En 2012 publiqué en este mismo blog la entrada «¿Me dan permiso de decir que soy escritora?«. Ahí citaba el concepto de Rosa Montero, expresado en la revista argentina Ñ: “Un escritor es aquel que necesita escribir para poder vivir, es decir, para afrontar la oscuridad de la vida, para poder levantarse cada mañana. Uno es escritor porque no puede no serlo […] forma parte de tu estructura básica. De modo que la necesidad es lo que te hace un verdadero escritor, pero eso no quiere decir que te haga un buen escritor’”.
Sí, me encanta la definición de Montero, quizá porque me incluye de cuerpo completo: aunque no implica que sea una escritora buena, escribo porque no puedo evitarlo, porque desde niña sólo entiendo la vida a través de palabras. Tengo dos libros publicados, a diario posteo aquí y cada viernes en el blog Deli(b)rios del sitio web de la revista SoHo, con frecuencia colaboro en la edición impresa de SoHo, en el sitio NalgasyLibros y en la revista digital Salto al Reverso, entre otras, pero nunca he concebido escribir como trabajo ni como carrera. Es mi vocación, la practico por necesidad.
Todo esto viene a cuento porque hoy recojo en las oficinas de Editorial Resistencia mi primer libro de poesía: Rabia de vida/ Rabia debida. Y la emoción me tiene loca.






























