La emoción de escritora me desborda

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En 2012 publiqué en este mismo blog la entrada «¿Me dan permiso de decir que soy escritora?«. Ahí citaba el concepto de Rosa Montero, expresado en la revista argentina Ñ: “Un escritor es aquel que necesita escribir para poder vivir, es decir, para afrontar la oscuridad de la vida, para poder levantarse cada mañana. Uno es escritor porque no puede no serlo […] forma parte de tu estructura básica. De modo que la necesidad es lo que te hace un verdadero escritor, pero eso no quiere decir que te haga un buen escritor’”.

Sí, me encanta la definición de Montero, quizá porque me incluye de cuerpo completo: aunque no implica que sea una escritora buena, escribo porque no puedo evitarlo, porque desde niña sólo entiendo la vida a través de palabras. Tengo dos libros publicados, a diario posteo aquí y cada viernes en el blog Deli(b)rios del sitio web de la revista SoHo, con frecuencia colaboro en la edición impresa de SoHo, en el sitio NalgasyLibros y en la revista digital Salto al Reverso, entre otras, pero nunca he concebido escribir como trabajo ni como carrera. Es mi vocación, la practico por necesidad.

Todo esto viene a cuento porque hoy recojo en las oficinas de Editorial Resistencia mi primer libro de poesía: Rabia de vida/ Rabia debida. Y la emoción me tiene loca.

Poesía, el arte de la supervivencia: Andrés Neuman

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Como conviene en un #MiércolesDePoesía, hoy platicaré con un poeta y además uno que me gusta mucho. En unas horas estaré entrevistando al argentino-español Andrés Neuman, el mismo que ayer declaró al periódico mexicano Excélsior: «Identificar la poesía como un lujo para tiempos apacibles y de abundancia, malentiende completamente la función de radical supervivencia que tiene este arte”.

Aquí una muestra de su reciente libro Vendaval de bolsillo, que presenta en estos días en México. Es un pequeño texto que resuena fuerte y juega magistralmente con los planos de ese arte que permite sobrevivir.

«Una fuerza distinta que recicle

todo lo que he perdido.

 

¿Creo en la ontología?

Unas ganas de ser, en eso creo.

En esta rabia útil,

vendaval de bolsillo

que transporto a otra casa

de leves materiales.

 

Amor por lo que vive, si supieras

qué fácil es perderte

sabrías cuánto ansío conservarte».

 

-Andrés Neuman, Vendaval de bolsillo (Almadía)

Autoayudarse es lo que necesitan los libros de autoayuda

Cartón: http://miguelrep.blogspot.mx/
Cartón: http://miguelrep.blogspot.mx/

Arranca la semana y necesito un poco de humor para encararla, de ahí el #LunesDeMonos. El del argentino Rep es perfecto, cuando pone a dialogar en este cartón a varios libros de autoayuda, categoría que simplifica hasta el absurdo el afán válido de buscar el bienestar. Ante la sinrazón, más sinrazón todavía, propone Rep: me encanta eso de «prefiero los libros de autodestrucción».

Probadita de picardía mexicana

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Estoy disfrutando una barbaridad el libro Dichos y refranes de la picardía mexicana, de Armando Jiménez (Editorial Diana). Compendio de vocablos, dicharachos y juegos verbales del habla nacional, refleja el doble sentido tan típico nuestro, con alusiones sexuales en todos los tonos y colores. Aquí cinco ejemplos divertidos que entresaco (sin albur), con todo y explicación para lectores de otros países:

1. «Si al cabo me lo has de dar, no me lo des a desear»: para qué me haces sufrir si al fin te me vas a entregar.

2. «No muevas tanto la cuna que vas a despertarme al niño»: dedicado a la mujer que mueve mucho las caderas al caminar.

3. «Mujer que con curas trata, poco amor y mucha reata»: «reata» como sinónimo de pene, alude a la sabida actividad sexual de los sacerdotes.

4. «No es lo mismo dos tazas de té, que dos tetazas»: se explica solo.

5. «Es mucho jamón para un par de huevos»: piropo para una mujer guapa y «buena» (de buenez, no de bondad), sobre todo de clase social alta, que pasa frente a un peladito.

Seguiré informando sobre este tema del doble sentido, fascinante y divertido a morir.

Crecer criada por monos

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Tiene cuatro años. Un día la secuestran y luego la abandonan en la selva colombiana. Está sola. Cae la tarde, tiene hambre, frío, mucho miedo. De alguna manera logra dormir y al día siguiente encuentra algo qué comer. Pasa un día, luego otro, pero nadie viene a buscarla. Un grupo de monos primero la ve con curiosidad y luego deja de interesarse por la niña, hasta –poco a poco– acostumbrarse a su presencia y convertirse en una especie de familia suya. De ellos aprende a sobrevivir, con ellos convive, ellos la protegen como parte del grupo. Así, entre monos, transcurrirán los siguientes cinco años de su vida.Esto que parece la versión femenina de Tarzán es la vida de Marina Chapman, una mujer que desde la perspectiva de los años da a conocer las memorias de su infancia en la selva y de lo que vino después, no menos aterrador: alrededor de los 10 años regresó a la civilización y se vio convertida en una niña de la calle. El libro La niña sin nombre fue originalmente publicado en inglés (la autora vive desde hace tiempo en Inglaterra) y ahora ve su edición en español, bajo el sello de Plaza & Janés. De lectura ligera y armado a partir de recuerdos de Chapman, recopilados por su hija, expone un ángulo nuevo de la realidad que arroja la violencia en América Latina. «Una vida como la mía no es algo raro en Colombia. Habla con cualquier niño de la calle y tendrás una historia», señala.Si bien me costó creer algunos pasajes ocurridos en la selva y sobre todo en las calles colombianas, el libro no es malo. Me chocó el final, demasiado abrupto, y la narración en su conjunto me dejó con dudas que al aclararse podrían terminar de convencerme de su verosimilitud. A pesar de todo me resultó interesante su exposición del abuso cotidiano que enfrentan milllones de niños y también el aliento de esperanza que implica la posibilidad de reescribir un destino.Como en los trabajos del psiquiatra francés Boris Cyrulnik, me fascina atestiguar la resiliencia, esa capacidad humana de salir a flote gracias al contacto auténtico con otros. Si te interesan esos temas, lo vas a disfrutar.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo).

 

«¿Por qué no cobro por hablar sucio?»

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Se dedican a cumplir fantasías de otros a partir de voces que hablan quedo, gimen, simulan deseo. Son profesionales del sexo por teléfono. En un trabajo impecable, hermoso a nivel fotográfico y con muchas capas a nivel periodístico, el fotógrafo Mr. Toledano captó a varios de ellos. Además, acompañó cada foto de una pequeña cita. Por ejemplo, la mujer cuya imagen abre este post se dijo un día: «¿Por qué no intento cobrar por hablar sucio, en lugar de hacerlo gratis?». Así empezó en este negocio que «eleva» su autoestima.

El portafolio me deja pensando que si bien nunca he llamado a un hot line, no soy tan distinta de los clientes habituales de estos personajes: la imaginación también es mi principal afrodisiaco.

Screen shot 2014-10-15 at 5.32.19 PM«Quien me llama no sabe cómo soy, cómo me veo. Sólo se imagina que estoy ahí para cumplir sus deseos […] Le pongo carne a la muñeca de sus fantasías».

 

Screen shot 2014-10-15 at 5.26.09 PM«[El sexo por teléfono] es un coctel de testosterona alimentado por adicción a la pornografía, soledad y la necesidad de oír una voz femenina».

 

Screen shot 2014-10-15 at 5.30.24 PM«Las mujeres que llaman quieren que les hable, que las lleve a otro mundo».

 

Screen shot 2014-10-15 at 5.28.42 PM«Tengo una voz muy aguda, soy de carácter sumiso e infantil. Todo eso lo reflejo al hablar con clientes […] Hago que se imaginen a una chica siendo abusada por su maestro de historia: ‘¡Ay, profesor, eso es muy grande! ¡Me va a lastimar!».

 

Screen shot 2014-10-15 at 5.27.55 PM«A veces recibo llamadas perturbadoras. Un cliente me confesó haber cometido abuso sexual incestuoso, otro me pidió hacerle sexo oral a mi hermanito y tres se han suicidado estando conmigo al teléfono».

 

Screen shot 2014-10-15 at 5.31.20 PM«Trabajé muchos años en una empresa, contestando llamadas de clientes descontentos. Esto es similar, es darle servicio al cliente. Pero se van con más que una sonrisa».

 

Poema para cuando lo que uno siente es «difícil»

La poeta
La poeta

Con la escritora uruguaya Idea Vilariño he pasado muchas mañanas, noches, madrugadas y las horas en medio. Adoro su capacidad para volcar universos en pocas palabras, como en estos versos que dejan ecos en el #MiércolesDePoesía.

 

«Lo que siento por ti es tan difícil.

No es de rosas abriéndose en el aire,

es de rosas abriéndose en el agua.

 

Lo que siento por ti. Esto que rueda

o se quiebra con tantos gestos tuyos

o que con tus palabras despedazas

y que luego incorporas en un gesto

y me invade en las horas amarillas

y me deja una dulce sed doblada.

 

Lo que siento por ti, tan doloroso

como pobre luz de las estrellas

que llega dolorida y fatigada.

 

Lo que siento por ti, y que sin embargo

anda tanto que a veces no te llega».

La herida de conocer a alguien (según Modiano)

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«¿Podemos estar realmente seguros de que las palabras que dos personas han cruzado durante su primer encuentro se hayan desvanecido en la nada como si nunca las hubiera pronunciado nadie? ¿Y ese susurro de voces, esas conversaciones telefónicas desde hace alrededor de cien años? […] Bosmans había leído en alguna parte que un primer encuentro entre dos personas es como una herida leve que ambos notan y que los despierta de su soledad y su embotamiento», dice El horizonte (Anagrama), primera novela que leo del flamante Nobel de Literatura, el francés Patrick Modiano. Voy a la mitad y me está gustando. Su prosa es sutil, sin aspavientos pero fuertemente emocional. Aunque parece que en la novela pasa poco, los protagonistas viven un abanico de emociones marcado por la sombra de una amenaza que uno de ellos trata de reconstruir, 40 años después.

Me parece hermoso el concepto que cito: cuando dos se conocen, sin darse cuenta se hacen un rasguño que a veces cierra de forma imperceptible y otras, deja una cicatriz por el resto de la vida. Sí, tal cual. Me va gustando, Modiano.

 

Siete datos desconocidos sobre Patrick Modiano, Nobel de Literatura

Modiano

“Abro en 45 minutos y ya hay fila de gente que quiere comprar libros de Modiano”, se tuiteó ayer desde la cuenta de la célebre librería argentina Eterna Cadencia. Lo cierto es que el rock star por excelencia, Murakami, se quedó otra vez esperando, porque nadie creyó que el autor francés ganara el Nobel. Ni él mismo. “Es extraño e irreal”, dijo. “Ha sido un poco abstracto, vi que estaba en la lista de candidatos, pero no me lo esperaba”. Con él, Francia se embolsa su Nobel de Literatura número 14, por delante de Estados Unidos (12) y Reino Unido (10).

Según su sitio oficial, Modiano es autor de 39 libros, de los cuales apenas siete han sido traducidos al español, todos por Anagrama: El lugar de la estrella, La ronda nocturna y Los paseos de circunvalación (reunidos en Trilogía de la ocupación), Un pedigrí, En el café de la juventud perdida, La hierba de las noches y El horizonte. Nacido en 1945 en Boloña, vivió en carne propia las contradicciones de la postguerra, de la ocupación alemana y del colaboracionismo francés, de ahí que su obra se centre en esos temas.

No lo he leído pero lo haré, al menos para quitarme el gusanito (aunque el año pasado me llevé un chasco con Munro). Como en Gandhi están agotadas las ediciones de papel y los libros electrónicos no son lomíolomío, tendré que esperar la reimpresión. Mientras navego para conocer un poco sobre él encuentro estas declaraciones que hizo a la revista francesa Télérama en febrero pasado: “Es conmovedor tener lectores. Es maravilloso, uno tiene la impresión de poder comunicarse con otros […] Un libro no pertenece a quien lo ha escrito, sino a quienes lo leen”.

Aquí siete cosas interesantes sobre él, que encontré en portales franceses:

1. Acaba de presentar libro. Su más reciente novela se titula Para que no te pierdas en el barrio y salió a la venta el 2 de octubre en Francia. Abre con una cita de Stendhal: “No puedo aportar la realidad de los hechos, sólo puedo presentar su sombra”.

2. Ama los clásicos. Entre sus libros favoritos menciona Tristán e Iseo, Sueño de una noche de verano de Shakespeare, Las flores del mal de Baudelaire, Crimen y castigo de Dostoievski, Las ilusiones perdidas de Balzac y La montaña mágica de Thomas Mann.

3. Tuvo un padre ausente. La relación con su padre, quien estuvo siempre distante del chico y se enriqueció durante la Guerra, fue compleja. Por fin, a los 17 años Patrick decidió no volver a verlo. Incluso ignora dónde fue enterrado.

4. Fue amigo de Malraux. En 1970 tuvo como testigos de su boda a los escritores André Malraux y Raymond Queneau.

5. También le entró al pop. Entre 1965 y 1970 escribió más de una decena de letras para varios intérpretes, entre ellas cuatro para la muy conocida cantante Françoise Hardy.

6. Fue guionista… En el cine hizo pininos como guionista. Uno de sus textos fue llevado al cine en la cinta Lacombe Lucien, del director Louis Malle (1974), mientras otros nunca llegaron a la pantalla.

7. ¡Y actor! Tiene una relación larga de amistad con la actriz Catherine Deneuve y a instancias suyas apareció en los años 90 con ella en la cinta Genealogías de un crimen, del director Raoul Ruiz.

Cuando leí en Twitter «Ya hay fila de gente que quiere libros de Modiano”, contesté: “Igualito que con el iPhone” y la mano anónima respondió: “Sí, iModiano”.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo)

Precoz, feroz, deliciosa

Karen Souza
Karen Souza

(Da click aquí para oír la canción)

Es viernes, día de Venus y, por tanto, de amores y gustos. Como la voz de esta argentina que acabo de descubrir, miel que se derrite. Se llama Karen Souza, canta covers clásicos y no-tan-clásicos. La invito a inaugurar el fin de semana con este tema riquísimo, de una seductora profesional: «Bette Davis Eyes».

Her hair is Harlow gold, her lips sweet surprise
Her hands are never cold, she’s got Bette Davis eyes
She’ll turn the music on you, you won’t have to think twice
She’s pure as New York snow, she got Bette Davis eyes

And she’ll tease you, she’ll unease you
All the better just to please you
She’s precocious
And she knows just what it takes to make a pro blush
She got Greta Garbo standoff sighs, she’s got Bette Davis eyes

She’ll let you take her home, it whets her appetite
She’ll lay you on the throne, she got Bette Davis eyes
She’ll take a tumble on you, roll you like you were dice
Until you come up blue, she’s got Bette Davis eyes

 (Da click aquí para ver la letra traducida el español)

 

Mi libro de poesía, hecho de tripas

Imagen: Gabo Revuelta
Imagen: Gabo Revuelta

Empieza la cuenta regresiva: ya está en la imprenta mi primer libro de poesía.

Me tiene contenta (ok, emocionadísima), pero al mismo tiempo nerviosa (ok, aterrada). He publicado ya dos libros pero ninguno me ha generado emociones tan encontradas como éste, será porque la poesía desnuda las entrañas y estos textos, eróticos, lo hacen en más de un sentido. Alguna vez leí que un escritor decía que publicar un poema es como exponer las tripas en una mesa y esperar ingenuamente que la gente las vea y diga: «Qué bonitas». La figura es exacta: cada poema está hecho de lo más íntimo de mí. De ahí las ganas de gustar y el temor de no lograrlo, pero también la necedad de correr el riesgo.

Hoy que mi país se desangra por la barbarie de estado quise darte esta primicia a ti, lector de este blog, que visitas mi casa de palabras y con quien he compartido versiones preliminares de algunos textos. Muchas gracias por andar conmigo este camino de claroscuros que me entusiasma tanto.

 

A veces la lluvia barre un amor (y no hay remedio)

 

Foto: Frank Marchese
Foto: Frank Marchese

Con frecuencia, entre los amantes se desatan guerras, desastres, tragedias sin cuento. Este breve poema de la colombiana María Clara González da fe de ello y retumba en este #MiércolesDePoesía pleno de ecos y rumores de agua que cae.

Las razones

que tuve para amarte

se borraron anoche

en la tormenta

 

Quedé limpia

 

Tu olor a huésped

voluptuoso en mis entrañas

se enredó con la lluvia

y se marchó.

 

María Clara González, «Desamor», Pulso interno

 

«Hay muertos que hacen temblar la tierra»: Tina Modotti

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En 1942 murió en México Assunta Adelaida Modotti, fotógrafa italiana y activista de izquierda. La obra de teatro María Tina Modotti, que se presenta en el Teatro Sergio Magaña de la capital mexicana bajo la dirección de Haydeé Boetto y Gabriel Figueroa Pacheco, aborda su vida estrujante a partir de tres actores y un bello juego escénico creado a partir de grandes maletas, que en coreografía van trazando distintos espacios. El texto de Zaida Rico (quien también encarna a Modotti) se centra en la Tina luchadora social y la enamorada del revolucionario cubano Julio Antonio Mella, asesinado en los propios brazos de ella y de cuya muerte fue absurdamente acusada. El personaje de Modotti asegura de él en una línea poderosa: «Hay muertos que hacen temblar la tierra».

La obra me gustó pero a ratos el texto me pareció flojo y me hizo falta ver en escena a la Tina también fotógrafa, la artista vital, así como dar más peso al poema que Pablo Neruda le dedicó, que apenas se menciona. Compañeros de ideario político y ambos involucrados en la Guerra Civil Española, el chileno le escribió a su muerte:

«Tina Modotti, hermana, no duermes, no, no duermes:
tal vez tu corazón oye crecer la rosa
de ayer, la última rosa de ayer, la nueva rosa.
Descansa dulcemente, hermana.  

La nueva rosa es tuya, la nueva tierra es tuya:
te has puesto un nuevo traje de semilla profunda
y tu suave silencio se llena de raíces.
No dormirás en vano, hermana.  […]

Son los tuyos, hermana: los que hoy dicen tu nombre,
los que de todas parte del agua, de la tierra,
con tu nombre otros nombres callamos y decimos.
Porque el fuego no muere».  

Hay muertos que hacen temblar la tierra. Sí, como la propia Tina. Qué gusto que el buen teatro nos lo recuerde.

Jaime López reencarna con su Hotel Garage

Portada de Di no a la yoga
Portada del disco

Disponible a partir de hoy en iTunes, el nuevo disco Di no a la yoga tiene el sello del mejor López: buen rock, propuesta inteligente y mucho juego. Frente a unas chalupas con salsa platicamos con él al respecto. Esto nos dijo.

Nueva reencarnación

Di no a la yoga es mi tercer disco con Hotel Garage en los ocho años de historia que tenemos como grupo. «Estoy harto de mí» decía una canción que escribí hace tiempo. Eso me pasa seguido: de pronto me cansa estar solo, a veces me cansa estar con el grupo, otras puedo combinarlos. Ahora quiero ver qué pasa con esta tercera reencarnación del Hotel. Hace poco hice una presentación simbólica a solas en el Teatro de la Ciudad, que cerró un ciclo de cuarentaytantos años en el que estuve presente con o sin orquesta, con o sin disquera. En este momento me quiero clavar con el grupo porque no hay un público de Hotel Garage, debemos generarlo. Quiero abrir espacios de trabajo para nosotros y para otros, ver hasta dónde da.

Los mamones jazzistas

El disco tiene 10 canciones en tres partes. Por un lado hay temas antiguos como «Tu maldición» y «Nordaka», que reformulamos en rock porque no sólo el jazz tiene esa virtud. Aunque así presuman los mamones jazzistas, no les pertenece la improvisación. Nada se crea ni se destruye, sólo me las prestas… Luego vienen tres canciones norteñas, entre ellas «La bestia» y «Sueños sin fronteras», que eran parte de un disco norteño que iba a hacer con un amigo mío y les metimos rock. Las demás son nuevas, como «No soy un virtuoso».

El intraducible Play the music

En Di no a la yoga no me importa el contenido, no le estoy diciendo a nadie que se ponga a practicarla o deje de hacerlo. ¡A lo mejor hasta le hago propaganda! Yo practico mi propia yoga, me paro de cabeza, es más, quería aparecer en la portada parado de cabeza, sería más irónico… Para mí primero está la forma, no el fondo. Si de la forma se deriva contenido qué bien, pero no es lo central. Juego musicalmente con las palabras. En inglés se dice play the music, ese concepto intraducible de jugar con la música. Eso es lo que me interesa. Claro, lo mejor es que forma y fondo vayan de la mano, pero si se polarizan yo prefiero irme por la forma. Suena mamón y sí, asumo que soy mamón, como cuando dejé de fumar: lo logré sin querer y años después descubrí que nunca me había gustado el cigarro, sólo fumaba por snob. Aunque lo snob no se me ha quitado, sí dejé de fumar.

Calle 13 o el Tres Patines

En los 60 y 70 muchos decían que la forma era para burgueses, tener buena ortografía era mamón, lo único importante era el contenido. Obviamente nunca leyeron a Ezra Pound, sólo a Marx… y marx o menos, porque no-estorba-el-griego. Es difícil que el contenido aporte una forma, es más fácil que la forma te dé un contenido. El problema con quienes privilegian el contenido es que pueden banalizar todo, hacer pura demagogia. Eso pasa con Calle 13: tomaron tres clases de métrica y creen que están diciendo las cosas poéticamente, cuando en realidad no dicen nada. Yo prefiero al Tres Patines.

 

(Originalmente publicado en el sitio web de la revista SoHo).

La hermosa novela polaca de sólo dos frases (en traducción de Pitol)

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«[…] cuando después de saciarse de mí intempestivamente me abandonaba, yo pensaba entonces: soy su propiedad, su objeto, por eso prefiere despreciarme en vez de despreciarse, lo odio, pero me odio también a mí mismo, por responder con docilidad a sus deseos, esto me produce placer y cuando experimento el placer no sé no amarlo, por eso me odio […]».

Acabo de terminar Las puertas del paraíso, novela del autor polaco Jerzy Andrzejewski, en la imperdible traducción de Sergio Pitol (Conaculta/ Universidad Veracruzana). El libro, de 1959, aborda un hecho verídico del siglo XII: una expedición de niños franceses se dirigió a Jerusalén con la intención de liberar el sepulcro de Cristo de manos turcas. Por supuesto, la Cruzada de los Niños no llegó a su destino. Unos fueron secuestrados por traficantes de esclavos y vendidos en Egipto, otros se perdieron y murieron en tierras ajenas.

El tema es, de suyo, implacable, pero la amarga novela de Andrzejewski y cimbra por mucho más que eso: entrevera simultáneamente los testimonios de cinco chicos y de su confesor, un viejo que se debate en el conflicto ético de bendecir a los chicos y acompañarlos en su viaje imposible o detener lo que sabe que se convertirá en una masacre inútil. En los testimonios figuran temas universales como el deseo ciego, lo absurdo de la fe, el amor implacable y la muerte liberadora, la verdad que miente y el dolor que atraviesa la experiencia humana. Además, la traducción de Pitol es impecable, como siempre. Y otra particularidad estilística termina de hacerla impresionante: la novela entera consta de solamente dos frases, una que abarca 110 páginas y otra, de sólo cinco palabras.

Me resulta difícil describir una lectura que me conmovió tanto. Sólo atino a decir que me deja una hermosa piedra en la garganta.

El maldito genio de Umberto Eco, al Nobel

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La próxima semana se anuncia al ganador del Nobel de Literatura. La empresa británica Ladbrokes congrega cada año las apuestas de los que la hacen de adivinos en esto y entre los máximos favoritos para llevárselo este año figuran el japonés Haruki Murakami y el nigeriano Ngugi Wa Thiong’O. Otros con posibilidades son la narradora bielorrusa Svetlana Aleksijevitj, el poeta sirio Adonis, el albanés Ismail Kadare, más los estadounidenses Philip Roth, Bob Dylan y ohsorpresa el hispano Javier Marías. Por ahí aparece también Umberto Eco, que en estos días acaba de recibir el Premio Gutenberg porque con sus novelas «introdujo a millones de lectores internacionales en la cultura del libro». A sus 82 años, los 13 mil dólares seguro que no le vienen mal, aunque le vendría mejor el millón de dólares del Nobel.

No creo Eco que se lo lleve pero votaría porque sí, considerando su obra completísima y con muchos acentos y ángulos. Me parece genial El nombre de la rosa y me impresiona su trabajo como semiólogo: en su momento devoré Lector in fabula, La estructura ausente Apocalípticos e integrados. Además, La búsqueda de la lengua perfecta, Historia de la belleza e Historia de la fealdad son libros a los que vuelvo con frecuencia, y es una delicia el nuevo Historia de las tierras y los lugares legendarios. Y encima me gusta su humor un poco amargo, cero intelectual, según cuenta en Así hablan los que escriben (Atlántida) el periodista argentino Alfredo Serra, quien lo entrevistó hace años y se topó con pared. Ante la pregunta de qué quiso decir con El nombre de la rosa, especie de novela policiaca y crónica medieval, Eco respondió: «Nada. La escribí porque ese día tenía ganas de matar a un cura». Luego dijo: «Detesto que me pregunten ‘¿Con qué personaje de sus novelas se identifica más?’. Es una pregunta banal. Tanto, que respondo: Con los adverbios».

Al cuestionarle sobre su libro favorito salió con que: «El que tiene un solo libro toda su vida es un idiota. Yo tengo por lo menos cien» y cuando el periodista le preguntó: «¿Está escribiendo una nueva novela? ¿De qué trata?» vino la respuesta como un látigo: «Mire: si estuviera escribiendo una novela, el tema no lo conocería ni mi propia mujer. Y eso que duerme conmigo. Menos pienso decírselo a usted, que no tiene relaciones sexuales conmigo». Para terminar, esta joya de respuesta sobre la trilladísima cuestión de si desaparecerán los libros de papel: «El libro no morirá por la misma razón que perduran la silla y el tenedor: porque son irremplazables».

Por eso me gustaría que ganara, porque es brillante, plural y hondo. Un maldito genio en todas sus acepciones.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, dentro del sitio web de la revista SoHo)

La necedad de escribir

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«No he sido el escritor que he querido, debido a cuestiones sentimentales. Me ocurre que padezco un amor y me vuelvo un bueno para nada. Me entrego entonces a la plenitud. Ni siquiera sé capitalizar la experiencia ni la presencia misma de la persona. Vivo más intensamente en su ausencia. No puedo entonces escribir», dijo el autor mexicano Juan José Arreola en 1980. Encuentro la cita en Los escritores, antología de entrevistas publicada por Proceso, mientras busco (sin suerte) una reflexión suya que recuerdo sobre el tema.

Esto que leo me deja pensando: la escritura es tan huidiza que se esconde tras excusas de todos colores. En mi caso siempre falta tiempo, el trabajo y los compromisos resecan la pluma. Y sin embargo, carajo, sigo escribiendo porque no puedo evitarlo: escribir me es una necedad más incluso que una necesidad.

Cuando un poeta dice «Ven, acuéstate» no se le debe desobedecer

Foto: Lalit Rastogi
Foto: Lalit Rastogi

Con elegancia, el español Luis García Montero pide a su amante recostarse a su lado. Cuando un poeta lo dice así de bonito, ni modo que una mujer educada se niegue, sobre todo si se trata de un #MiércolesDePoesía, como éste.

«[…] Tiéndete junto a mí. Despierta en la memoria
esa inquietud que guardan los que acaban de amarse,
la imperceptible prisa de los labios
que buscaron un cuello donde apoyar su aliento.
Y déjame mirarte, frente a frente,
con estos mismos ojos orientales
que utiliza el amor para observamos.»

-Luis García Montero, «Esa luna color de viejo saxofón»

El pasmo de ser dos (al mismo tiempo)

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«Yo soy dos y estoy en cada uno de los dos por completo», dijo Agustín de Hipona, el psicólogo que la iglesia graduó como San Agustín para vender estampitas con su imagen. Muchos siglos más tarde, el novelista escocés Robert Louis Stevenson puso en palabras de su doctor Jekyll la revelación: «el hombre no es realmente uno, sino plenamente dos». Y hoy, la autora de este blog señala la sorpresa que le genera este misterio: «soy tan dos, que a veces parezco tres». Oh, hados.

Reinvindicar el vello púbico

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En este mundo de cuerpos en exceso depilados, donde desde hace años a las mujeres se nos exige eliminar todo rastro de vello, en #LunesDeMonos alzo mi voz solitaria para reivindicar la animalidad del pelo corporal a través de este cartón del humorista mexicano Kemchs. Gracias al bombardeo mediático y social, en mi juventud compré la idea de retirarlo de axilas y pantorrillas, pero ahora resulta que también los antebrazos y el sexo deben parecer de bebé, aunque el proceso para lograrlo sea muy doloroso. Y, además, recientemente muchos hombres acuden a clínicas diversas para retirarse el pelo de pecho, espalda, piernas, brazos.

Aquí va mi confesión, para escándalo de los defensores de la ultrahigiene (¿y la eterna prepubertad?): un pecho masculino velludo y un vientre cubierto de pelusa me resultan altamente deseables. Y en el caso femenino sólo soy partidaria de la depilación «a la brasileña» (total) como parte de un juego erótico, no como exigencia cotidiana.

En fin, este buen cartón que sólo debería hacerme reír resulta tener harto fondo.

 

Las nalgas y los libros hacen la vida más bella

Foto: David Photographer

En Internet hay engendros y aciertos de muchos tipos, pero cualquier cosa que en el nombre combine nalgas y libros ya de por sí promete. Navegando por la web tropiezo con este sitio web venezolano, de fórmula audaz: ofrece fotos eróticas de mujeres deliciosas, recomendaciones de libros, artículos de actualidad y algo de poesía. Aunque en principio es un coctel interesante, cada categoría es independiente de la otra: las fotos están por aquí y los textos, por allá. Si me preguntaran, diría que Nalgasylibros se podría enriquecer aún más si de pronto las fotos fueran acompañadas de buenos textos. Y a la inversa.

La imagen que ilustra este post es ejemplo de lo que se puede encontrar por ahí. Es de David Photographer y forma parte de un portafolio tomado del sitio. Al verla me vienen a la mente los versos iniciales de «El fornicio», poema del chileno Gonzalo Rojas, y me imagino a varios murmurándolos de memoria: «Te besara en la punta de las pestañas y en los pezones, te turbulentamente besara,/ mi vergonzosa, en esos muslos/ de individua blanca…».

En fin, que Nalgasylibros es una manera feliz de celebrar el viernes entre cuerpos hermosos y literatura. ¿Hay algo más que valga la pena?

Poema de paso sobre un hotel de ídem

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Otro #MiércolesDePoesía llega de improviso, sin avisar. Para recibirlo como se merece, aquí va un poema rico de Vicente Quirarte sobre un tema que nadie podría tachar de ligero. Se titula «Una mujer y un hombre» y se incluye en Puerta del verano. Provecho.

Una mujer y un hombre pueden, por ejemplo,

entrar en un hotel (ese templo escondido

que de ser invocado se aparece)

y amarse a plena luz del día.

 

Pero una mujer y un hombre deben antes

entrar en un cine, aunque jamás se enteren

de lo que pasa en la pantalla

y él mire la pelusa de durazno en su mejilla

y ella le oprima el muslo cuando sienta miedo.

 

O una mujer y un hombre pueden

salir a caminar y que la mano de él parezca

prolongación de la cintura de ella

y que entonces sea mayor la cadencia

del caminar de la mujer,

pues a eso sólo se parece

un barco bogando en altamar

en el umbral de la primavera.

 

O pagar el café ya frío cuando los ojos

y las manos han dicho sí mil veces.

Y ya sin tocarse, hacerse o decir nada,

una mujer y un hombre pueden, finalmente,

entrar en un hotel y darse el cuerpo,

dejar abierta la ventana para que pasen

la brisa caliente de los parques,

el rumor de los que salen del cine,

las campanas golpeando contra tazas,

la débil voz que va diciendo “así”.

Caleidoscopio de la vida real

 

(Da click en el enlace para ver el video)

Este video es puro placer estético, mero derroche de gusto que me regala cuatro minutos en otra dimensión, lejos de ésta. Fue realizado por el usuario myLapse en Barcelona, con una técnica llamada Kaleidolapse, que permite jugar simétricamente con imágenes tomadas en un periodo extendido de tiempo. Es como hacer un caleidoscopio con escenas de la vida real, donde si uno se fija aparecen nubes, edificios, parques y personas, pero el resultado es irrealmente precioso. Como amante perdida de los caleidoscopios, me emociono con esta belleza que va creando una suerte de mandalas en movimiento.

La diferencia entre «sí» y «yes»

Cartón: Rayma Suprani
Cartón: Rayma Suprani

Este cartón de la venezolana Rayma Suprani pone en dedo en la llaga con esto que cada vez más mujeres tenemos (creo) muy claro. ¿Para qué un anillo, un vestido blanco con cauda, una gran recepción? Mejor tener una fiesta diaria bajo los sábanas.

Codiciar la nuez de Adán

Imagen 3

 

Aquí va un pequeño poema mío que celebra esa delicia de la geografía masculina, con frecuencia pasada por alto cuando se habla de sexo, pero en el juego del deseo exquisita de imaginar, acariciar, chupar, morder, besar. Si Adán hubiera sabido cuánto iba a estar presente en mis fantasías…

 

Quiero tu cuello

ahora

grueso

lamerle la nuez

como áspera es la noche.

Quiero tu cuello

quiero

grueso

lamerle la nuez.

 

-Julia Santibáñez