Mi propia versión de Boyhood

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La adolescenta le pregunta a su mamá: —¿Por qué lloras?

La mamá contesta: —Porque no tengo todas las respuestas.

Es un diálogo de Boyhood, nominada al Oscar como mejor película. Es una belleza de trabajo que toca fibras internas, enternece, emociona. Filmada a lo largo de 12 años con los mismos actores, deja ver cómo el protagonista, un niño de seis años, se convierte en joven universitario, y cómo su hermana Samantha y la mamá de ambos crecen, se equivocan, disfrutan, aprenden. Es decir, viven.

Aunque la historia se centra en el chico, de nombre Mason, en lo personal me movió «verme» en la mujer divorciada a cargo de sus hijos, en su amor desbordado por ellos y en sus muchos errores, en cómo asume a solas la responsabilidad de ayudarlos a crecer pero trata de mantener a flote su vida como mujer, en sus intentos por darles una «familia», en la cantidad de dudas y risas que los chicos a diario le aportan. Cuando en mis zapatos de mamá de una adolescenta me eche a llorar porque no tengo todas las respuestas voy a tratar de acordarme de que sí, como en la película, las cosas al final se acomodan. Será mi propia versión de Boyhood transmutada en Girlhood.

«Tiene espinas el rosal» (con Jenny and the Mexicats)

 

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Jenny and the Mexicats es una de mis bandas consentidas, combo musical de inglesa, madrileño y mexicanos (da click aquí para ver otra entrada sobre ellos). La voz de ella me encanta y me parece sensualísima tocando la trompeta como lo hace, además de que el concepto del grupo es un hit.

Hace poco se arriesgaron a cantar un clásico de la cumbia, «Tiene espinas el rosal», con el grupo mexicano Cañaveral. Me gustan esas fusiones donde nadie se toma demasiado en serio. Con este ritmo que se mete por los pies descalzos de Jenny inauguro el fin de semana. Da click en el enlace de abajo para ir al video:

 

 

«Aquí la gente festeja con sexo»

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El telo de papá es la primera novela de la argentina Florencia Werchowsky, quien en la vida real es hija del dueño del hotel de su pueblo. Por eso, nada más natural que tejer la historia en torno a ese lugar en donde el sexo es protagonista.

Es muy delgada, quizá por su pasado como bailarina aunque también porque, para desayunar, apenas pide jugo y un té. Está en México para promover su libro. Periodista de formación, tiene tatuajes en los brazos pero un aire tímido al conversar. Dice haber visitado algún motel un par de veces, una de ellas para acompañar a un amigo que quería ver una final de futbol y no tenía televisión. Sin embargo, la verdad es que Werchowsky prácticamente creció en el Cu-Cú, hotel de carretera en la Patagonia argentina que fue el sostén familiar durante su infancia y adolescencia. Y aunque la molestaban por ese hecho, el motel se le impuso como tema y también le dio material para escribir esta novela con tintes autobiográficos, publicada por Editorial Colofón. En ella recupera la historia del hotel (palabra que surge al repetir muchas veces “telo”) y entreteje tanto sus propias anécdotas como las de sus papás, las empleadas, los clientes del local, el pueblo entero que «debuta» en el negocio. Aquí, parte de lo que dijo cuando nos sentamos a platicar.

Publicidad y literatura. Escribí El telo de papá mientras trabajaba en una agencia de comunicación en una especie de celibato mental, que no dejaba espacio para nada más. La publicidad es una ficción en sí misma: crea una historia verosímil sobre un producto. Invertirle tanta energía me frustraba porque sentía que trabajaba para el enemigo, así que escribir la novela, cuyo tema estaba muy cantado para mí, me sirvió para sentir que le daba tiempo a un proyecto no-ocioso. Cada palabra es mía y eso es bueno y malo, porque uno es esclavo de lo que escribe.

Convertir la vida en ficción. Al escribir sobre la vida tanto mía como de mi familia en torno al Cu-Cú me di cuenta de que no recordábamos muchas cosas, así que llené literariamente esos huecos. En otros casos, los hechos eran muy crudos y resultaba inverosímiles. Eso me obligó a trabajarlos para hacerlo creíbles. Como soy periodista, primero pensé que debía ajustarme a la historia real, pero al final transformé cosas, las reformulé. Por eso digo que esta novela es autoficción.

Novela no-sexual sobre un motel. El sexo es avasallante, un tsunami que lo toma todo, así que mantenerlo a raya en la novela me pareció la forma más sana de que no se comiera lo que yo quería contar. De hecho, cuando veo que en algunas tiendas venden mi libro junto a Cincuenta sombras de Grey pienso en los pobres lectores engañados, que compran El telo de papá buscando descripciones de falos gigantes. Aquí no las van a encontrar, no es una novela erótica.

La familia que se lee a sí misma. Cuando mi mamá supo que yo estaba escribiendo sobre el Cu-Cú dijo que era horroroso que tratara el asunto y dejó de hablarme por un año. Del otro lado, a mi papá le pareció una reivindicación y me llamaba a diario. Cuando el libro salió en Argentina yo estaba en México, lo que puso un paño frío sobre esa tensión y luego a mi mamá le gustó su personaje, así que se relajó. Y mi papá está en llamas, feliz. Parece el héroe reconocido que se ganó el Oscar.

Como película de David Lynch. El hotel familiar sigue funcionando, es de lo que viven mis papás y aunque soy la heredera, nunca me he planteado manejarlo porque es tremendo estar ahí. Los primeros 15 minutos te sientes en una película de David Lynch, pero luego se vuelve denso y deja de estar bien. Es que cada cuarto es un territorio de libertad de dos por dos metros, pero también es un espacio de conflicto donde se libran batallas entre dos personas y de ellos dos contra el resto del mundo.

Festejar con sexo. Ñanco, el dueño del hotel, dice en la novela: «La gente acá tiene relaciones sexuales ante cualquier evento, festeja con el sexo». Y yo lo vi, es verdad. En los Mundiales de Futbol de 1978 y 1986, cuando Argentina se hizo campeón, en los hoteles se hizo una tremenda cola para entrar. Ese festejo que es privado se convirtió en alegría nacional y a nadie le importó quedar expuesto en una fila de autos. Ganar el Mundial lo justificaba.

Libros como parejas. Ahora estoy escribiendo dos novelas, pero es como tener dos parejas: no me da la vida para mantenerlas satisfechas, así que en algún momento tendré que dejar alguna. Ya veré por cuál me decido.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo).

 

Éste es el idioma más cachondo

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Me encantan las lenguas, he estudiado varias y podría dedicar el resto de mi vida a aprenderlas todas. Para este #MiércolesDePoesía va un pequeño poema juguetón que celebra una de mis favoritas, por razones que distan de ser académicas. Ustedes disculparán.

«En portugués

tú falas

yo falo.

Cómo no amar esa lengua

en la que todos falamos».

5 a.m. Suena el despertador.

Foto: Jasper Johal
Foto: Jasper Johal

Está oscuro y hace frío. Quisiera seguir durmiendo o, al menos, quedarme acostada, pero me levanto para ir a práctica de yoga. Es un tiempo que dedico a flexibilizar el cuerpo y la mente, hacer por mí lo que nadie más puede hacer por mí. Y aunque en clase sudo, me canso y hasta sufro, al salir siento que sonrío con piernas y brazos.

Abrazos que hacen eco

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A veces los astros se alinean y preparan un día de esos que se desbordan. Como ayer.

Dicen que dijo la poeta estadounidense Maya Angelou: “La gente olvida lo que dices, la gente olvida lo que haces, pero nunca olvida cómo le haces sentir”. Ayer pude paladear esta verdad como un templo: quien más me quiere orquestó para mí una comida sorpresa en su casa, para celebrar mi cumpleaños con mis amigos de sangre. No lo esperaba y me movió hasta el tuétano. Estuvieron casi todos mis infaltables, a otros pocos les fue imposible llegar, pero igual me acompañaron (como siempre).

En poco tiempo no me acordaré de qué hablamos, cuál fue el motivo de las risas, cuánta la intensidad de los abrazos que hacían eco entre el vino y la plática. Lo que no se me va a olvidar nunca es lo que él y ellos me hicieron sentir: querida muchísimo más allá de las palabras. No sé qué hice en otra vida para merecer tanto en ésta, a pesar de mí misma.

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Adelantarse a ser árbol

 

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He dicho antes (creo) que en otra vida espero convertirme en árbol. Me gustan, admiro su solidez y su capacidad de adaptación, sus ganas de vivir, la virtud de mirar siempre hacia arriba. Adoro su corteza inamovible, bajo la cual late calladamente la savia. Quiero pensar que un día compartiré esas cualidades. De momento, con esta foto me queda claro que alguien tuvo la idea antes que yo.

Sobre la pertinencia de ser vulgar

 

Dibujo: Jean Paul Zapata
Dibujo: Jean Paul Zapata

«—Yo quiero ser vulgar desde hace mucho tiempo —respondió Enrique con un tono que estaba entre la amargura y el resentimiento.

—¿Por qué? —insistió Elena.

—Porque deseo ser feliz».

Estoy empezando la novela La soledad era esto, de Juan José Millás (Ediciones Destino), que leo porque mi amigo Rafael me insiste en que debo hacerlo y me presta su ejemplar. No sé cómo siga, pero estas pocas líneas sirven para inaugurar el fin de semana.

Salud.

La urgencia de Neruda, a 3000 metros de alto

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Neruda no renuncia a su vocación escritora, a más de 40 años de muerto sigue jugando con versos. Y qué bueno. Acaba de salir a la venta en México Tus pies toco en la sombra y otros poemas inéditos (Seix Barral), libro con 21 textos desconocidos del chileno. Entresacados de los miles de papeles de su archivo, y por alguna razón no incluidos por el autor en su recapitulación Memorial de Isla Negra (1964), fueron escritos en cuadernos, hojas sueltas, menús y hasta en el programa musical de un barco en el que viajaba. Descubiertos recientemente, son ahora dados a conocer en una edición que incluye algunas páginas facsimilares de su puño y letra, además de una introducción de Darío Oses, director de Archivos de la Fundación Pablo Neruda.

Ahí están los temas a los que siempre acudió: el amor, su vocación, el mundo, Chile. Me gusta el poema en el que el escritor reconocido recomienda modestia al Neruda joven que se inicia en las letras: «[…] alarga tu silencio/ hasta que en ti/ maduren/ las palabras […] no te metas/ a presumir de pluma,/ de argonauta,/ de cisne,/ de trapecista entre las frases altas […] tienes/ que ensuciarte las manos/ con aceite quemado,/ con humo/ de caldera». Y el texto en el que se queja de la «prostitución de cada día» que implica el teléfono: «[…] Pasé a ser telefín, telefonino,/ telefante sagrado,/ me prosternaba cuando la espantosa/ campanilla del déspota pedía/ mi atención, mis orejas y mi sangre,/ cuando una voz equivocadamente/ preguntaba por técnicos o putas/ o era un pariente que yo detestaba/ una tía olvidada, inaceptable».

Otro, de tono erótico, lo escribió sobre un menú, como deja ver la imagen facsimilar del libro y además anotó en la esquina de la hoja: «Día 29 diciembre 1952. 11 de la mañana. Volando a 3.500 metros de altura, entre Recife y Río de Janeiro». Es decir que los versos le asaltaron, apremiantes, en pleno vuelo, igual que pasa con el deseo. Y a más de 3,000 metros de alto convirtió la urgencia en este poema terrestre:

«Por el cielo me acerco

al rayo rojo de tu cabellera.

De tierra y trigo soy y al acercarme

tu fuego se prepara

dentro de mí y enciende

las piedras y la harina.

Por eso crece y sube

mi corazón haciéndose

pan para que tu boca lo devore

y mi sangre es el vino que te aguarda.

Tú y yo somos la tierra con sus frutos.

Pan, fuego, sangre y vino

es el terrestre amor que nos abrasa».

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios en el sitio web de la revista SoHo).

 

Oye, disculpa la pregunta

Dibujo a lápiz: Ileana Hunter
Dibujo a lápiz: Ileana Hunter

Una inquietud flota en el aire de este #MiércolesDePoesía. Estos pocos versos de la poeta cubana Carilda Oliver Labra dejan abierta la interrogación.

Guárdame el tiempo

«[…] Se nos quedaron muchas cosas sin hablar.
Necesitamos una cita,
porque
¿a quién le doy tantas caricias
que sobraron,
aquellas que olvidé ponerte sobre el pecho? […]».

 

Mi primera vez con un libro

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«Uno se puede profesionalizar como lector, pero ante la lectura uno siempre es principiante», dice la escritora mexicana Mónica Lavín que dijo Susan Sontag. Y sí, ante un nuevo libro uno empieza de cero. Ahora arranco la lectura de The Professor of Desire, de Philip Roth. Y me siento virgen, lista para estrenarme.

Dicen que no tengo moralina

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Para ponerle una pizca de buen humor al lunes va «Soy una mujer inconveniente», canción de la mexicana Liliana Felipe, ricamente interpretada por la ídem Gabriela Serralde y que las mujeres inconvenientes celebramos. Aquí abajo, fragmentos de la letra inteligente, cosa poco común en estos días.

 

«[…] No soy tus pantuflas ni soy tu madre,

No soy tu gobierno, ni tu comadre.

No prefiero adentro ni afuera

Ni me colmará una chequera.

Soy una mujer que, entre otras cosas,

Exhibe, ostenta unas…

Una… una historia indecorosa.

 

Soy una mujer inconveniente

De ésas que son fieles relativamente.

Dicen que no tengo moralina

Porque me desnudo en la cocina.

Dicen que no tengo moraleja

Me gustan muchísimas… cosas.

 

Soy una mujer inconveniente.

Ráscame la espalda delicadamente.

Siempre tengo ganas, muchas ganas,

Ganas de tenerte aquí en mi cama.

Tráeme el desayuno en la mañana

Y al súper que vaya tu hermana».

Los 15 mejores dibujos #YoSoyCharlie

Ber
Bernardo Erlich (Argentina)

Ilustradores de toda Iberoamérica se han pronunciado con los lápices ante el asesinato de dibujantes y trabajadores de la publicación satírica francesa Charlie Hebdo. Aquí, los 15 ejemplos más representativos que he visto del tema #YoSoyCharlie, además de un video realizado por más de 20 moneros mexicanos para condenar el brutal ataque contra la libertad de expresión (da click aquí para verlo). Y sí, que la creatividad, el humor y las ideas alcen la voz por sobre la violencia y la censura. #LunesDeMonos.

José Hernández (México)
José Hernández (México)
Ana Juan (España)
Ana Juan (España)
Beto Barreto (Colombia)
Beto Barreto (Colombia)
Francisco J. Olea (Chile)
Francisco J. Olea (Chile)
Liniers (Argentina)
Liniers (Argentina)
Helguera (México)
Helguera (México)
Bonil (Ecuador)
Bonil (Ecuador)
Alberto Montt (Chile)
Alberto Montt (Chile)
Rayma Suprani (Venezuela)
Rayma Suprani (Venezuela)
Malagón (España)
Malagón (España)
Trino (México)
Trino (México)
Enzo Pertile (Paraguay)
Enzo Pertile (Paraguay)
El Fisgón (México)
El Fisgón (México)
Vladdo (Colombia)
Vladdo (Colombia)

 

 

Los sábados (también) son de poesía

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Amanezco con la buena noticia de que el diario español ABC dedicará espacio los sábados para incluir un apartado de poesía en su sección de Cultura. Eso significa que los fines de semana habrá buena dosis de versos y como estoy convencida de que nada hace más intensos los días, no puedo menos que celebrar la iniciativa «Poetas a pie de Web».

Hoy inaugura con una entrevista al poeta, traductor e investigador Luis Alberto de Cuenca pero, todavía mejor, con dos excelentes recomendaciones: un disco de fado que musicaliza poemas de Pessoa y el sitio de Pablo Méndez, autor y editor español. Aquí va un poema suyo, sutil y terrible. Vengan muchos más sábados de poesía.

 

Niña y otoño

Las niñas bajan despacio la cuesta.
Mi hermana no pudo ir al colegio.

En un banco se besan dos adolescentes.
Mi hermana no pudo amar a nadie.

El otoño ha vuelto y ensucia las calles.
La tumba de mi hermana se llenará de polvo.

 

Odiar, la máxima debilidad

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«Hemos vivido aprendiendo siempre a odiar a alguien. El machismo, el maltrato infantil, la segregación social, el racismo, el clasismo, la violencia laboral, todas esas taras tienen su origen en una educación cuya base fundamental es el odio», escribió en 2013  en su blog el autor colombiano Mario Mendoza. Hoy retomo su texto porque me parece pertinente ante los hechos de sangre de esta semana en Francia contra Charlie Hebdo, publicación de corte satírico, pero también contra la realidad cotidiana en México, donde nos es fácil acumular odio y parecemos creer que nos hace más fuertes. Más fregones.

En su blog, Mendoza cuenta esta anécdota: «Hace poco, en Bello, Antioquia, al finalizar una grata conversación en público se levantó un señor y pidió la palabra. Fue una intervención memorable. Habló de cómo, desde niño, le enseñaron a odiar. Creció en un hogar de católicos recalcitrantes y le enseñaron a odiar a los ateos, gente sin fe y sin Dios, sospechosa de llevar vidas licenciosas y desordenadas. Luego, en sus años de adolescente, unos tipos en Cuba hicieron una revolución, y entonces le enseñaron a odiar a los comunistas, gente rara que no creía en el trabajo ni en la propiedad privada. Más tarde, le enseñaron a odiar a los negros, una raza de perezosos y sinvergüenzas que si no la hacían a la entrada la hacían a la salida. Y así, a lo largo de su vida, toda su educación había sido siempre en contra de algo o de alguien, consejos para defenderse, para contraatacar, para no dejarse, para protegerse […] Odiar va creando una personalidad narcisista que se va anclando cada vez con mayor fuerza en el yo. Lo único importante es lo que me sucede a mí. Yo soy el centro del mundo. Yo tengo la razón. Nadie se da cuenta de la verdad, excepto yo. Nadie ha sufrido como yo. Es que nadie sabe por las que me ha tocado pasar a mí. Mi vida no ha sido cualquier cosa. Todo el mundo está muy mal, menos yo, que sí me doy cuenta de todo. Yo, yo, yo». Por esa visión, claro, «el sujeto no puede expandirse, explayarse, compartir, enriquecerse con las experiencias de los otros. Es difícil que pueda darse a los demás, entregarse, disfrutar de la generosidad. Por ende, cada vez estará más atrapado, más encarcelado, y su odio se irá agigantando también. Es un círculo vicioso que se retroalimenta cada día. Odiar debilita mucho». 
 
Así es. Estamos siempre confrontándonos hombres contra mujeres, fresas contra nacos, los de la derecha contra los de la izquierda, no-fumadores contra fumadores, los de un equipo de futbol contra los del otro, fanáticos de una religión contra los de otra y contra los gays y también contra los ateos. Este punto me parece interesante. En muchos casos, los creyentes fundamentalistas acumulan más cantidad de odio por centímetro cuadrado, porque están convencidos de que su Dios es el único y, por tanto, cualquier idea en contrasentido es una blasfemia: hay que convertir al de enfrente o, de plano, eliminarlo.                                                                                                                                 
Las palabras con las que cierra Mendoza me sacuden: «Darnos cuenta de esta educación perversa ya es un paso. Quizás el siguiente sea empezar a respetar y a estimar a aquéllos que, aunque sean diferentes en su raza, sus equipos de fútbol o sus creencias religiosas, pueden llegar a ser nuestros mejores amigos, nuestros socios o nuestras parejas. Quizás allá, en donde me enseñaron que era territorio enemigo, me está esperando alguien para darme un abrazo». Me cuesta creer que ese musulmán asesino pudiera ser mi amigo, que ese católico fanático o ese judío a ultranza quisieran darme un abrazo. Sí, los menosprecio, los rechazo por odiantes, me siento superior a ellos. En el fondo, aunque no tome un arma quizá no soy tan distinta.

 

Que no te encuentro, te escojo

Arte: Martina Vera
Arte: Martina Vera

«Muchas veces me explico mejor con palabras de otros», me dijo el escritor Fabio Morábito el año pasado, en una entrevista. Sí, pasa seguido: alguien dice lo que uno no ha logrado expresar nunca, por más que lo haya intentado. Es el caso de esta canción del español Rafa Pons, aportación de mi entrañable amiga Anaví. Es un preciosidad de canto al amor en sus pasos inciertos y cargados de «serás», como esta joya: «Será que ahora que sé que ya no necesito a nadie, me completas». La letra no tiene pierde y la voz de Pons es también un placer. Yo nunca hubiera podido decirlo igual.

Da click en el enlace para oírla

 

«Será que estoy seguro que no pierdo
y cuando dudo te sonrío.
Será que tantas noches me han dejado
un rastro amargo en el colmillo.
Será que resulto ser un acierto,
que el veneno que te inyecto
se aplicará con ternura.
Será que te he encontrado
que te quiero o será solo otra locura.
Será que no me asusta estar viviendo…
Será solo un ratito, será eterno.

Será que no he dormido y que me aburro
en este Talgo que hoy me lleva.
Será que he decidido que mi alma
está buscando compañera.
Será como Dios quiera
aunque no exista.
Será siempre a mi manera
y tú serás protagonista.
Será como imagino aunque
seguro que será mejor contigo.
Será si te adivino y tú te atreves.
Será solo si es cierto lo que ofreces.
Será que estoy borracho de mí mismo
y hoy comprendo que sólo se es feliz
cuando se crece compartiendo.
Será que me da igual si me equivoco.
Será que no te encuentro, que te escojo.

Será que ahora que sé
que ya no necesito a nadie, me completas.
Será que en ese espacio que es tan mío
y que protejo, tú navegas.
Será que cuando me aprietas la mano
sospecho que este gusano
ha encontrado su manzana.
Será otro dardo más, pero quizás,
esta vez será diana».

Otra poeta suicida

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De apenas 26 años, frágil y rubia, en 1939 la poeta italiana Antonia Pozzi se quitó la vida. Nacida en Milán en 1912 y agobiada tanto por la sombra de la guerra como por la prohibición paterna de ver al hombre que amaba, se suicidó en el campo. Dejó un puñado de versos íntimos, que parecen tener alas.

Entre ellos escojo estos para el primer #MiércolesDePoesía oficial del año. El poema se titula «Pudor» y describe con delicadeza la emoción que siente quien escribe, cuando lo escrito gusta a alguien.

«Si alguna de mis palabras

te deleita

y tú me lo dices

aunque sea sólo con tus ojos

yo me abro

en una sonrisa santa

mas tiemblo

como una madre pequeña, joven

que empieza a sonrojarse

si un pasante le dice

que su hijo es bello».

-Antonia Pozzi, «Pudor»

Da click aquí para leer más poemas de Pozzi

Da click aquí  o aquí para ir a otras entradas sobre escritores suicidas

 

Poemas que saben a pan

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«La canción personal y el lenguaje… gracias a los cuales es posible aún para los que respiran partir el pan con los muertos» («Personal song and language…/ Thanks to which it’s possible for the breathing/ still to break bread with the dead»).

Encuentro estos versos en la primera página de un libro hermoso que recibí como regalo ayer: El arte de leer, del enormísimo poeta inglés W.H. Auden (Editorial Lumen). Qué concepto más poderoso: la poesía, reino de la sonoridad y el lenguaje, como posibilidad de cruzar fronteras, como espacio de comunión entre mundos, porque sólo la palabra permanece cuando el aliento se desvanece. Los poemas de Auden tienen la dosis exacta de levadura y sal, satisfacen el hambre del que lee. Son obra de un panadero poeta, que se ensucia las manos para crear una hogaza bien trabajada, perfecta para compartir con otros. Creo que de eso se trata este oficio.

Mi nueva vuelta al sol

 

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Hoy cumplo 48 años, un escala más en mi personalísimo viaje de ida y vuelta. Porque sí, al final uno regresa desnudo y solo al lugar de donde salió, con la única diferencia de que lo hace cargado de historias, de abrazos. Y por las historias y los abrazos que me han tocado en suerte, todo lo demás ha valido la pena.

Disfruto celebrar con el beso de quien más me quiere, tener el amor de mi adolescenta metido en los huesos, la constancia de mi familia y mi gente cercana, la callada compañía de mis libros, la delicia de mi yoga. Festejo, sobre todo, estar a gusto en mi piel a pesar de las dudas, tener aún palabras y besos, ganas de más, que no haya llegado el momento de  «cerrar la cuenta, pedir los abrigos y marcharnos», como decía el poeta Alejandro Aura en su Despedida.

Así que desde mi capricorniana existencia allá voy, a plantarme de cara y tratar de vivir a tope esta nueva vuelta al sol. Faltaba más.

 

Ubicarme entre Gelman y Picasso

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«Nadie puede sentarse a escribir poesía como un acto de voluntad. Yo escribo cuando la obsesión golpea a la puerta», dijo Juan Gelman. Lo leo en la introducción a un libro suyo, de vuelta en casa, metida en la cama y tomando un té de frutas, abrazada al recuerdo de los recientes días de vacaciones con quien más me quiere.

Creo lo que dice Gelman, pero sólo quien tiene su pedazo de genio puede dar tanto espacio a la creatividad. En contraste, recuerdo aquello de Picasso: «Cuando llegue la inspiración, quiero que me encuentre trabajando». Como intento de poeta, me gusta ubicarme entre ambas posturas: luchar todos los días para dar forma a mis obsesiones, no dejar de escribir, pero hacerlo con la conciencia de que no todo servirá. Sólo unas pocas líneas van a ser tocadas por el duende mientras el resto, la mayor parte, irá a dar a la basura. Como no sé cuándo vendrá de visita, más me vale no soltar la pluma. Le doy otro sorbo al té y saco el cuaderno con borrones de poemas.

De cuando las ganas me poseen (y lo que pasa)

 

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Hoy no es miércoles sino, por esta vez, #ViernesDePoesía. Y aquí va un pequeño poema mío que recién apareció en el número 5 de la revista Salto al Reverso. Gracias a Crissanta y a todo el equipo editorial por publicarlo. Un gusto siempre estar en esas páginas. Sirva como buen augurio del año.

Lo que pido para ti (y no es dinero)

 

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Desde las tierras de Zacatecas, en el centro de México y de la mano de quien más me quiere, no puedo menos que agradecer este 2014 en todas las dimensiones existentes. A nivel personal estuvo lleno de cosas positivas, abrazos y aprendizajes, incluidos los descalabros, aunque no se me olvida el gran dolor que atraviesa mi país.

Te doy muchas gracias a ti, que al pasar por este blog le das vida a diario. Gracias por creer en las palabras que de cotidiano me explican el mundo y por compartirme las tuyas. Además de enviarte un abrazo que estruje, lo mejor que se me ocurre regalarte no es dinero, salud ni amor, sino mis mejores deseos de que tengas unas 365 noches (muy) buenas. ¡Venga el 2015!

 

 

La ingenuidad de escribir lo que pienso

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Quien más me quiere y yo caminamos por las calles coloniales de la ciudad de Guanajuato, en el estado mexicano del mismo nombre. Como estamos de vacaciones en cuerpo y alma, no tenemos rumbo fijo. Nos lleva la inercia de los pasos. Al igual que muchos destinos turísticos, Guanajuato está llena de contrastes. Es una ciudad hermosa, rebosante de historia y de cultura, aunque también de autos y turistas, como nosotros mismos. En cualquier caso, se disfruta en cada piedra.

De pronto, en el parque central, vemos a dos chicos muy jóvenes con un cartel que lanza esta pregunta: «Soy emo, y que?» (sic). Los «emos» son una tribu urbana, derivada del punk, que hace pocos años surgió en México. De postura pesimista, entre los rasgos que los caracterizan están los piercings, la ropa negra y el cabello que cubre los ojos. Pues eso: «Soy emo, y que?», dicen. No sé qué respuesta esperan, así que mientras pienso les pido permiso de tomarles una foto. Algo dudosos, ni niegan ni aceptan. Lo hago. Parece darles lo mismo. Les preguntamos qué buscan comunicar con el cartel y contestan que la gente los agrede con frecuencia, que algunos incluso les dicen que ojalá se mueran, aunque aquí en el parque la única reacción que parecen despertar es indiferencia. «Queremos que nos respeten. Sólo eso». Me parece una petición justa, pero creo que más bien es uno de esos gritos de identidad que todos damos de diversas maneras para que nos identifiquen con el grupo social al que queremos pertenecer pero, sobre todo, para oírnos a nosotros mismos siendo «parte de algo mayor». La diferencia es que lo que piensan, ellos lo ponen por escrito en un gesto naïve. Quizá es la misma ingenuidad que yo misma uso al escribir lo que pienso. No somos tan distintos.

Vivir en estado de poesía

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Empieza la última semana del año y, con ella, 2014 termina de deshilacharse. Despedirlo con buena música me parece una idea inmejorable, así que invito al escenario de este blog a la portentosa María Bethania, con esta canción que me comparte mi querido Pablo, desde Argentina: «Estado de poesía». Habitar el asombro y la intensidad de las emociones, vivir con el alma a flor de piel en un permanente estado de poesía suena como lo que quiero para 2015. Salud.

PD Aunque está en portugués, se entiende bastante bien en español. Y lo que no se entiende, se imagina.

 

 

La primera clase de sexo

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Una mujer en sus treintas quiere que alguien le enseñe a coger (bueno, como es española dice «follar»), que la encamine en la teoría y la práctica de un buen brinco. Hace tanto que no se da un revolcón que ya se le olvidó cómo se hace, así que pone un anuncio en el periódico: «Chica de 30 años, ni tonta ni fea, busca un profesional que le enseñe». Le responde un hombre que le asegura ser el mejor y promete ningún tipo de involucramiento emocional y la devolución del dinero si no se convierte en una experta en la cama.

Es el cuento «La nadadora», de la española Eugenia Rico (qué cosa de apellido, lo mucho que promete) y está incluido en la antología Todo un placer. Antología de relatos eróticos femeninos, publicada por Editorial Berenice. La acabo de comprar en una librería de viejo y este cuento bien logrado es el primero que leo al azar. Como es muy improbable que vayas corriendo a la librería, lo encuentres y lo leas, aquí van un par de líneas disfrutables. Son sobre la primera «clase», que tiene lugar en el despacho del instructor: «Se puso a la práctica enérgica de algo que no sé cómo se llama pero debe tener algún nombre rico, porque es como cuando Aladino frotaba la lámpara, sólo que él frotaba incansable como esperando que yo le concediera un deseo, y cuando se cansaba su lengua, se ayudaba con unas manos suaves que no le habría supuesto yo a primera vista. Y a mí un sudor se me iba y otro se me venía. Le pregunté si no podríamos seguir al día siguiente, que a mí me parecía que como primera lección no había estado nada mal. Él ni me contestó, siguió a lo suyo […]».

Evito citar más, no quiero convertirme en spoiler de las letras eróticas, pero me quedo con la fantasía femenina, que aunque sea lugar común resulta profundamente apetecible: pagarle a alguien para que te enseñe a coger porque tú no sabes. Y repaso la primera instrucción del maestro: que tú misma recorras con el dedo la distancia entre la oreja y el tobillo, pasando por todos los recovecos posibles. Suena como una gran idea para estos días de frío.

(Originalmente publicado en mi blog Deli(b)rios, en el sitio web de la revista SoHo).