Las palabras no hacen el amor, sino la ausencia

Dibujo: www.josemiguelrojas.com
Dibujo: José Miguel Rojas, tomado de alejandrapizarnik.blogspot.mx

 

Otro #MiércolesDePoesía está aquí. Ahora pasa de visita la argentina Alejandra Pizarnik, con un poema (como todos los suyos) que crea un universo tembloroso. Si lo deseas, puedes verlo en video en el enlace de abajo. Si no, aquí está el texto.

Da click en el enlace para ver el video

«[…]
no
las palabras
no hacen el amor
hacen la ausencia
si digo agua ¿beberé?
si digo pan ¿comeré?
en esta noche en este mundo
extraordinario silencio el de esta noche
lo que pasa con el alma es que no se ve
lo que pasa con la mente es que no se ve
lo que pasa con el espíritu es que no se ve
¿de dónde viene esta conspiración de invisibilidades?
ninguna palabra es visible»
-Alejandra Pizarnik, «En esta noche, en este mundo», Textos de sombra y últimos poemas

 

«Me sorprendió que el hambre y los dioses estén tan ligados: Martín Caparrós

Foto: María Teresa Slanzi
Foto: María Teresa Slanzi
Platiqué con el escritor argentino en su paso por México para presentar su nuevo libro, El hambre (Editorial Planeta), una mezcla de crónica y análisis sobre la situación actual de más de 800 millones de personas desnutridas o malnutridas. Aquí lo que dijo.
“Vaya, qué bien, muy bien”. Sonríe con el bigote, mientras alza la mano para chocar la mía. No entiendo a qué viene el entusiasmo. Acabamos de terminar la entrevista y antes de despedirnos lancé la última pregunta, para no quedarme con la duda. La solapa de su libro dice: “Tradujo a Voltaire, a Shakespeare y a Quevedo”. Entonces dije: «¿A Quevedo? ¿A qué lengua?» (Fue entonces que se puso feliz). “Hace cinco años puse eso en las solapas de mis libros pensando que alguien tendría curiosidad, pero eres la primera que lo pregunta. En los años 80 traduje al francés una parte de los Sueños de Quevedo, para una película argentina. Fue un trabajo duro pero me gustó mucho”.El tema nos da excusa para despedirnos más ligeros, luego de escarbar en casos de gente que a diario ve el rostro de la miseria y un día cierra los ojos para siempre.“Ninguna enfermedad, ninguna guerra ha matado más gente. Ninguna plaga es tan letal y, al mismo tiempo, tan evitable como el hambre. Yo no sabía”, dice en el libro publicado por Planeta. Lleno de información, sobre todo me sacuden las historias cotidianas que Caparrós captó en nueve países y que permiten palpar la pobreza auténtica. Le propongo plantearle preguntas a partir de esas historias. Acepta.

En Níger, una madre cuyo hijo está hospitalizado lleva meses manteniéndolo un poco por debajo del peso mínimo para que le sigan dando suplementos alimentarios para él, más algo de comida para la familia. ¿Cómo haces para seguir viviendo conociendo casos así? No tengo una respuesta, más bien tengo respuestitas que no terminan de satisfacerme. Supongo que la más fácil es decirme que por lo menos trabajé en el libro, intento hacer algo, pero no termino de creérmela…

En Sudán del Sur conversas con una madre cuya hija está en riesgo de muerte. Le preguntas si piensa que va a sobrevivir: “Si no vuelve a quedar desnutrida, creo que sí. Pero si vuelve a quedar desnutrida no sé”. Insistes: ¿qué puedes hacer para que no se desnutra? Con calma dice: “Nada.” ¿Qué te pasa con historias como ésta? No pensaba encontrar esa pobreza de horizontes. Aun así, lo que le pasa a ella no es tan distinto de lo que nos pasa a la mayoría, que no conseguimos imaginar sociedades donde ocurren esas cosas. Estamos tan limitados en nuestra realidad como ella en la suya, aunque se supone que tenemos más armas y posibilidades para imaginar. Otro chico se enojó al preguntarle qué disfrutaba más comer: “A mí no me gusta comer esto o lo otro; a mí lo que me gusta es comer”. Yo prefiero por mucho esa furia al “nada, nada”, que se cabreara fue un gusto, me resultó menos duro que aquella resignación absoluta.

En Bangladesh, una mujer te confiesa: “Cuando no como no puedo encontrar paz. Es como si tuviera cien mil mosquitos zumbándome en la oreja”. ¿Qué metáfora define mejor el hambre? Más que metáfora pienso en una imagen, la de esa madre que cuando no tiene qué darles de comer a sus hijos, a escondidas pone una piedra en el caldero y les dice que está cocinando algo pero va a tardar, que se duerman un poco. Eso me impresiona muchísimo, pensar la vida como un engaño sin futuro.

Luis, de Médicos Sin Fronteras y con varios años de trabajo humanitario en India, se sincera contigo: “Estoy aquí porque no puedo no hacerlo. Si quieres ponerlo así, al fin y al cabo resulta que lo hago por puro egoísmo, para no sentirme mal”. ¿La culpa es un tema de fondo en todo esto? Todos tenemos culpa de las cosas, pero hay algunos que tienen más que el resto y la reparten, para disolverla. Es decir, yo tengo la culpa por no matarte y hacer que desaparezca tu fondo de inversión que eleva la comida hasta que millones no pueden pagarla, pero tú organizas el fondo de inversión. Por otro lado, aunque quisiera pensar que con el libro cambiará algo, es un libro, nada más. Con todo, creo que es mejor hacerlo que no hacerlo, porque si se sumaran miles de gestos chicos podrían dar un salto cualitativo. Al final, escribí el libro porque no pude no hacerlo.
En India, una joven te habla de su bebita, muerta por falta de alimento, y señala: “Iba a ser mi hija por mucho tiempo y de pronto no estaba más”. ¿Qué sentiste como papá? Me impresionó mucho, porque prejuiciosamente no esperas que esas situaciones te hablen de ti. Se supone que estás preparado para oír cosas muy emocionales sobre personas que crees distintas, pero te das cuenta de que esa idea es una tontería: yo suscribiría totalmente lo que ella dijo. Entonces ocurre ese cortocircuito en el que uno ya no está de un lado o del otro, estamos todos hablando de lo mismo.
Una abuela en Níger, cuyo nieto acaba de morir, apunta: “Dios me mandó este destino, así que seguro lo merezco”. ¿Cómo recibes eso? Me sorprendió que el hambre y los dioses estén tan ligados. Entrevisté a cientos de personas y no encontré prácticamente a nadie que no mencionara a Dios para justificar lo que ocurría. Yo pensaba que los creyentes que sufren tendrían algún rencor contra Dios, pero no. La religión es tan fuerte que les enseña a dirigir su rencor contra sí mismos: en algo fallaron para que Él, siempre justo, les haga eso.

“Cuando estamos saciados nos convencemos de que es imposible que matemos, robemos, violemos, engañemos, defraudemos, nos prostituyamos. Cuando tenemos hambre podemos hacerlo”, dice el autor Pitirim Sorokin. ¿Es cierto eso tan brutal? Él plantea que no tener comida puede volver atrás el proceso supuestamente evolutivo. Nosotros somos gente codificada, actuamos bajo la premisa de códigos, pero en momentos extremos de hambre los dejamos de lado y reaccionamos de forma instintiva, “animal”. Es decir, llevamos dentro las dos posibilidades… A mí me intriga mucho ese azar decisivo según el cual uno nace aquí y ahora, en un determinado país y familia con comida segura, no allí y entonces. El azar de ser uno es algo en lo que no se piensa demasiado, pero al enfrentarte a otros “muy otros” le das vueltas.

(Originalmente publicado en la revista SoHo México).

El «enojado a gran escala» de la cuentista Hebe Uhart

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«Iba yo recorrer calle Florida, cuando vi pájaro gorrión. Pájaro gorrión casi universal y chilla en universal. Y las palomas allá arriba en cable de calle, muchas ellas, una de lado de otra, quietas como soldados». Así arranca «Stephan en Buenos Aires», cuento de la autora argentina Hebe Uhart incluido en su libro Turistas (Adriana Hidalgo Editora). Es magistral tanto en forma como en fondo (¿son distintos?): se hunde en la dificultad que enfrenta un extranjero en la ciudad porteña.

El protagonista empieza narrando desde su español masticado y ya es divertido, pero el nudo es mejor todavía. Stephan conoce a Malena y crece el desencuentro: «Ella miró para mí atenciosamente, ojos muy marrón, la mirada con su filo […] Ellos dicen. Dicen: ‘Vamos a ver’. Primera vez que yo escuché ‘Vamos a ver’ me vino la esperanza para ver alguna cosa, mas no: ellos dicen ‘Vamos a ver’ y no existe cosa para ver […] Ella ha dicho: —Hoy estoy con pocas pulgas, ¿sabés? —Eso mucho bueno— he dicho para ella. ¿Ella puede nombrar pulgas, yo no?». El pasmo de Stephan va en aumento y llega a su clímax-sin-clímax: «He reñido por siempre con Malena. Yo ahorita nomás, mañana parto. Yo me sé aguantar risas de ella, perro, ventana sin abrir, mas ella… ella no desea ser fecundada». Me fascina la experimentación lingüística, el riesgo que implica y lo bien resuelto que está en su personaje «enojado a gran escala».

Uhart publicó este libro a los honrosos 72 años y hoy, a los 78, su pluma sigue activa. Vaya genes que se carga.

Te maldigo con ganas

Dibujo: Jean Paul Zapata
Dibujo: Jean Paul Zapata

Te maldigo como mujer que odia

y no piensa en otra cosa.

Imagino que te beso hasta dejarte herido

y pequeño

para que no huyas

para que busques refugio en mis pechos

infame

y pueda negártelo.

Pero luego soy dócil en tu cama

escondo bien mi rabia

y me abro a ti

benigna

casi agradecida

de que me hagas el favor.

 

Cuando te vas recobro el aplomo

y vuelvo a odiarte.

Ahora con más ganas.

 

-Julia Santibáñez

Los mejores tuits sobre la marcha en México

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El hartazgo contra la impunidad que tiene al país empapado en sangre y exigiendo justicia por los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa llevó ayer a muchos miles de personas (las cifras van desde 30 hasta 500 mil) a marchar desde tres puntos distintos de la capital hasta llegar al Zócalo. Además hubo manifestaciones en 26 estados de la República y en más de 25 ciudades del extranjero. Es, seguramente, la mayor manifestación organizada en la historia de México. Muchos autores se sumaron a ella con acciones y palabras, y desde Twitter hicieron oír su voz. Al ser éste un blog de libros, aquí va un recuento de los mejores tuits «de autor».

La cobertura

Durante cinco horas, @elwesomx cubrió las movilizaciones. La opinión, las emociones y la información de Enrique Hernández Alcázar @ehalcazar, Marisol Gasé @marisolgase y Fernando Rivera Calderón @monocordio fueron un lujo necesario.

El rimado

Jorge F. Hernández @FJorgeFHdz

Los emotivos

Ana Clavel @anaclavel99

Paco Ignacio Taibo @Taibo2

Piolo Juvera @PioloJuvera

 Venimos a dar la cara antes de que nos la arranquen. #TodosSomosAyotzinapa
Álvaro Enrigue @AlvaroEnrigue

Alberto Chimal @albertochimal

Mónica Nepote @neponita

El original

Daniel Saldaña París @ds_paris

Los informativos

Muchos escritores fueron tuiteando (o retuiteando a otros) con información al momento, como Carla Faesler @CarlaFaesler, Jorge Volpi @jvolpi y hasta Valeria Luiselli @ValeriaLuiselli, esta última desde Nueva York.

 

Los de opinión

Vivian Abenshushan @zingarona Una marcha inmensa, incalculable, la más potente, la más tumultuosa que ha habido en México. Los granaderos no lo soportaron, obvio.

Antonio Ortuño @AntonioOrtugno Allá van los elementos de la Subsecretaría de Encapuchados Malévolos a cumplir su pantomima. Lo esencial son las enormes marchas pacíficas.

Miguel Cane @AliasCane Piénsalo: Qué pueden quitarnos, que no nos hayan quitado ya? #RompeElMiedo

David Miklos @dmiklos Ya El Universal y Reforma en línea dejan ver lo que se imprimirá mañana. Más patético el segundo que el primero.

 

Da click aquí para leer más sobre la marcha

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo)

Revueltas, mejor muerto que vivo

Foto: CNL-INBA
José Revueltas Foto: CNL-INBA

«‘La culpa no es de nadien, más que mía, por haberte tenido’. En la memoria de Polonio la palabra nadien se había clavado, insólita, singular, como si fuese la suma de un número infinito de significaciones. Nadien, este plural triste. De nadie era la culpa, del destino, de la vida, de la pinche suerte, de nadien. Por haberte tenido”. Este pasaje de El apando (Ediciones Era), cuento del mexicano José Revueltas, muestra en pocas líneas la fuerza de su pluma, aguda, concentrada, de atmósferas inquietantes y una rabia tensa.

Los huesos de ese mismo José Revueltas, que varias veces estuvo preso por sus ideas políticas y que hoy cumpliría 100 años, ya descansan tranquilos porque desde ayer hay una placa en su honor en el Palacio de Lecumberri (antes penitenciaría y hoy, Archivo General de la Nación). Ahí pasó dos años y medio encerrado, luego de su participación en la revuelta estudiantil de 1968, y en su celda escribió El apando, que justo se desarrolla en prisión y da cuenta de la barbarie como norma de los marginales. Asimismo, se develó una placa con su nombre en el complejo penitenciario de Islas Marías, que también lo tuvo como interno.

Qué elegancia de la modernidad: meter en prisión a los escritores incómodos y, cuando se mueren, reivindicarlos con un homenaje que sale en los periódicos. Para los políticos conviene mucho más el Revueltas muerto que vivo, pero para la gente de a pie como yo, una figura crítica como la suya se antoja necesaria en el caótico México de hoy.

Quisiera rajar mi corazón, meterte en él

Foto: Christian Coigny
Foto: Christian Coigny

De nuevo es miércoles, día de saborear poesía como afirmación de vida a borbotones. Hace poco, el poeta Andrés Neuman me dijo que quien piensa que en momentos de emergencia social es frívolo hablar de poesía no entiende lo que es la cultura: «No es vacaciones para la clase alta, sino un vehículo de mejor supervivencia y explicación de los fenómenos más dolorosos, incluyendo los violentos. Eso tiene una utilidad social y política, hable de lo que hable el poema». Coincido totalmente, así que aquí va un sutil poema de Ibn Hazm de Córdoba, con casi dos mil años de historia, que levanto como bandera luminosa.

«Quisiera rajar mi corazón, meterte en él, y volver a cerrar después mi pecho,

para que estuvieses allí, y no habitaras en otro, hasta el Día del Juicio y la Resurrección.

Así vivirías en mí mientras que yo existiera,

y, a mi muerte, morarías en el fondo de mi corazón

iluminando las tinieblas del sepulcro».

Guardar el miedo en el cajón

Dania marcha 2

Una marcha más en el México desgarrado por la violencia, pero esta vez voy con mi adolescenta. Ella hace su propia cartulina de protesta y cuando me la enseña se me hace un nudo en la garganta: «#YaMeCansé de que ser estudiante sea más peligroso que ser delincuente». Cómo no. A sus 17 años, está justo en la franja de edad de los 43 estudiantes desaparecidos hace casi dos meses por el Estado y los narcos, que en este país son la misma cosa. No me puedo ni imaginar la desesperación, el terror de perderla, como están sufriendo esos padres. O el dolor de que un día ella diga como el poeta salvadoreño Roque Dalton: «Y así como el común de la gente tiene amigos médicos, aficionados a la magia o cantantes, yo tengo una buena cantidad de camaradas torturados y muertos».

Enfrentando el miedo de una represión a la marcha, junto con varios miles tomamos Avenida Reforma para gritar la rabia de que el país esté empapado en sangre, el hartazgo de años de impunidad y de que quienes deben llevar las riendas del país estén pasmados por implicados. Me niego a quedarme en casa, segura y cómoda, rumiando el coraje: guardando el miedo en el cajón, que nuestras voces se sumen al #YaNoMás que traiga un cambio.

Caminando junto a ella siento que hay esperanza, que el gigante está por despertar.

 

Arte que cura con un clip y unas uvas

Dibujos: Javier Pérez  www.javierperez.ws
Dibujos: Javier Pérez
http://www.javierperez.ws

Amanezco con la piel más delgada que de costumbre, como si estuviera quemada por el sol. Pero no, nada de sol. Acaso son las emociones que la rozan de cotidiano. Para calmarla no me apetece ninguna crema de lujo, prefiero una caricia que me alegre sin darme cuenta, como el arte del ilustrador ecuatoriano Javier Pérez (da click aquí para ir a su página). Son dibujos mínimos, enternecedores, limpios, armados a partir de objetos cotidianos. Carajo, qué terapéutico.

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Poema útil si sabes lo jodido que es amar a alguien

Dibujo: Gordon Punt
Dibujo: Gordon Punt

Ella tiene 24 años, es colombiana, se llama María Gómez y acaba de ganar el Premio Loewe de Poesía, pero nada de eso interesa en realidad. Lo importante es esto que escribió y que resulta útil para explicar lo jodido que es cuando amas a alguien y te quedas solo, a la intemperie. O, lo que es lo mismo, cuando sobrevives una “Catástrofe” (título del poema). Salud…

«Venías de repente/ y no pude escaparme./ Te vi de lejos y estabas ya tan cerca/ que no alcancé a correr/ ni a refugiarme./ Llegaste como la tormenta./ Fuiste trueno/ relámpago/ aguacero./ Sacudiste los cimientos de mi casa/ Y me dejaste a la intemperie/ sin paraguas/ con el pelo mojado/ sin las botas/ sin abrigo./ Sola yo contigo/ con tu nombre/ que se adueñó de mis palabras/ con tus manos que se robaron mi tacto/ con tus ojos que se llevaron mi mirada./ Sola yo contigo/ Y tú sin mí […]».

-María Gómez, «Catástrofe», Después del horizonte, Editorial Caza de Libros

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo)

El escritor como chef

Intento lograr que quede la crónica y nomás no. Ya tiré a la basura dos arranques, voy en el tercero y sigo sin encontrar la voz que corresponde. Cuando concebí el texto por primera vez, pensé que funcionaría de «x» forma pero luego de la entrevista central y de mil notas, al sentarme a escribir vi que ese tono era fallido, sonaba mal.

Así que ahí voy, peleándome con las palabras: más que con lo que quiero decir, discuto con cómo quiero decirlo. Quien no escribe cree que lo difícil es tener una historia, pero la historia es un poco lo de menos. El chiste radica en saber qué hacer con ella. Se me ocurre un símil: para un chef, la historia es el pedazo de carne cruda. Cualquiera puede encontrar un buen trozo en el mercado. La diferencia entre quien meramente la echa al sartén y quien la convierte en una obra de arte radica en el proceso de preparación, los condimentos, el tiempo de cocción, la forma de presentarla, la experiencia que provoca, el regusto que deja en la boca. Igual con la escritura. Por eso cuesta tanto.

 

Día de celebrar el fuego

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Hoy, 12 de noviembre, fecha del nacimiento de Sor Juana Inés de la Cruz, se celebra en México el Día Nacional del Libro. Y también es #MiércolesDePoesía, con lo que estoy en un aprieto. ¿De qué hablo en este blog, cuaderno de apuntes que me retrata como viciosa de los libros y adicta a la poesía?

Recupero esto, que de alguna forma celebra ambos: «Los verdaderos poemas son incendios. La poesía se propaga por todas partes, iluminando sus consumaciones con estremecimientos de placer o de agonía», escribió Vicente Huidobro en el prefacio de su Altazor. Lo suscribo e incluso extrapolo el concepto: los verdaderos libros son, también, llamas y carbón encendido. Lo dice quien más de una vez se ha visto incendiada por unas líneas y ha disfrutado tanto la combustión que no puede menos que volver a buscarla.

Narrar para que algo exista: Fuentes

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«Me pregunto si un evento que no es narrado, ocurre en realidad. […] Una catástrofe (y toda guerra lo es) sólo es disputada si es narrada. La narración la sobrepasa. La narración disputa el orden de las cosas», dice el conquistador-traductor Jerónimo de Aguilar en el cuento «Las dos orillas», del escritor mexicano Carlos Fuentes. Incluido en el libro El naranjo, o los círculos del tiempo (Alfaguara), que contrasta visiones y personajes de la historia de México, «Las dos orillas» se me quedó grabado hace años que lo leí. Hoy, Fuentes cumpliría 85 años, así que en una especie de ritual mínimo estiro la mano al librero y vuelvo a sacar el libro, no de los más conocidos de su pluma.

Transcribo el pasaje porque sí, porque lo creo y me sirvo de él: no puedes entender lo que no tienes palabras para nombrar. Lo que no narras se escapa y se diluye. De ahí la urgencia de contar, de usar la palabra para construir lo que pasa y darle nombre o, lo que es lo mismo, traerlo a la vida. Muy necesario concepto para lo que pasa hoy en el México que Fuentes dejó hace dos años.

La foto que aligera el alma

Foto: Robert Jahns www.nois7.com
Foto: Robert Jahns http://www.nois7.com

Ando un poco decaída. Necesito aligerarme el ánimo, colgarlo de globos y echarlo un rato a volar. Entonces recuerdo esta imagen del alemán Robert Jahns, que dice lo que me faltan palabras para expresar.

Sirva de inspiración para arrancar la semana.

 

#YaMeCansé

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Algunos memes de los cientos que saturan las redes sociales

México vive días terribles. No sé qué palabras usar ni qué tono dar a lo que escribo, que logre ser parte de la flama de coraje e indignación en torno a la brutalidad de Estado cometida contra 43 estudiantes de Ayotzinapa.

Doy contexto para quienes leen este blog fuera de México: ayer, el procurador de la República ofreció una reconstrucción de hechos a partir de declaraciones de los supuestos autores materiales del crimen y anunció que los restos encontrados en un basurero de Guerrero «parecen» ser de los muchachos muertos e incinerados. Luego, en una muestra inconcebible de estupidez e indiferencia, terminó la ronda de preguntas con un: «Ya me cansé». El hashtag #YaMeCansé se volvió trending topic mundial porque, en efecto, todos estamos muy cansados.

Me sumo al grito porque yo también estoy cansada, harta del miedo, de la clase política divorciada de la gente, corrupta y coludida con el crimen, de la sinrazón, de la violencia desbordada, de un país que se cae a pedazos y en el que parece que no pasa nada. Estoy hasta la madre.

Escrito anoche en los muros de la Procuraduría General de la República
Texto escrito anoche en los muros de la Procuraduría General de la República

La novela de Fresán que no tiene madre (la novela, no él)

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Como siempre me pasa con sus libros, éste me tiene imbécil. Ok, lo estaba desde antes, pero ahora un poco más. Esta «novela» no es lineal ni cuenta una historia, sino entrecruza tramas, planos, personajes y líneas de tiempo en torno a la voz de un escritor que intenta reescribir su propia vida en una narración redonda, impecable. Hablo de La parte inventada (Random House), el más reciente libro del autor argentino.

Por accidente me topo en su blog con el «Decálogo para empezar a escribir algo que se supone que será una novela y todo eso, etc.», justamente escrito a propósito de La parte inventada. Qué raro, Fresán escribiendo decálogos:

«[…] DOS Asegurarse –droga dura pero líquida– de que hay (latas, de ser posible) acopio suficiente de Coca-Cola. Hay. Tener, además, título: el título es como el ancla descendente de la novela o el garfio al final de la soga con la que se escala. Además, tener título es indispensable a la hora de responder qué es lo que se está escribiendo. Ayuda, también, tener primera y última frase. Recitarlas una y otra vez hasta creérselas frente al espejo del baño, en noches de tormenta. […]

SIETE Establecer qué música se escuchará mientras tanto. Dos clásicos inamovibles: las Variaciones Goldberg en la segunda y última y crepuscular versión de Glenn Gould y Wish You Were Here de Pink Floyd.

DIEZ Convencerse de que esta vez va a ser la mejor de todas, de verdad, en serio, por favor, ¿sí?».

Claro, no es un decálogo sino 10 excusas para reírse de sí mismo a partir de esto que él dice «se supone que es una novela». No sé si voy a preferir La parte inventada sobre Jardines de Kensington o Trabajos manuales, mis libros favoritos de Fresán, pero de que no tiene madre, no tiene madre. O tiene demasiada, que no es lo mismo pero es igual.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo)

 

Canción que es un cuento para alegrar el casi-viernes

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El fin de semana casi está aquí y estos días han sido singularmente pesados, así que decidí aligerarme el humor con esta canción del dominicano Juan Luis Guerra. Se llama «Carta de amor» y la incluyó en su disco Bachata rosa, de 1990. Divertida y bailable a morir, «narra» una secuencia de cartas con el estilo rico de Guerra: se trata de una canción que, en realidad, es un cuento.

Querida mujer (dos puntos)/
no me hagas sufrir (coma)/
hoy me decido a escribirte cartas de amor sincero/
tú lo ves./
Tu cariñito es un agujero/
que me atraviesa el querer/
y sin tus besos en mi chaleco/
nada me cubre la piel/
(punto y seguido)./
Como ves, sólo pienso en ti, yo/
no me interesa la perestroika/
ni el baloncesto ni larry bird/
y un sufrimiento a plazo fijo/
llevo en el pecho, mujer./
Quiéreme otra vez, llénate de mí/
vida tengo yo sólo junto a ti/
mamacita, eh./

[…]

El oficio de cambiar en palabras la vida

Caricatura: Gonzalo Barnachea
Caricatura: Gonzalo Barnachea

Me doy cuenta de que por el pudor excesivo de no citar las líneas más trilladas de Borges no lo he invitado a un #MiércolesDePoesía. Hoy reparo el error y le pido acompañarnos con estos dos cuartetos de su poema «La luna», que más que del astro hablan «de cuantos ejercemos el oficio/ de cambiar en palabras nuestra vida». Como siempre, el argentino más universal condensa mundos en unas pocas líneas.

«[…] Cuando en Ginebra o Zurich, la fortuna

Quiso que yo también fuera poeta,

Me impuse, como todos, la secreta

Obligación de definir la luna.

 

[…] Pensaba que el poeta es aquel hombre

Que, como el rojo Adán del Paraíso,

Impone a cada cosa su preciso

Y verdadero y no sabido nombre […]».

-Jorge Luis Borges, «La luna», El hacedor, en Obras Completas, Tomo II (Emecé Editores)

La polinización de la escritura

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«¡Oh, debilidad del escribir, que otro escribir provoca y alimenta!», dice la novela El pudor del pornógrafo, la primera que escribió el argentino Alan Pauls y que Anagrama acaba de publicar. Me la hizo llegar Paola Tinoco, amiga y publirrelacionista del sello editorial, y de inmediato le hinqué el diente. Es una ricura, aborda la relación sentimental y paradójica de un pornógrafo (además de la complejidad de quien vive para escribir), pero esta entrada no lleva el propósito de hablar de ella sino del fragmento que cito. Y es que sí, pasa con frecuencia que un escribir motiva otro, lo poliniza, lo hace fecundo. En un mundo cada vez más estéril, cómo no celebrar esa capacidad reproductiva de la escritura, carajo.

¿Qué va a cosechar el México que siembra cuerpos?

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1 y 2 de noviembre. Son Días de Muertos en México, país que tiene muchísimos más de los que debería, sumido en una violencia intolerable y ahora atravesado por la rabia de sus 43 estudiantes desaparecidos. Me parece que hoy la tradición «de Muertos» tiene un sabor distinto en los cementerios del país, llenos de gente que acompaña a familiares y amigos y «convive» con ellos. El panteón de San Ángel rebosa flores de cempasúchil, banderitas de papel picado, comida, tequila, música de mariachi. Pero siento algo diferente en el aire.

Me paseo entre las lápidas, no para visitar tumbas queridas porque mi papá, mis abuelas y tíos están enterrados lejos. Todas lucen como de concurso, pero dos me llaman la atención: la de Tobías, muerto a los ocho meses, y la de Abigail, a los cinco meses. Están cubiertas de flores como las demás, pero además lucen juguetes, globos, dulces, rehiletes. Junto a la de Abigail, su mamá y su tía llevan todo el día conversando, callándose. Sobre un atril de madera hay un cuaderno en el que los familiares le escriben algo a la bebita que se fue.

Pienso en esos chicos y, sin saber las razones de su muerte, me pregunto si el dolor cambia cuando alguien se va por enfermedad o accidente y cuando es por un «hachazo invisible y homicida», como decía el poeta Miguel Hernández, un «empujón brutal» producto de una guerra estúpida que el Estado inició y no sabe controlar. Creo que sí, que si bien la muerte de alguien cercano es siempre insoportable, lo es todavía más cuando un país acaba sistemáticamente con sus niños y jóvenes y parece que no pasa nada. Por un segundo me imagino que Tobías y Abigail pueden ser de las miles y miles de víctimas de la violencia desatada en México y recuerdo una manta en alguna de las muchas manifestaciones sobre el caso Ayotzinapa: «¿Qué cosecha un país que siembra cuerpos?». Eso, ¿qué cosecha?

#HayQueContagiarLaRabia

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Confieso mi necesidad de grietas

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A veces, leyendo sin mayor expectativa de pronto aparece un fragmento que me explica algo que sabía sin saber que lo sabía. Suele pasarme con poemas, menos con narrativa pero aún así. Es el caso de este concepto de Fabio Morábito, sobre construir a partir del vacío y no de la presencia:

«[…] En toda edificación humana hay lugar para una grieta. El Muro de Berlín no sólo no escapó a esa lógica sino que la llevó más lejos que ninguna otra construcción. Puede decirse que empezó a caer no desde que fue construido sino desde que fue concebido. Se puede afirmar incluso que nunca existió. Lo que existió fue la grieta de Berlín. Y como una grieta no puede existir sola se hizo un muro que la contuviera. Se proyectó pues la grieta y no el muro. Se proyectó el vacío y no la presencia. La llamada Arquitectura Negativa descansa en este simple principio […] Por eso se le conoce también como Arquitectura Evocativa». -Fabio Morábito, «El Muro», También Berlín se olvida (Tusquets)

Cuántas veces he levantado un muro, un entramado sólido de causas y efectos para vestir la grieta que necesitaba.

Esa porquería tan rica

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A través de mi querido amigo Andrés, apasionado del erotismo como yo, descubro a la artista colombiana Luisa Fernanda Penagos. Sus dibujos despiden un leve aroma lésbico, juegan con el cuerpo femenino, se dejan sorprender por él. Vaya, se la pasan de lo más bien.

En su página de internet se pueden descargar libros suyos, en especial una chulada que se llama Cuerpo de mujer, sabrosísima compilación de imágenes de donde tomo las que ilustran esta entrada. También está uno de aforismos ilustrados que, sin ser gran literatura,  le da el tono que quiero al arranque del fin de semana. Incluye éste: «Puede ser que mañana todo esto llegue a parecerme descabellado y hasta ridículo. Precisamente por eso lo hago hoy. ¿Cómo negarme ese placer?» y otro que resume: «El sexo. Qué porquería tan rica». Pues sí, tal cual. Viva el viernes.

Si quieres seguirla en Twitter búscala como @lufepever.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo).

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Si sigues este blog, te tengo dos preguntas

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Pues bien, aquí está Rabia de vida (Rabia debida), publicado por Editorial Resistencia. Es mi primer libro de poesía y con subjetividad de autora lo veo lindo. Gracias muy hondas a quienes desde aquí me han acompañado en el emocionamiento de su publicación.

Por cuestiones estratégicas de la editorial empezará a venderse en librerías mexicanas a partir de enero, ni hablar. Ya estaré informando. Sin embargo, seguidores de otros países han preguntado dónde pueden comprarlo (costará unos 13 dólares). No tiene versión digital y estamos viendo opciones para distribuirlo físicamente en otros lugares, así que pregunto a quienes siguen este blog:
1. ¿En qué países hay lectores interesados por Rabia de vida?
2. Para esos lectores que pensarían comprarlo, ¿desde qué librería en línea suelen adquirir libros, como Amazon o eBay?

Muchas gracias por su retroalimentación, nos servirá para buscar opciones que permitan hacerlo llegar a sus manos.

Termino con aquello de José Ortega y Gasset, sobre lo intransferible de las experiencias: «A nadie le duele mi dolor de muelas». Sin embargo, sé que a varios seguidores de PalabrasAFlorDePiel este libro mío les mueve las entretelas casi igual que a mí. Y lo agradezco desde un corazón que aletea fuerte.

 

El amor, esa catástrofe aérea

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Este #MiércolesDePoesía se viste de gala con una invitada de lujo: la uruguaya Cristina Peri Rossi (aplausos, por favor). En estos pocos versos recrea la sensación de cuando termina una historia de amor. ¿Quién no ha pasado por ahí? Sin embargo, pocos la han sabido plasmar así.

Salimos del amor
como de una catástrofe aérea
Habíamos perdido la ropa
los papeles
a mí me faltaba un diente
y a ti la noción del tiempo
¿Era un año largo como un siglo
o un siglo corto como un día?
Por los muebles
por la casa
despojos rotos:
vasos fotos libros deshojados
Éramos los sobrevivientes
de un derrumbe
de un volcán
de las aguas arrebatadas
y nos despedimos con la vaga sensación
de haber sobrevivido
aunque no sabíamos para qué.

-Cristina Peri Rossi, «La pasión», en Babel bárbara

La deliciosa incertidumbre de escribir

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«No temo a la falta de ideas, sí a la del espacio personal, donde a veces es más importante el artículo que hay que entregar, el trabajo por el que nos pagan, que la deliciosa incertidumbre del destino de ese cuento que es nuestro y que nos incita a darle vida», dice Mónica Lavín en su nuevo libro Cuento sobre cuento (Lectorum).

Me pasa siempre: quiero tiempo para escribir sin ver el reloj. Tengo que buscarlo tarde en las noches, después del trabajo y de conversar con mi hija sobre el día o cenar con quien más me quiere. A esas horas borroneo poemas, escribo una entrada para este blog o pulo aquel texto, pero estoy cansada, aguanto poco. No sé si un día me atreveré a darle más prioridad de tiempo a lo que tiene prioridad en mis intereses: la «deliciosa incertidumbre de escribir», como la llama Mónica. Me pregunto si cuando por fin pueda bajar el ritmo de trabajo me inventaré otra excusa para no escribir más y así seguir anclada en un mundo de certidumbres.