?» Le contestaría: Porque hablar de lo verdaderamente importante es muy doloroso. Dolería muchisísimo sentarte frente a tu papá o tu mamá o tus hermanos y hablar de eso que todas las familias llevamos toda la vida escondiendo.

#MiércolesDePoesía No tener un sitio para cada cosa

Captura de pantalla 2015-06-24 a las 8.38.22

Llegó sin advertencia, como caminando de puntillas, otro #MiércolesDePoesía. Para saludarlo ya que está metido aquí en mi casa, hoy acudo a Jaime García Terrés, escritor mexicano nacido en 1924. A partir de un par de imágenes, este texto suyo dice mucho sin decirlo.

Acomodo mis penas como puedo, porque voy de prisa.

Las pongo en mis bolsillos o las escondo tontamente

debajo de la piel y adentro de los huesos;

algunas, unas cuantas

quedan desparramadas en la sangre,

súbitas furias al garete, coloradas.

Todo por no tener un sitio para cada cosa;

todo por azuzar los vagos íjares del tiempo

con espuelas que no saben de calmas ni respiros.

-Jaime García Terrés, «Jarcia», en Gabriel Zaid (comp.), Ómnibus de poesía mexicana (Siglo XXI)

El peligro de lidiar con un «sucio angelito»

Captura de pantalla 2015-06-23 a las 7.45.15

«La sequedad de mis labios, el agrio olor a licor, su rodilla con su hueso demasiado afilado presionando contra mi pierna; todo él tan torpe en el gesto. Me sentía tan cansada que quise apartarme y simular que me encontraba indispuesta. Fue algo espantoso que me besara. Cerré los ojos y pensé en qué decir cuando él hubiese terminado. Debo quedarme mirándole durante un buen rato, maravillada, y decirle finalmente: ‘Hace usted que me sienta rara’. Él no hacía que me sintiera rara, no como lo hizo el italiano cuando me llamó ‘sucio angelito’, pero tendría que decirlo, si no él se sentiría herido».

Habla la narradora adolescente de Lo que dijo Harriet, novela de la inglesa Beryl Bainbridge recién publicada por el sello español Impedimenta y distribuida en México por Sexto Piso. Es de lo mejor que he leído en mucho tiempo, impecablemente bien escrita, perturbadora a morir, con una ironía que alarma y desarma. Cuenta la historia de dos amigas, de 12 y 13 años, quienes durante el verano se reencuentran en una pequeña localidad costera. Juntas son perversas, nocivas. Lideradas por Harriet, se proponen seducir al Zar, un hombre casado que coquetea con ellas sin medir el abismo al que pueden arrastrarlo.

La novela, un portento redondo, está inspirada en un crimen real ocurrido en Inglaterra, sobre el que Peter Jackson se basó para su película Criaturas celestiales. Y la vida de su autora, a quien hasta el momento yo no tenía en el radar, no es menos fascinante: nacida en Liverpool en 1932, trabajó como actriz, empezó a escribir tardíamente y creó Lo que dijo Harriet, su primer libro, a los 35 años, pero varios editores lo rechazaron por «repulsivo». Por fin fue publicado en 1972. Luego Bainbridge publicó varias novelas más y cuando murió en Londres, en 2010, The Guardian la llamó «un tesoro nacional».

Como digo, la novela es de verdad notable. Y luego está la traducción. En general, si me es posible, evito leer traducciones de inglés y francés; prefiero acudir a las obras en su lengua original. Cuando Llüisa Matarrodona, eficaz publirrelacionista de Sexto Piso, me hizo llegar esta edición del libro, le quise echar ojo, pero en ese echar ojo me devoró la prosa de Bainbridge. Terminé leyendo la novela completa, tirando baba por la pluma de Bainbridge  y disfrutando muchísimo la traducción de Frieyro. Cómo da gusto que existan mancuernas así.

De verdad, háganse un favor leyendo esta cátedra de escritura poderosa y soberbia traducción sobre los peligros de rondar a un «sucio angelito». Es de los libros que uno no puede vivir sin haber leído.