La dualidad que Rilke entendió como nadie

Pintura: Binh Nguyen Thanh
Pintura: Binh Nguyen Thanh

Otro #MiércolesDePoesía inaugura la mañana en que resuenan estos versos de Rainer María Rilke, el poeta que respiraba con la pluma y amaba las dos caras de las cosas: «Deja que te suceda lo bello y lo terrible.Sólo hay que andar: ningún sentimiento es remoto». Muchos volúmenes caben en esas letras. 

PD Recomiendo muchísimo este blog antiguo de la poeta y traductora Natalia Litvinova, de donde tomo el fragmento; aborda la etapa rusa de Rilke, su contacto con Tolstoi, Tsvetáieva y Ajmátova, así como sus vasos comunicantes con pintores rusos y hasta poemas que escribió en esa lengua.

 

 

 

Palabras que funcionan como una lámpara de mano

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A veces, como hoy, una frase como ésta puede iluminar el día. Es de Viktor Frankl, creador de la logoterapia y de quien leí hace tiempo El hombre en busca de sentido. En ese libro hecho de tripas y humanidad cuenta su experiencia en el campo de concentración de Auschwitz, donde estuvo preso y donde murieron su esposa, sus padres y hermanos. Narra cómo en ese lugar sin esperanza le sorprendía descubrir que a pesar todo el sufrimiento, algunos prisioneros seguían luchando por sobrevivir… y sobrevivían y al final eran capaces de llevar vidas plenas.

Me gusta esta frase, la creo, la repito. Funciona como una linterna, que alumbra los pasos.

Hay un poder en ser vulnerable (y lo quiero descubrir)

Oveja: www.belenessanjuanbosco.es
Figura: http://www.belenessanjuanbosco.es

Me siento frágil. Sabe mal, va en contra de la imagen «fuerte» que quiero tener de mí, se contrapone a los mensajes de «tú puedes, muéstrate segura, no dudes». Más bien me siento débil, no quiero fingir lo que no soy, dudo mucho.

Parezco las figuras del Nacimiento (Belén), que en Navidad poníamos en casa para simbolizar la llegada de Jesús: de un año al otro, al guardarlas o sacarlas de las cajas siempre se le rompía la pata a alguna oveja. Y ahí estaba ella, todo diciembre en la representación, con la pata pegada. Así, yo: con la pata rota aquí estoy, tratando de aprender de esta debilidad, de este ser imperfecta, de saber que sólo si contacto con el dolor puedo salir adelante, que tratarme con cariño y compasión es un aprendizaje y que ser vulnerable no me denigra, al contrario, puede convertirse en un rasgo hermoso, que me permita conectar con otros.

Este video está siendo mi mantra: El poder de la vulnerabilidad. No tiene desperdicio.

Las emociones se falsifican como los cuadros, dice Tornatore

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Anoche vi la película El mejor postor (The Best Offer), del italiano Giuseppe Tornatore, director de Cinema Paradiso. Tiene una soberbia música de Ennio Morricone y la actuación protagónica de Geoffrey Rush, que crece cada vez más en su piel. No daré ningún spoiler (comentario-que-revela-el-final), sólo apunto la redundancia de que es una obra de arte que trata sobre obras de arte, subastas y falsificaciones, pero va más allá. La película funciona en varios niveles, tiene buenas actuaciones (entre ellas, la de Donald Sutherland), suspenso, ritmo, profundidad psicológica, emoción.

Me quedo con esta joya de diálogo entre Billy (Sutherland) y Virgil (Rush), que traduzco libremente del original:

«Billy: —Las emociones son como las obras de arte. Pueden ser imitadas, parecer originales pero ser falsificaciones.

Virgil: —Falsificaciones.

Billy: —Todo puede ser falso, Virgil: la alegría, el dolor, el odio, la enfermedad, la salud… incluso el amor».

Y sí, me deja pensando que todo se puede fingir. Como en la pintura y la escultura, también en las emociones hay expertos falsificadores, maestros en hacer pasar una copia por el original. Sin fomentar la paranoia, más me vale estar alerta y, eso sí, aquilatar las obras originales que tengo la suerte de poseer.

 

Bendito sea el sexo

Escultura: Cupido y Psyche, por Auguste Rodin,
Escultura: Abrazo de Cupido y Psyche, por Auguste Rodin,

Siempre que visito un país nuevo me gusta empaparme de literatura que sucede ahí, es como ir con palabras antes de hacerlo con el cuerpo y los ojos desbordados. Ante la perspectiva de un viaje próximo a la deseadísima Turquía (país que hace muchos años muero por conocer), releo La pasión turca, novela del cordobés Antonio Gala que tiene las anotaciones de mi primera lectura, en 1995. Encuentro esto, subrayado por mi mano joven: «Bendito sea el sexo y su desorden, y la pasión que nos desata: ellos nos redimen de nuestros lastres y de nosotros mismos. Aunque también supongo que, si no estuviéramos reducidos a prisión —si fuésemos siempre desenfrenados y procaces—, no gozaríamos tanto con esa libertad provisional a la que aludía, con esa libertad, efímera y compartida, que lleva de la celda común a la huida común».

Coincido con esta afirmación, que hace casi 20 años me deslumbró. Mi personalidad estructurada, de disciplina inglesa y orden extremo, se libera de sí misma en el encuentro con el otro, con el que es mío (y yo, suya), en esa «huida común» de la que habla Gala. Cómo no va a ser bendita la experiencia.

 

 

 

Cabalgar sobre tu cuerpo (y hacerlo en portugués)

Foto: Andreas Bitesnich
Foto: Andreas Bitesnich

(Da click en el enlace para oír la canción)

Es viernes de música y de amores, y aunque el Mundial de Futbol es un cero a la izquierda entre mis intereses, aprovecho la ola de pasión carioca para compartir una canción brasileña seductorísima. Se llama «Cavalgada» y la cantaba Roberto Carlos (entiendo que es de su autoría), pero prefiero esta versión del dueto Bruno e Marrone.

Es la metáfora de un amante que dice querer cavalgar toda la noche con su amada, usar con ella su mano más audaz, tomarse de sus cabellos para no caer del galope y después de todo deleitarse en el cansancio de ella, sin importar si en ese instante «soy dominado o si domino», «si me siento un gigante o tan pequeño como un niño». Es una absoluta delicia, la sutileza del mejor Brasil. Aquí está la letra en portugués, que se entiende bastante bien y, abajo, una versión en español.

«Vou cavalgar por toda a noite
Por uma estrada colorida
Usar meus beijos como açoite
E a minha mão mais atrevida
Vou me agarrar a seus cabelos
P’ra não cair do seu galope
Vou atender aos seus apelos
Antes que o dia nos sufoque.

Vou me perder de madrugada
P’ra te encontrar no meu abraço
Depois de toda a cavalgada
Vou me deitar no seu cansaço
Sem me importar se nesse instante
Sou dominado ou se domino
Vou me sentir como um gigante
Ou nada mais do que um menino.

Estrelas mudam de lugar;
Chegam mais perto só pra ver
E ainda brilham de manhã
Depois do nosso adormecer.

E na grandeza deste instante
O amor cavalga sem saber;
E na beleza desta hora
O sol espera pra nascer».

Da click aquí para oír una versión en español del propio Roberto Carlos

Ocho palabras que le urgen al español

Ilustraciones: Anjana Lyer
Ilustraciones: Anjana Lyer. Iktsuarpok (inuit): La frustración de esperar a alguien que no llega.

¿Una voz que signifique «comprar libros y luego dejarlos apilados por ahí»? ¿Otra que describa la mirada de deseo de dos que no se atreven a dar el primer paso? ¿Y qué tal otra que comunique la sensación de estar solo en el bosque?

Sí, estas joyas existen en otras lenguas y la artista neozelandesa Anjana Lyer se dio a la tarea de ilustrar varias de ellas. Aquí está una selección de las que considero mejores, con su traducción y el idioma de origen. Voto por incorporarlas al diccionario del español, lo enriquecerían. Ahora mismo, por ejemplo, tengo Fernweh: extraño esa cabaña remota en la selva del Congo en la que nunca he puesto un pie.

Tsundoku (del japonés): comprar un libro y luego apilarlo con otros, igualmente no leídos
Tsundoku (japonés): El acto de comprar un libro y luego apilarlo con otros, igualmente no leídos.
Fernweh (alemán): Sentir nostalgia por un lugar en el que nunca se ha estado
Fernweh (alemán): Sentir nostalgia por un lugar en el que nunca se ha estado.
Waldeinsamkeit (alemán): La sensación de estar a solas en el bosque
Waldeinsamkeit (alemán): La sensación de estar a solas                en el bosque.
Shlimazl (yiddish): Tener una eterna mala suerte.
Shlimazl (yiddish): La persona que tiene una mala suerte crónica.
Mamihlapinatapei (yaghan): La mirada de deseo de dos personas, que no se atreven a dar el primer paso.
Mamihlapinatapei (yagán): La mirada de deseo de dos personas, ninguna de las cuales se atreve a dar el primer paso.
Wabi Sabi (japonés): El arte de aceptar el proceso natural de crecimiento y decadencia.
Wabi-Sabi (japonés): El hecho de aceptar el proceso natural de crecimiento y decadencia.
Bakkushan (japonés): La mujer que es atractiva de espaldas... sólo de espaldas.
Bakku-shan (japonés): La mujer que es atractiva de espaldas… sólo de espaldas.

Da click aquí para ir aquí a otra entrada sobre expresiones intraducibles.

Darte justicia con el cuerpo

Pintura: Adán y Eva, Tamara de Lempicka
Pintura: Adán y Eva, Tamara de Lempicka
Llega otro #MiércolesDePoesía, buena excusa para compartir versos que se quedan resonando en la cabeza y la emoción, como estos del español Antonio Gamoneda, de una suavidad que se unta en los labios:
«Mi manera de amarte es sencilla:/
te aprieto a mí/
como si hubiera un poco de justicia en mi corazón/
y yo te la pudiese dar con el cuerpo.//
Cuando revuelvo tus cabellos/
algo hermoso se forma entre mis manos.//
Y casi no sé más. Yo sólo aspiro/
a estar contigo en paz y a estar en paz/
con un deber desconocido/
que a veces pesa también en mi corazón».

-Antonio Gamoneda, «Amor», Blues castellano

El viaje entre dos aleteos

Foto: Tatyana Druz
Foto: Tatyana Druz

(da click en el enlace para oír el fragmento)

Quien más me quiere me regala el muy reciente disco de Calle 13, Multiviral, que arranca con Eduardo Galeano leyendo un texto suyo. Todo el álbum es un coctel de inteligencia, ritmo pegajoso, buenas letras, corazón, pero en especial me emociona esto de la pluma del uruguayo, que define la humanidad a partir de ese gesto tan instintivo, que nos puede poner al borde del abismo pero también nos rescata del hoyo: el abrazo. Aquí está el mejor Galeano:

«Oriol Vall, que se ocupa de los recién nacidos en un hospital de Barcelona, dice que el primer gesto humano es el abrazo. Después de salir al mundo, al principio de sus días, los bebés manotean, como buscando a alguien.
Otros médicos, que se ocupan de los ya vividos, dicen que los viejos, al fin de sus días, mueren queriendo alzar los brazos.
Y así es la cosa, por muchas vueltas que le demos al asunto, y por muchas palabras que le pongamos, así es la cosa. A eso, así de simple, se reduce todo: entre dos aleteos, sin más explicación, transcurre el viaje». -Eduardo Galeano, «El viaje», Bocas del tiempo (Siglo XXI)

Ojalá que, de manera consciente, haga transcurrir cada día abrazando a mi gente, queriéndola con el cuerpo. Nada valdría más la pena.

La Historia sin selfies no es nada

 

Ilustración: REP
Ilustración: Rep

Acabo de descubrir a este ilustrador y estoy encantada: humorista argentino, firma como Rep y se llama autodidacta. Su brillante cartón abre la semana y me hace pensar en otras selfies necesarias para el Museo de la Historia: Hernán Cortés presumiendo el brutal sitio de Tenochtitlan, los Borgia en sus sacrosantos convivios, Robespierre inmortalizado en la guillotina, curiosos en la inauguración del Cristo de Corcovado (y en la resurrección del Cristo original), soldados alemanes a las puertas de Auschwitz, los Beatles volando muy (muy) alto, Mónica Lewinsky frente al miembro del miembro principal de la Casa Blanca. Y, por qué no, también añado las selfies literarias del Quijote ante sus molinos de viento, Madame Bovary y León en la cama del hotel de Rouen, Romeo trepando al balcón de Julieta, José Arcadio Buendía y Melquíades cenando en Macondo, Gregorio Samsa en su avatar de insecto…

Las selfies me han sido antes motivo de reflexión pero ahora lo veo claro: la historia no tiene sentido sin selfies. Gracias, Rep. #LunesDeMonos.

 

 

México convertido en un pedazo de tela

Frida Kahlo
Frida Kahlo

«Jala más un rebozo que un caballo brioso» decía un refrán, aludiendo a la atracción irrefrenable que ejercían las portadoras de esa prenda femenina, tradicional desde la Conquista. A propósito leo que, ahora mismo, en Londres se presenta la exposición Hecho en México: el rebozo en el arte, la cultura y la moda, con Frida Kahlo como imagen central. El tema me seduce.

Como toda forma cultural expresada en prendas que hablan, el rebozo resulta fascinante por donde se le vea. De origen desconocido, algunas teorías afirman que es copia del mantón de Sol de la Malinche y, otras, que procede del mantón español. Lo cierto es que desde el siglo XVI los indígenas mexicanos lo tejían y había reglamentos para su fabricación. Según el catálogo de la muestra Pudor y liviandad. Tres siglos de moda en México, presentada en el Museo Soumaya en 2005, «a partir de 1584 las mestizas lo utilizaban para cubrirse al entrar al templo, y, a finales de siglo, también lo portaban negras, mulatas e indias. Para la mujer mexicana el rebozo fue parte vital de sus afectos y su historia cotidiana: podía ser cuna o mortaja, hamaca o ropa de gala, en fin, la versatilidad de su uso ha sido derecho de las mexicanas sin importar su clase social».

Y no sólo en el pasado: hoy conserva su narrativa y traduce la riqueza de mi hermoso México en explosiones de color, patrones, texturas. Es una más de las expresiones culturales que me encantan y quisiera poder asir en toda su complejidad: cómo no va a resultar mágico expresar la identidad a través de una tela. Frida lo entendió bien.

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Invitación a conocer unos pechos exagerados

Dibujo: Emerico Imre Toth/ Fine Art America
Dibujo: Emerico Imre Toth/ Fine Art America
Un pintor recibe la carta de una desconocida, quien le dice haber visto su retrato en una revista y encontrarlo «interesante». Así empieza un intercambio epistolar que va subiendo de tono, alimentado por la fantasía de que ella es originaria de La Dorada, ciudad cuyas mujeres se desmarcan del resto por su peculiar belleza y redondez (turgente, para más señas) y porque «se dejan hacer cualquier cosa», como sabremos después. Tras varias misivas ella envía un retrato: con la imagen, en la que destacan sus pechos exagerados, viene también la invitación a «conocerlos». El hombre viaja entonces a La Dorada, urbe teñida de sexo donde vivirá una experiencia de lujuria y alucinación. Por otro lado visita también Aguafuerte, tierra donde nada es lo que parece, lugar de placeres sin freno y de mujeres que son calca una de la otra, todas húmedas, todas «listas y dispuestas».Con ambas historias cargadas de deseo, carne y rupturas en el tiempo se teje Dorada, novela de David Miklos que acaba de salir a la venta, publicada en la colección erótica La sonrisa vertical, de Tusquets. En la misma línea fragmentada de su reciente El abrazo de Cthulhu, aquí la atmósfera fantástica y las constantes fracturas en el tiempo me cansaron a ratos, pero me gustó la tensión que genera la escurridiza dorada y las ricas descripciones, como ese día en el que el protagonista entra en una habitación para descubrir «a un trío de mujeres tendidas, entrelazadas sobre la cama. Ven a desanudarnos, me dijeron. Y fui a su encuentro. No llevaban puesto nada más que el vestido o el camisón de tela delgada, casi raída, traslúcida ante la luz de la habitación, los pubis libres de calzón, el vello expuesto, la pelusa tupida, las vaginas entreabiertas, en su punto, penetradas por vez primera o visitadas una vez más».Me acuerdo de aquella frase de Oscar Wilde: «No hay libros morales o inmorales, sino libros bien o mal escritos». Esta novela breve de Miklos está bien escrita y además es inmoral. Será por eso que la disfruté.(originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo)

 

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Si se callase el ruido

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(da click en el enlace para escuchar la canción)

El cantante y compositor español Ismael Serrano me acompaña a arrancar el fin de semana. Aunque «Si se callase el ruido» originalmente es sobre una problemática social, también aplica a la más universal de todas por ser la más íntimo: el amor.

«No te dejará dormir este estrépito infinito/
que intenta llenar los días de tinieblas y enemigos./
Una estruendosa jauría se empeña en hacer callar/
las preguntas, los matices, el murmullo de ojalás.//

[…]

Si se callase el ruido/
oirías la lluvia caer/
limpiando la ciudad de espectros,/
te oiría hablar en sueños/
y abriría las ventanas.//
Si se callase el ruido/
quizá podríamos hablar/
y soplar sobre las heridas,/
quizás entenderías/
que nos queda la esperanza.// […]»

 

Instrucciones para volar

Algunos no conciben que los demás vuelen. Otros no soportan que los demás no lo hagan, como dice aquel verso de Oliverio Girondo que es un mundo en sí mismo: «[A las mujeres] lo que no les perdono, bajo ningún pretexto, es que no sepan volar». En esa línea aquí va un video que es una maravilla en un minuto y que da la clave para elevarse del piso. Es obra del animador, ilustrador e historietista argentino Santiago Bou. Y sí, seguro funciona.

Balbuceos de ti por la tarde

Foto: Didi Andreeva
Foto: Didi Andreeva

Aquí un breve poema en prosa, para celebrar otro #MiércolesDePoesía:

El eco de tu caricia me acompaña en el sillón de las seis de la tarde. Tu fantasma que sólo yo siento me respira el cuello, me lame los dedos con balbuceos de ti y es como un rumor quedo pero insistente que socava el centro del mundo para hallarle sentido a esta tarde, en que tu sombra mancha de sangre mi ropa (y sólo yo la veo).

-Julia Santibáñez

Defender la alegría a varias manos

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Encontrarme con ellas cinco años después y atestiguar que la vida avanza, que es buena y que el cariño sigue intacto, a pesar del tiempo colado en medio. Me encanta verlas plenas, cada una en su mundo pero hilando trozos de vida, cariños, complicidades, como si en torno al fuego celebráramos el poderoso ritual de siglos de bordar una historia en común.

Todas trabajadoras e independientes, son mujeres que «llevan las riendas de su vida», como decía el eslogan de aquella revista que un tiempo nos unió en sus filas. Extraordinaria diseñadora, Lydia se estrena como mamá y con ojos rebosados platica la decisión de tener sola a su preciosa Lucianna, centro de la reunión. Rocío, coordinadora editorial de una revista, siempre el corazón entre las manos, celebra diez años con su pareja; la siento satisfecha cuando dice que su gato es todo el hijo que quiere tener, mientras Lisa, traductora, asiente y comparte su sonrisa de paz. A Angie, agente de seguros que se independizó de la vida de oficina, le creo cuando dice que su novio «es muy bueno». Con eso me basta. Y Laura, conductora de televisión, vibrante como siempre, se repone a golpes de buen humor del descalabro amoroso provocado por un muchacho. Además faltan Adriana, de viaje de amor por las Europas, e Ivon, que no pudo llegar.

No encuentro cómo expresar el gusto que me da oírlas, abrazarlas, el inmenso placer de compartir risas a la sombra del fuego, de verlas defender la alegría «del escándalo y la rutina/ de la miseria y los miserables/ de las ausencias transitorias/ y las definitivas/ defender la alegría como un principio», como dijo Benedetti, que tuvo que haberlas conocido.

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La historia del náufrago con mala ortografía

Cartón: Alberto Montt
Cartón: Alberto Montt

Lo digo sin pudor en este #LunesDeMonos: me gusta la ortografía. Como sustenta bien Álex Grijelmo en Defensa apasionada del idioma español (Taurus), las reglas de la lengua brindan un vital sentido de unidad entre los hispanohablantes de hoy y de ayer. Por eso y porque disfruto mucho el español sigo su ortografía, le pongo atención en mí y en otros, la defiendo como cruzado en tierra de infieles. Así que me parece particularmente divertido este reciente cartón que el chileno Alberto Montt subió a su página web www.dosisdiarias.com. Yo también diría «que se joda».

 

La pluma de doble filo de Mónica Lavín

 

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En pocas horas empiezo y termino de leer Doble filo (Lumen), nueva novela de la escritora mexicana Mónica Lavín. Íntima, escrita a partir de las vísceras, con humedades que incluyen lágrimas y ardores, explora las entretelas del enamoramiento, busca hacer las paces con lo vivido. Narra la historia de dos mujeres unidas por el recuerdo del amor: una terapeuta intuitiva («la bruja» le llaman en el pueblo) y su paciente, Antonia, deseosa de olvidar para poder seguir viviendo. El nudo se da cuando la terapeuta, buscando ayudar a Antonia, empieza a recordar su propia historia.

Dos cosas me encantan: por un lado, los sugerentes ritos que la terapeuta propone a Antonia para romper el dolor, en algo cercanos a la psicomagia (por ejemplo, hablarle al paliacate del amante ido, despedirse de él y arrojarlo al río para verlo desaparecer); por otro, su prosa exquisita, cuidada, veloz y compacta, que deja la piel sensible. Aquí uno de los pasajes que me quedo rumiando:

«Habíamos puesto una tienda de campaña en lo alto de la montaña, en un bosque cerrado […] Estar ahí solos y lejos de todo resultaba voluptuoso. Como si estuviéramos haciendo algo prohibido. Sin desvestirnos por el frío, nos besamos con energía. Era como una revelación, como si algo malo saliera de nuestra piel […] Nuestras caricias fueron distintas. Me mordió los pies, el cuello. Nos lanzamos a una danza de atrevimientos, embestidas, arrumacos; medio desnudos hicimos el amor con fiereza. Pero entre los sonidos del placer que liberábamos sin miramientos, nos pareció escuchar algo más. Nos detuvimos y quisimos arrancarle al silencio aquel sonido […] Era un ruido animal. Con la respiración amainada, lo escuchamos de nuevo nítido y agudo. El aullido de un lobo […] aquella noche habíamos sido lobos, nuestro deseo había convidado a otro de los nuestros […] No sé qué hacer con las noches animales que a veces me visitan. Quisiera volver a convocar el aullido de un lobo. Y saber si acaso él recuerda la fiereza que ese día nos descubrimos».

Si bien el «doble filo» del título alude al riesgo de explorar/ olvidar los sentimientos,  la pluma de Lavín se muestra aquí vigorosa, desarmante, como una espada agridulce de palabras que abre las entrañas del deseo. Un lujo.

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Jugar con los minutos

Foto: http://manologo.wordpress.com
Foto: http://manologo.wordpress.com

Qué travesura más antojable: subirme al auto del tiempo, avanzar a voluntad, planear escalas en el camino o detenerme al primer impulso, volver los minutos o los años. En El Viajero del Tiempo (Hormiga Iracunda), el escritor mexicano Alberto Chimal cumple la fantasía y juega con los planos en microficciones ingeniosas, como ésta que da tono al sábado.

«El Viajero del Tiempo sirve el café, retrocede a toda velocidad y pone la taza a tiempo para recibir el líquido.

—¡Ocioso! —lo regaña su mamá».

Qué cuentito más fecundo, me recuerda aquel juego de mi infancia en el que corría y llegaba apenas a tiempo para encontrar mi imagen en el espejo.

 

García Lorca y Belén, heridos de amor

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(da click en el enlace para oír la canción)

En estos días cumple años Ana Belén, así que aprovecho la excusa para compartir este gran tema en su voz: «Herido de amor», poema de García Lorca musicalizado por Serrat. Una afortunada combinación de música-poesía.

«Amor, amor
que está herido.
Herido de amor huido;
herido,
muerto de amor.
Decid a todos que ha sido
el ruiseñor.
Bisturí de cuatro filos,
garganta rota y olvido.
Cógeme la mano, amor,
que vengo muy mal herido,
herido de amor huido,
¡herido!
¡muerto de amor!»

 

La desmesura de algunas noches

Foto: www.sayable.net
Foto: http://www.sayable.net

Sí, así pasa. Así me pasa, así me pasó anoche, buena parte de las horas escribiendo, tratando de exprimir el sabor ácido del alma. Hoy todo me parece desmesurado.

La obra

«Algunas noches en este cuarto/

escucho el engranaje furioso/

de una máquina desconocida./

No puedo en la mañana recordar/

ese ruido. Sólo encuentro/

una rueda insólita en mi almohada.»

-Antón Arrufat, Poesía cubana del siglo XX (FCE)

A una muerta joven

Foto: wallpaper-photo.ru
Foto: wallpaper-photo.ru

Murió Pamela, amiga de la oficina, 24 años, sonrisa inmensa. Me duele su muerte importuna y me duele su mamá, desmayada a mitad del velorio, incapaz de tragar tanto dolor. Pame querida, ya lo dijo Miguel Hernández: tú te fuiste entre flores, nosotros nos quedamos entre ellas. Y no entendemos nada.

«El sol, la rosa y el niño

flores de un día nacieron.

Los de cada día son

soles, flores, niños nuevos.

 

Mañana no seré yo:

otro será el verdadero.

Y no seré más allá

de quien quiera su recuerdo.

 

Flor de un día es lo más grande

al pie de lo más pequeño.

Flor de la luz el relámpago

y flor del instante el tiempo.

 

Entre las flores te fuiste.

Entre las flores me quedo.»

-Miguel Hernández, Cancionero y romancero de ausencias (REI)

 

 

 

La luz se hace en las páginas de este libro

Foto: Hoyo de Sanabe, por Timoteo Estévez
Foto: Hoyo de Sanabe, por Timoteo Estévez

5 a.m. Estoy de ese lado del día en el que todavía es de noche. En poco tiempo saldré a clase de yoga, pero invitada por el silencio aprovecho para leer un poco. Tomo el libro de meditación que es, literalmente, mi lectura de cabecera. Lo abro donde sea:

«Nuestros demonios personales tienen diversos disfraces. Los experimentamos como vergüenza, como celos, como abandono, como ira. Son cualquier cosa que nos haga sentirnos tan incómodos que tenemos que huir constantemente. Nos escapamos a lo grande: expresamos nuestras emociones reprimidas, gritamos, damos un portazo, pegamos a alguien o tiramos un tiesto para no tener que enfrentar lo que está ocurriendo en nuestro corazón […] Practicar el amor compasivo hacia nosotros mismos parece una buena forma de empezar a iluminar la oscuridad de los tiempos difíciles». -Pema Chödron, Cuando todo se derrumba (Gaia ediciones)

Justo hoy el día comienza entre estas páginas.

«Me gustas cuando callas», de Neruda: su verdadero origen

Cartón: Fernando Pinilla
Cartón: Fernando Pinilla

El ilustrador venezolano Fernando Pinilla ha creado cartones para el muy recomendable sitio web QueLeer, delicioso hogar de quienes amamos los libros. Éste, sobre el archicitado verso de Neruda, me parece iluminador. Ahí está, para iniciar la semana con el humor a tono en este #LunesDeMonos.

«Entre lo más despreciable de los cerdos», le dijeron los poetas al poeta

 

Foto: www.Piggy-Piggy.com
Foto: http://www.Piggy-Piggy.com

Con frecuencia salgo a pasear por los pasillos de blogs relativos a libros y/o autores. Muchos tienen vida corta, sus autores los abandonan, las fechas de publicación se suspenden y no se retoman. Otros parecen (malos) remedos de un taller de escritura.

Entre los que se mantienen activos, disfruto y recomiendo está el de Aurelio Asiain, escritor, editor y crítico mexicano radicado en Japón. En estos días publicó un episodio curioso, sobre la vigorosa reacción que tuvieron en su momento lectores norteamericanos de Octavio Paz (de quien, por cierto, Asiain fue muy cercano). Resulta que en 1971, el poeta y traductor Robert Bly publicó en The New York Times Book Review una reseña muy crítica y visceral sobre Configurations, antología poética de Paz. En respuesta, el académico Donald Keene escribió una misiva fuerte sobre la «reseña indigesta» y llamó a Bly «prejuicioso», mientras los miembros del Chicago Surrealist Group le mandaron esta joya de carta:

«Desde hace tiempo estamos perfectamente conscientes de que usted está entre lo más despreciable de los cerdos; un enemigo de todo lo que es importante para nosotros en el mundo —el amor y la libertad, por ejemplo—; un cretino reaccionario particularmente repugnante que no merece más que ser empujado a la tumba, junto con esos ejercicios de estupidez imperdonablemente mierdas que su vanidad enfermiza lo ha llevado a confundir con la práctica de la poesía.
Pero su reseña de la poesía de Octavio Paz… excede los límites de nuestra resistencia.
Si alguna vez nos lo topamos en persona, nos proponemos corregir esa reprensible afrenta, que es la medida de su vileza.
La venganza será nuestra, pase lo que pase».

La amenaza se cumplió cinco años más tarde, mientras Bly leía poemas en Chicago: un pastelazo en la cara, una lluvia de harina y macarrones y acusaciones de ser un «cerdo contrarrevolucionario» fueron la huella del evento. Para que no digan que los poetas son cobardes.

 

-Julia Santibáñez

(texto originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, de la revista SoHo)